19.4.11

sujeto tácito, segunda persona

No sé por dónde empezar. Me da un poco de vergüenza, de hecho. Y no sé si debería estar escribiendo acá.
De a ratos pienso en cerrar el blog, por eso de que fue el espacio para el intercambio mail-cindor. Pero si cierro el blog, debería quemar mi cama, mi silla, el sillón, las paredes de mi cuarto, la alfombra del living, la mesada de la cocina, el piso de la cocina de la cabaña de La Cumbre, la mitad de las calles y colectivos de capital, un par de shoppings y varias confiterías. Y no da. Así que tampoco voy a cerrar el blog.
Y me da vergüenza, creo, supongo, asumo, porque estoy segura de que en algún momento vas a leer esto, porque te pedí por favor que lo hicieras.
Es raro, escribir las cosas acá las hace como menos ciertas, más irreales, no tienen tanto sentido cuando las veo escritas en una entrada, como si no fueran mis palabras. Y me da vergüenza. Y quiero que pase el tiempo, quiero salir de acá, ver qué pasa. Convencerme de que las fantasías son fantasías, y sé que falta tanto para eso que jhklghknhnklgf. Ya sé que no, pero ese puente entre lo que siento y lo que pienso es recién un proyecto, todavía ni se empezó a construir. Y sé que no, y pienso que no, pero siento en un riconcito re chiquitito y escondido en lo más profundo de algún lugar, que, quizás, tal vez, en una de esas, el tiempo se cope y eso que dijiste un vez, eso de congelar y descongelar en un par de meses, sea factible. Salvo por la parte de que no hay nada congelado ahora. Y salvo por la parte de que estoy haciendo toda la fuerza que puedo para levantar una pared entre lo que tengo adentro y el mundo, para que lo que tengo adentro quede en los oídos de mis amigas, en las cajas de Kleenex, en mi rana de peluche, y pueda decirte holi en el mundo, sin que lo que tengo adentro estorbe. Y me da mucha vergüenza que sepas esto, aunque me imagino que lo sabías sin leerlo. Pero me da vergüenza que lo leas y que en algún momento yo te diga holi y vos hayas leído esto y te sientas incómodo y que sea todo una cosa enredada y fea. Y esto en realidad no importa, porque va a pasar. La fantasía, eventualmente, se va a ir difuminando, las cajas de Kleenex van a tardar cada vez más en vaciarse y la rana va a volver a su lugar en el estante, al lado de Garfield. Y ahí, cuando nos digamos holi naturalmente, voy a llamar a mi amigo íntimo, Woody Allen, le voy a agradecer por ese guiño que me tiró en La otra mujer, en la parte esa que dice que no sabe si los recuerdos son algo que tiene o algo que perdió, y le voy a decir que, sin dudarlo, son algo que tengo.