14.5.12

chistoso

Hace mucho que no puedo llorar por algo serio. Cuando digo mucho hablo de dos semanas, ponele.
Para mí eso es mucho.
No puedo, incluso me pasó que hubo momentos en los que tuve ganas de tener ganas de llorar, pero no.
Es como si las cosas no me terminaran de llegar, como si me hubiera vuelto un poquito piedra.
Bueno, ¿sabés qué?
Hoy llegué a mi casa y me puse a llorar cuando me dijeron que el forro nuevo de mi tapado negro al final no lo hicieron con la tela negra con florcitas blancas, sino con una tela lisa.
Así estamos.