26.7.10

100 centavos=$1

Juro que, aunque no parezca, explicarle a una nena de 8 años cómo se suma y cómo se resta, cómo funcionan las monedas, los billetes, los vueltos, los caramelos, los boletos de colectivo y la venta de Tic-Tac te quema un poco la cabeza. Ojo ojito, no me quejo, es divertido, inocente y ameno (lo más divertido, igual, es que recibo una remuneración). Pero después, por unos momentos, el cerebro hace una especie de regresión a 3er grado y cuesta volver a los términos del mundo real. Igual está buenísima la sensación de que tu interlocutor entiende lo que le explicás y de que estás siendo considerada una persona sabia. No, no está buenísima, es tan genial como pocas.
Y me gusta sentirme muy adulta yendo a un barcito para sentarme y pedirme un café mientras releo una edición nueva de El amor en los tiempos del cólera haciendo tiempo antes de ir a jazz.