25.8.11

presente con valor de futuro imaginario

Te levantás, te lavás los dientes, te asegurás de que tu pelo sigue igual de hermoso.
Prendés la radio mientrás prendés la cafetera y pasás por la ventana del living de tu piso 11 de Recoleta para ver cómo está el día.
Vas a tu vestidor, elegís un suéter, un jean, unas botas. Te mirás en el espejo, pero todo te queda bien.
Te terminás de cambiar y vas a hacerte el café. Lo llevás al entrepiso, donde tenés la laptop que usás para laburar. Te sentás frente a la ventana que está atrás del escritorio, chequeás las noticias y los mails, ponés una de las listas de reproducción de la mañana, te hacés un rodete suelto, para estar más cómoda, y te ponés a escribir. Escribís como tres horas. Mirás la hora y ves que casi se te hace tarde. Apagás todo, te ponés un poco de rimmel, te ponés perfume, te soltás el pelo, agarrás tu tapado, tu cartera, tu portafolio, te comés un chicle, manoteás las llaves del auto y salís.