28.11.12

Puse una sábana sobre la alfombra del living, porque me deja marquitas y me da calor.
Sobre la sábana tengo un campamento nerd: libros, apuntes, modelos de final, cuadernos, hojas de colores, lapiceras, resaltadores, boligoma, tijera y más apuntes, café, envases de yorgur vacíos que todavía no tiré, tazas de café vacías, la pava con el mate, una servilleta con el cabito de una manzana. Los deshechos desaparecen cada 3 horas, cuando me levanto y voy a la cocina a buscar más yogur, más café, más manzanas, más jugo de pera. A nadie le importa mi búnker de estudio, lo sé, pero es lindo y está al lado de la puerta del balcón, así que además de lindo es fresquito y nada agoviante. Y resulta que estoy muy contenta con mi búnker y con el hecho de que me quedó un divino 9 en la divina libreta Y ENCIMA el chico que me trastorna un poquito me dijo felicitaciones, genia. Con lo nerd que es él. O sea. Lo más cómico de todo es que yo me sigo emocionando por estas cosas, cuando a) no boluda, la verdad que no y b) es probable que no vuelva a verlo a no ser que me lo cruce en la facultad por alguna celestial casualidad, porque c) es mi amor platónico, entonces la gracias es que d) de eso se trata, de que no boluda, la verdad que no. Así que bueno, con el ego alimentado por algunas cosas y la tranquilidad alimentada por otras, todo eso envuelto en una fina capa de estrés, me voy a leer.