22.5.17

Tengo todo el dolor desparramado, está en el ombligo, en los ojos, en la garganta, en el estómago y en la piel. De todas las penas, las de amor son las más lindas, sí, porque vienen del amor puro, de la magia absoluta, pero pucha que duelen.
Tengo todo el dolor desparramado, pero también tengo mi matrícula, mi sello, mi credencial.
Voy a sellar cada milímetro que se despegue, para certificar que está bien.
No creo que sea real que no se pueda todo, supongo que sí se puede todo, pero no todo siempre. Entonces ahora no tengo todo, pero tengo un montón. Muy dulce a veces, agridulce otras, como pollo con ananá. Quisiera tener eso que no tengo, eso que perdí. No, mentira, no quisiera tenerlo, quisiera no haberlo perdido, porque ahora no lo quiero de vuelta. Quiero volver a quererlo, quiero querer.
Pero más que a todo, siempre, me quiero a mí, médica, con matrícula, sello y credencial.

22.3.17

Irme un rato. Difuminarme del mundo, por un rato.
Nadie sabe qué estoy haciendo, qué voy a hacer, cómo estoy, a dónde voy a ir a estudiar hoy, cuántos temas ya leí, cuánto sueño tengo.
Hola a mí. Nosotras solas. Nos hacemos un té de limón, nos enroscamos en el sillón a franelear la perra que mira y olfatea y está feliz de los mimos en la panza y los masajes en las orejas. Estudiamos, sí, ¡y cómo! Hacemos listitas, tachamos temas. Pero también lavamos los platos, armamos coreografías en el living, vemos fotos viejas y nos anotamos en un taller literario que empieza en mayo.
Nosotras somos así. Me queremos.

20.3.17

Arriesgarme a entender y hacerle entender a la neurótica de mi mente que, quizás, y sólo muy por casualidad, el mejor plan sea no planear. No planear para dejarse sorprender todo el tiempo, porque si una no planea todo podría haber sido de cualquier forma y, maravillosamente, es así. No planear desafiando al caos que me enrostra el descontrol como amenaza: tomá, gil.
No planeé nunca sentirme médica tanto antes de serlo. No planeé la confianza que alguien pensó que era bueno depositar en mí, no planeé la taquicardia que eso generó y no planeé el placer de contarle todo a mi amiga que está en India. No planeé de pronto dejar de sentirme sola.
No planeé volver a encontrarte, cuando pensé que te había perdido, que irremediablemente habíamos tomado caminos separados, cuando la resignación casi que se había apoderado de todas las mariposas de mi estómago y la serotonina de mis sinapsis.
Y sin embargo sí, todo mezclado pero despampanante, una consulta médica de 20 minutos por teléfono, taquicardia en el medio de los mocos, tu sonrisa de vuelta para mí, el tono de tu voz para mí. Tu confianza para mí.
Mi confianza para mí.

14.3.17

Algún día, quizás, puede que te encuentres en un lugar en el que jamás creíste que ibas a encontrarte y, sin embargo, ahí estás.
Sola, claro, porque a pesar de todos esos seres de luz que te rodean, las decisiones son tuyas y, al final del día, solo vos llevás el peso de las consecuencias de esas decisiones que tomaste.
Y está bien, ahora. Porque ya entendiste que es imposible pensar que podés controlar algo, porque nada de lo que quisieras depende de vos. Está caído el sistema, la señora te dijo que venía haciendo dieta pero tiene 7,2% de hemoglobina glicosilada. Creíste que había encontrado una solución temporal, una forma de estar estable, y de pronto la situación en loop, otra vez la vida cagándose de risa en tu cara y diciéndote uosaaaaaa. Y es así, entender que el caos es la constante, que lo que creés que controlás en realidad no. Porque no controlamos a nadie, porque todos hacemos y deshacemos basados en principios propios que, por mucho que puedan parecerse a otros, son distintos, siempre distintos. Si ni siquiera nos controlamos a nosotros, que un día somos estallidos de felicidad y buenas vibras y de pronto algún instinto nos emboca una patada en la columna y nos hace entender que no era todo tan rosa y perfumado. Y así estamos. Estoy. Caótica como nunca, con decisiones que no quiero tomar y que, muy a pesar de lo que quiero o dejo de querer, me tocan el timbre y me exaltan a la perrita que ladra y no me deja evadir. Lo bueno es que mi trámite de título está iniciado y en algún lado ya coexiste mi nombre con la palabra "Médica", y eso está bien.
Pienso en mi sello que va a ser lila. Pienso en ser una médica hermosa con zapatos hermosos y ropa divina y el guardapolvo encima y tanto conocimiento que me crezca el cráneo. Pienso en todo eso y está bien. Pero decidir cosas que una no quiere decidir no está tan bien, y entonces todo se vuelve monótono, todo gira en torno a esas poquitas decisiones que se comen todo. Y no quiero, y trato de que no: me propongo ser la que se fue a rotar afuera, la que nadó de la orilla de una playa hasta la islita de más alla en ropa interior, con cuatro personas rándom, me propongo ser la resolutiva, la sonriente 24/7, la que canta por la calle y disfruta de las miguitas de alegría en el medio del caos. Me propongo practicar ser la médica que quiero ser.
Un alprazolam, una copa de vino blanco, dos capítulos de Friends.

28.2.17

Así, como cuando todo lo que puede salir mal sale mal y lo que no iba a salir mal, también sale mal, porque sí, porque puede, porque total una no puede hacer nada. Te abrazo, te explico, te vuelvo a abrazar. Trato de comerme tu angustia, pero no querés, pero no puedo. Trato y no se puede. Intento que arranques, te presto mi nafta, yo tengo bidones de más, pero no salís, no te movés, no podés, yo entiendo. No quiero pero entiendo porque no se puede, yo no se si podría. Quiero hacer desaparecer todo tu calvario, disfrazarte el infierno de noche de verano con una cerveza en el balcón y una película de acción en Netflix, pero no alcanza. Claro que no alcanza.
Así.