28.8.12

agosto y chau

Chau y agosto porque agosto se termina junto con esta semana. Y no es que haya pasado particularmente rápido porque, al fin y al cabo, todas las cosas "pasaron rápido" cuando las mirás después de que pasaron, aunque no hayan pasado particularmente rápido, como agosto. Por alguna razón es raro que se pase agosto. Hace ya como 4 años que en agosto siempre pasan cosas concretas que resaltan con resaltador fucsia agosto. Este agosto no fue nada concreto, pero se ve que agosto se acostumbró a ser especial, no soporta no tener algo. Esta vez me tiró variedades de sensaciones que ya conocía y que en este mes se me metieron por el ombligo y me dieron vuelta enterita. Por ejemplo: libertad. No es que no me sintiera libre antes, sino que si me sentía libre o no no era algo que me planteara. Ahora de repente sí, y no es que me lo planteo, es que se me aparece. Se me apareció la primera vez yendo en bondi a la facu, en el reflejo de la ventanilla mientras escuchaba un tema de Norah Jones o de Alicia Keys o de alguna de esas bonitas.
La libertad incrustada en la rutina.
Purpurina.
Como comer helado de dulce de leche con dulce de leche de verdad y no engordar (mucho). O sea, hacer lo que te hace feliz y ver que te sale todo (relativamente) bien. O sea, elegir (casi) todo lo que te llena, cortarlo con una linda tijera, hacer un buen collage y que ese collage sea tu rutina. Que tu rutina sea tuya y que te haga feliz. Tener la libertad de elegir cómo estar bien y estar yendo a algún lado (donde puede que seas más feliz áun), todo a la vez. Y darte el lujo de llorar algunos días porque sí o por algo, y saber que igual al día siguiente el café y el delineador todo lo solucionan. Y si no el camino musicalizado hasta la facu. Y si no la facu, de ahí no pasa. Y eso también: que el bajón, cualquiera, no pase las puertas de la facu (ya no). Ver que, de a poco, vas haciendo tu pocito en el almohadón gigante que es la facu, después de tanto suponer que estabas colgada de una palmera. La libertad de encontrarte y potenciarte mientras dejás de amoldarte a las cosas para empezar a obligar a las cosas a amoldarse a vos. La libertad de poder hacer todo eso a carcajadas, sacándote fotos sobre tacos de lo más sensuales.