22.4.11

19

Le ganó por lejos en raro a todos mis cumpleaños, y eso que todavía no termina.
Es viernes. Llueve. Pienso que hay cosas que podrían estar mejor, pero me sale decir que el día no podría ser mejor.
A la noche vienen dos amigas a cocinarme comida sorpresa. Mis viejos me despertaron con un nesquick y me regalaron un libro y mucha ropa genial. Estuve toda la tarde estudiando temas re interesantes. Mis amigas se quedan a dormir y mañana vamos a estudiar todo el día hasta la noche, que viene el resto de mi patotita a comer choripanes. De repente, mientras estudiaba las características histológicas de las glándulas exócrinas, miré por la ventana, una de las tantas veces que empezó a llover después de parar por un ratito. Y cuando miré por la ventana se me aclararon un montón de cosas, así, de pronto. Me sentí tranquila de una manera muy extraña.Y después me tomé un cortado con una espumita re rica. Tengo 19. Tengo más de 18. Ahora soy re mayor de edad. Y me miro en el espejo y digo cheee, tenés 19 años, qué genial, ¿no? y pienso que me gusto lo suficiente, que me siento linda y que es una buena sensación. Y pienso que, últimamente, estoy teniendo muchas sensaciones buenas. Y que el hecho de que sean buenas no necesariamente quiere decir que sean felices. Son buenas, nada más. Y eso está bueno.
Y no sé, feliz 22 de abril para todos. Pero más para mí, porque es mi cumpleaños y, por lo tanto, recibo mimos, regalos, comida rica, mensajes de texto y llamados. Y además es viernes y llueve y esa es una de las acepciones de felicidad.