4.5.11

Los cristales pueden quebrarse.
A veces, basta un leve golpe de abanico.
Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.
Se rasgan los papeles...
Se rompen los plásticos...
Se rajan las maderas...
Hasta las paredes se agrietan, tan firmes y sólidas como parecen.
¿Y nosotros?
Ah... Nosotros tampoco somos irrompibles.


Cuando me regalaron ese libro, como a los 11 o a los 12, leí eso tantas pero tantas veces que terminé por aprendérmelo de memoria. Y no sé. Hoy me acordé y me dieron ganas de subirlo.