30.8.10

[inserte aquí puteada]

Es oficial, el miércoles le cedió al lunes su título de peor-día-de-la-semana, que venía sosteniendo invicto desde hace 6 años.
Igual no era necesaria tanta mierda junta. Porque ponele, pasa una gran cosa chota en algún momento del día y listo, ya entendí que era el maldía de la semana. Pero no, claro. Desde que sonó el despertador hasta el preciso momento en que entré a mi casa, el día estuvo plagado de esas pequeñas mierditas que son como pisar chinches estando descalza. Me levanté y me solté el rodete con el que duermo para que me quede el pelo lindo: mi pelo era un asco, condición suficiente para empezar el día con cara de orto. Voy a mi cafetera a hacerme mi cortadito matutino y el café decide salir por los costados y salpicar todo en vez de salir por los putos piquitos que tiene para caer. Llego a la facultad y quiero guardar mi mp4 en el estuche que tanto amo, que es un monedero de mapache, y me quedo con el cierre en la mano, genial. Clase: si no me quedé dormida fue porque el asiento que agarré era demasiado incómodo. Salí, colectivo hasta las pelotas, llegué a mi casa corriendo, salí corriendo para tomarme el subte y llegar a darles clase a mis pichis y el subte estaba con demoras "por problemas con el personal". Decime una cosa, ¿por qué no se van todos un poquitito a la concha de sus mamis? Llegué a lo de los nenes, que hoy estaban particularmente bobos, y por primera vez me saqué y grité "NO, A VER" y me dí cuenta de que estaba siendo muy cruel y me sentí horrible. Bar para hacer tiempo, café, libro. Jazz. Demasiados giros y vueltas y saltos y arribas-abajos y estiro y vuelvo y voy, hoy no fue un buen día para elegir no comer nada. Quedé hecha papel picado. Volvía caminando por la calle y se me rompió el bretel de la cartera. Maravilloso. Fui a los chinos porque a esta hora nunca hay nadie: obvio, hoy hasta las pelotas. Ocho horas para comprar 3 pelotudeces. Llegué a mi casa queriendo bañarme, ponerme mi piyama y rellenar con sobras el agujero que tenía en la panza, pero no. Me pusieron para lavar lo que estaba limpio y me dejaron para usar lo que estaba sucio y, para colmo, a mi vieja se ve que se le ocurrió almorzar sobras. Y mi computadora empezó a hacer un ruido insoportable. Y tengo una panza espantosa a pesar de haber bailado un montón y caminado un montón y de que el pedazo de queso que me acabo de comer fue mi única ingesta alimenticia en todo el fucking día. En fin. Yo sé que nadie tiene la culpa, pero mi más sincero deseo en esta apacible noche (en la que debería llover pero sólo está nublado) es que todos revienten y tengan migraña.