6.10.09

slo-o-o-o-ow

Así como con el tiempo llegué a asumir que soy histérica y que estoy absolutamente orguyosa de serlo, también llegué a asumir que soy lenta, muy, muy pero MUY lenta, y que estoy casi tan orguyosa de eso como de mi histeria.
Hoy me descubrí a mí misma sonriéndole al techo, como una boba, mientras pensaba en que el hecho de tomarme mi tiempo para todo (por más extenso que ese tiempo sea) no es tan malo e, incluso, puede ser bueno. De cualquier manera, sea lo que sea, es una de mis cualidades más definitorias, es uno de los rasgos más míos que vengo arrastrando desde que nací y me encanta encontrar esas cosas que me hacen ser quien soy y que me permiten agregar un ítem más a mi lista de "yo soy..." que, hasta hace un tiempo, venía bastante desierta.
A continuación voy a enumerar las lentitudes que me acompañaron durante mi existencia (seguramente hay muchas más, pero sencillamente no puedo recordarlas a todas).
  • empecé a caminar a los 22 meses (ojo, no me enseñaron)
  • cuando empecé el jardín, pasó una semana hasta que mi vieja puedo irse antes de media mañana: los días anteriores, si se iba, yo no paraba de llorar (los otros nenes habían superado el tema al día siguiente o, como mucho, a los dos días)
  • hago natación desde los 4 años, pero me animé a meter la cabeza abajo del agua a los 6 y a entrar a "la pileta grande" a los 8
  • no me animé a quedarme a dormir en lo de una amiga hasta los 9 (recuerdo un episodio súper vergonzoso en el que mi viejo tuvo que ir a buscarme a la 1 de la mañana a lo de una compañerita porque yo no paraba de llorar)
  • tuve miedo de prender la hornalla (en realidad, de prender un fósforo) hasta los 12 años
  • hasta los 14 me aterraba la idea de estar en algo con un flaco (y se notó en el horrible fracaso de mi primer intento que, tal vez, más adelante me anime a relatar)
  • me llevó 4 años superar la vergüenza de animarme a levantar la mano en clase y dejar de tartamudear cuando hablo en voz alta
  • recién en las últimas reuniones familiares o de amigos muy cercanos a mi familia, a las que vengo asistiendo desde que tengo uso de memoria, logré dejar de mirar para abajo todo el tiempo, incluso cuando la gente me hablaba, y entablar una conversación amena que durase más de 60 segundos en un tono de voz superior al susurro

Hoy, durante una seria reflexión enroscada en Angélica-mi divina serpiente de tela-, le sumé a la lista delentitudes una que estoy en proceso de superar (espero).
Me da muchísima vergüenza decirlo acá, por eso voy a tratar de ser lo menos explicativa posible (ya me explayé largamente en mi diario de papel). La onda es que estoy en no-sé-qué con un flaco J que conocí de una manera bastante patética (quizás más adelante escriba sobre esto). Cuando estoy con él me siento súper cómoda y tranquila y linda y de mil maneras que desconocía y de otras que sólo había escuchado describir en las películas o en las novelas de Cris Morena. Sin embargo, dadas situaciones de elevadas temperaturas, me hago chiquita, me muero de miedo. Para ser más precisa (pero no mucho), no dejé que me sacara la remera.
Esta tarde estuvo en mi casa y yo ya había estado pensando que, si volvía a darse (cosa que era más que obvia), iba a mandar todo a la mierda y me iba a dejar llevar. No pude. El límite se me hizo insuperable. No pude y me sentí terriblemente idiota y un poco mala mina, porque la verdad es que no me gusta eso de ir por ahí en actitud calientapavas.
De a ratos me agarran ataques de "tendría que haber...", de a ratos se me van y me siento bien conmigo porque, por un lado, me banco a mí misma y a mi convicción de no dar ningún paso, por más chiquititititito que sea, si no estoy 100% segura. Peeeeeeeeeeeeeeeeero, por el otro lado, no es nada del otro mundo y no creo que cambie demasiado las cosas que pasan cuando la remera está puesta.

Ya veré, el viernes me voy de viaje y a J lo voy a ver recién cuando vuelva (a menos que surja algo antes, pero es sumamente improbable). Calculo que volveré con la cabeza renovada o más limpia o haré algún click, como me pasa siempre con las experiencias únicas y geniales.

¡qué bueno es hacer catarsis!