13.10.12

Te despertás, te vestís, te tomás un café. Vas al gimnasio y transpirás un montón. Volvés, te bañás. Estudiás un montón y pensás un montón de excusas para hablarle al pibe que te gusta pero tenés un montón de miedo y no le hablás nada. Salís, te comprás una remera, escuchás un montón de canciones en el bondi y te imaginás la vida de un montón de gente que camina por Once. Llegás a trabajar, no vendés un montón pero ordenás un montón de cosas y trabajás un montón. Volvés, comés, te cambiás, te ponés un montón de perfume, te vas. Sacás un montón de fotos con las chicas y escuchás un montón de temas retro mientras te hacen un montón de rulos. Después se van, llegan al lugar. Se ríen un montón, toman un montón de vasos de cerveza y comen un montón de porciones de torta de limón. Se ríen un montón más. Vuelven en el auto cantando un montón de canciones que pasan en Aspen, te dejan en tu casa.
 Dormís 3 horas y te levantás para estudiar. Tenés un montón de sueño. Pero estudiás igual, con un montón de café y un montón de ganas de tirarte y dormir 3 días seguidos.
Sabés que tenés un montón de ganas de decir algo, pero no lo hacés. Te hacés un montón de ensalada, comés, seguís estudiando un montón y, mientras la perra se persigue la cola un rato y se prepara para su siestita, seguís pensando en el montón de banalidades que escribiste sin llegar a tocar, siquiera, el montón de cosas que no son tan banales.