21.9.16

Estoy yendo a buscarte, pero me pierdo antes de llegar y te encuentro en el camino, en el limbo del mientras tanto y del por ahora, pensando en por mucho más. Estoy yendo a buscarte y me encuentro sobredosificada de tus ojos de túnel infinito, antes de llegar me pierdo entre sábanas enredadas y caminatas fugaces en puntas de pie, entre una mejilla con esbozo de sonrisa y palabras inventadas. Si me busco me encuentro en cataratas, un poco engrandecida por tus manos sutilmente brutas, con el matiz necesario de algodón y pesadez y la capacidad sobrecogedora de suavizar casi todo. Manos de leñador, de oso, dedos de asbesto. Estoy yendo a buscarme. Me encuentro bailando con un vestido bordado de palabras tuyas o de un poco del perfume de antes de acostarte, me enredo entre las arterias de tul lila que se conectan con algún sentido que desconozco y me hacen flotar.
La paz en el medio del caos. La tarde de sábado lluviosa escondida entre revoltijos de mantas y tus pies fríos y el mate que se lava porque lo hice yo.

29.8.16

De repente todo lo que era intenso es insignificante, porque de repente te recibiste (¡!), te fuiste a Europa, volviste para dedicarte a no ser estudiante, vas a preparar el examen de residencia y tenes cataratas de amor en formas geométricas que no sabías que existían.
Intenso eso de que te estén tirando huevos y acrílicos de colores y que te disparen con papelitos metalizados en forma de corazón y que sea julio y haga muchísimo frío y sin darte cuenta tomar perspectiva como para ver la foto de afuera y ver que vos sos esa. Ver que sos la que en primero lloraba por los parciales de anato, por no tener nada de qué agarrarte, por los kilos siempre de más, por el encierro adentro tuyo. Verte desde la mirada de la que entraba los viernes a las 6 de la tarde a cursar y ni se atrevía a soñar con el enchastre de haber llegado a destino y gracias por volar con nosotros. Y, sin embargo, ahí estaba yo, subida a caballito del tipo que ahora me dice "no entiendo por qué no ves que vas a ser una médica del re carajo" y que, a caballito, me llevó corriendo desde el hall del Clínicas hasta la plaza, que se intoxicó para poder regalarme mi primer consulta telefónica estando recibida (¿?), que me hizo girar como un trompo de lentejuelas en mi fiesta de recibida y que me regaló el placer de sentirme admirada por alguien a quien no podría admirar más.
Verte desde enfrente, habiéndole ganado a los cucos (algunos, como se pudo, sin prolijidad pero sin parar).
Y después más: verte sentada en la orilla de un río cualquiera que pasa por Lisboa una noche de verano para teñirte las pestañas de caminitos iluminados allá a lo lejos; verte desordenar el pelo por un viento furioso en el punto más al oeste de Europa; verte devorar con goce absoluto platos de manjares que todavía te pintan las papilas. Verte acá y ahora, estudiando cosas porque te interesan y porque querés, y no para rendir ni para demostrarle nada a nadie. Nada a nadie excepto todo a vos misma. Tu mundo, tus riendas. tu huso horario, tus tiempos, tu propia sintonía, tu propia orquesta. Y ahora no es que ahí vamos, es que ya estamos yendo, bailando, gritando, jugando, apostando.  

26.7.16

del otro lado

Voy a volar, a gritar, a saltar, a cantar por la calle en otro acento, a hacer girar el vestido de colores, a llenarme los pies de arena blanca y aguas con olor a lejos. Y todo eso desde el otro lado, porque ahora estoy acá, gritando, cantando y pintando de carcajadas y llanto de alegría que ya está, ya pasó, se terminó, ahora sí, ahora estamos y ahora nadie me para. No sólo me recibí, sino que aprendí maravillas humanas en 48 horas. Que cuando no todo es como una espera, es porque puede ser mejor, alucinantemente mejor: sí, que a una la lleven a caballito desde el bar del Htal de Clínicas hasta la plaza para ser hueveada, bajo la mirada de todos los que pasan y no entienden, es monumentalmente mejor a ir caminando como princecita vestida de flores y brillitos prolijos; sí, que los huevos y la harina y los comestibles vencidos caigan de a etapas con gente de sorpresa es una eternidad de veces mejor que sincronización y acrílico violeta. El amor en forma de papel picado y cartelitos originales, el amor en forma de que están como siempre los de siempre, el amor en forma de que transformen un espacio entre ambulancias en un estacionamiento en un cómodo probador y cambiador, el amor en forma de desayunar con medialunas de las más deliciosas con un turbante en la cabeza y restos de lentejas y engrudo en el pelo. Amor en forma de estar, de querer estar, de que no importa nada más que estar y compartir. Y bailar y reirse y cantar canciones de los '90 con vestido de lentejuelas y las suficientes cervezas encima como para bailar más y reírme más y que todo el resto esté bien. Porque está todo bien. Porque llegué, LLEGUÉ. Llegué conmigo, con mi mejor version que se viene reseteando hace un par de añitos, con esta versión que ahora es la mejor, pero que, cuando vuelva con bronceado europeo, Littman nuevo, millares de fotos y regalos para repartir, va a ser mejor todavía.

18.7.16

Sin saberlo (sin quererlo, me atrevo a decir) abrís esa puerta: una mirada, un gesto, una sonrisa, la entonación casual de una oración, una propuesta inocente que deja entrever por las rendijas de las palabras que te salen porque sí un universo lleno de todas esas cosas que no sabés cómo dibujarme. Y, sin embargo, te las ingeniás para que entienda todas y cada una de tus intenciones. Cruzar esa puerta en el momento en el que considero que quizás debería cambiar de caminito. Cruzar esa puerta porque, inevitablemente, tus intentos funcionan. La frustración se diluye en un latte bien temprano, en 6 pisos de escalera agonizantes, en tu voz de trueno recién levantado. La frustración se diluye entre tus pestañas que no pestañean, entre oraciones de júbilo porque tenés un regalito lleno de tiempo para mí. La frustración se va cuando, de pronto, hacés que me vea como me ves, porque desde tus pupilas sí soy flaca, sí soy sensual, sí soy china, sí soy un poco etérea entre tus manos de asbesto. Me voy a envolver entre tus dedos, vas a pintarme con tu respiración entre lentejuelas y zapatos de fiesta, voy a morder tu aire y ahogar tus silencios en mi perfume de cereza, voy a redefinir tus límites, vas a retorcer mis certezas.
Garabatos de tormenta de vapor de delirios. Mamarrachos de suspiros de encaje y seda.

11.7.16

Quiero escribir, pero se mezcla todo. Es como eso que dicen que pasa antes de morirse: te pasa toda tu vida frente a tus ojos, en un flash, milisegundos de intensidad extrema. Bueno, así pero al revés. No me estoy por morir, sino más bien todo lo contrario. Ahora sí, ahora es real. Todo el resto parece tan insignificante, porque, en serio, ¿qué importa cualquier otra cosa estando a diez días de recibirme? Los tiempos son absurdos. En diez días sos médica, cuando hace 6 años faltaban 6 años. Siempre medimos en años, en montones de materias, en exámenes infinitos y cábalas en neoformación. Y de pronto ya está. Es eso. Era eso. 6 años, 6 añitos nomás, y ya estamos. Y ahora no son años, no son materias y no son mil exámenes, no. Son diez días, un final, una materia, el fin de las cábalas universitarias. Ahora sí se termina y guardamos el libro en el estante. Ahora hay todo un cuaderno en blanco. Entero, gordo, obeso, lleno de hojas en blanco, hojas rayadas y cuadriculadas, un cuaderno rebosante de ideas que todavía no escribí, cosas que todavía no hice, cagadas que todavía no me mandé, desafíos que ni siquiera me imaginé. Todo eso en blanco, todo eso para mí: un regalo con amor, de mí para mí. El cuaderno de ahí voy. No sé qué voy a hacer, cómo voy a escribir, dónde están mis lapiceras, mis fibras, no hay corrector. Lápiz negro tampoco, el trazo queda.
Y ya fue. Vamos.