19.12.12

Estar tan cerquita de fin de año hace que todas mis crisis se hiperbolicen y se mezclen con mis hormonas y emociones arremolinadas y que se haga todo un magma de lágrimas, puteadas, portazos, ataques a la heladera y una tremenda imposibilidad de quedarme quieta.
Ponele, por darte un ejemplo, el laburo que tanto me divertía ahora me da ganas de morirme, está todo bien, seré una pendeja egoísta, pero que se vayan todos a la concha de su madre. Eso mezclado con que no consigo esmalte lila y no sé qué agenda comprarme, porque la de Maitena ya no me emociona, pero no veo otras opciones copadas. También está el hecho de que hasta no terminar de señar el depto de Gesell no puedo respirar en paz y que siguen pasando las tormentas y yo sigo sin tener botas de lluvia. Y eso podría ser una gran metáfora para muchos aspectos de mi vida, peeeero no. Es la posta, no tengo botas de lluvia.