26.7.11

someday

Despertarte y acordarte. Quedarte un rato, sonriendo. Girar la cabeza sobre la almohada, sonreír aún más (casi no poder contener la risa). Levantarte con cuidado, ir al baño, lavarte los dientes, mirarte en ese espejo que no es tuyo ni de nadie. Vestirte, gustarte. Esperar un rato, compartir el primer silencio no-incómodo de la mañana. Abrir la puerta, escuchar un bullicio suavecito, oler a café y medialunas. Bajar. Endulzar el café, tomar la espumita, mojar pedazos de medialuna, no decir nada, compartir la ventana nublada.
Salir a caminar, recorrer algunas calles que no importan, dar vueltas por una plaza con una iglesia, ver señoras gordas yendo o saliendo de misa. Ver perros que dan vueltas con la lengua afuera, que se tiran al sol, que se olfatean, que se persiguen, que buscan la sombra de un árbol. Caminar por caminitos de piedra que son como S gigantes y alargadas con banquitos blancos a los costados. Sentarte en uno de los banquitos, compartir otro silencio, compartir los pompones que son las nubes, compartir un puñadito de certezas inmediatas o que van a durar sólo por ese día.