13.9.11

tecito

Es una costumbre, no puedo evitarlo. Después de comer necesito un café o un té.
Hay un pedacito del día, entre las 2 y las 3 de la tarde, más o menos, en el que no se escuchan autos en la calle, no se escuchan las voces de los que cursan acá enfrente, no se escuchan los juegos de los nenes del piso de arriba. Es este ratito en el que estoy parada al lado de la hornalla, porque no hace frío, pero está fresquito y el fuego me da una sensación copada, este ratito donde decido si hoy va a ser té o café y, cuando abro la alacena, me encuentro con un saquito de té de arándanos que me hace decidir té sin dudarlo. Y la cocina está medio naranja, porque entra el sol por la ventana del lavadero y pega contra la cortina anaranjada-mostaza y da una luz así, linda. Y no quiero que el agua hierva porque me quiero quedar acá, quieta, apoyada sobre la mesada, esperando a que el agua hierva.