9.6.11

sentimientos (des)encontrados

Quiero que sean YA las vacaciones de invierno. Pero a la vez no quiero que lleguen nunca.
Quiero que se terminen los parciales, que pasen los primeros estreses, que se calme un poco esto de no saber dónde corno está una parada. Pero, por otro lado, es justamente eso -el desarrollo embrionario durante las primeras 5 semanas de vida, los músculos, articulaciones, huesos y ramas vasculonerviosas y todas las células de los tejidos principales- lo que mantiene una pila de cosas en estado latente. Y son cosas que sé que están, que cada tanto (sí, seguido, pero moderadamente) me dicen holiiii, mirá que estamos acá, eh, no te hagas la capa, y que cuando, de pronto, tenga muchas obligaciones menos, van a explotar, todas juntas. Y no quiero. No quiero asumir que es invierno y que no tengo con quién compartir un café caliente un domingo a la mañana o con quién acurrucarme en el sillón a mirar una película o tirarme en la cama a escuchar música. Es esa sensación espantosa que flota en mi aire, que ya conozco de sobra y que me había acostumbrado a no sentir, que ahora mira de lejos pero que me amenaza con instalarse ni bien esto se tranquilice un poco: volver a sentirme total, profunda y completamente desabrazada.