25.12.12

Tengo un montón de cosas sobre las que podría escribir, pero si me pongo a pensar mejor, no podría escribir nada sobre ninguna de todas esas cosas. Y eso está buenísimo porque, esta vez, no poder escribir significa que está todo tan pero tan pero tan tan claro que no hay vuelta que darle, es así, punto. Está todo tan increíblemente a la vista, es todo tan poco confuso que no vale la pena hacer otra cosa que no sea respirar esa claridad. Hacía bastante que los puntitos no estaban tan bien puestos sobre las íes. Palabras lindas o palabras feas, da igual, las íes con sus puntitos, asombrosamente limpio de dudas. No digo que las dudas sean malas, pero cada tanto es genial que desaparezcan.
Ayer fue navidad, me estrené un vestidito hermoso para cenar con mi mejor amiga comida cocinada por mí y subir a la terraza a hablar de idioteces hasta que llegaran los otros 3. Cuando empezó a llover, salimos al balcón muy despeinadas y, teniendo clarísimo lo ridículas que debíamos parecer vistas por los que estaban adentro, cerramos los ojos, nos soltamos el pelo y nos sonreímos mientras atrapábamos todo el viento y la lluvia con los brazos estirados. Eso. Estar ahí,  teniendo frío de verano, entre el cielo muy rosa y la certeza de eso que va a estar pase lo que pase. Después entramos empapadas, comimos torta helada, tomamos gancia helado y jugamos a la podrida hasta que se hizo de día. Y hoy nos levantamos a la 1 y desayunamos durante 3 horas mirando Home alone y Las chicas superpoderosas.
Y como estoy tan así no puedo escribir.