14.2.13

El mundo está al revés. O yo estoy al revés.
No sé. O capaz está todo tan al derecho que es como si estuviera al revés.
Torbellinos de todo.
Ponele, de repente me encuentro en el monoambiente de un chico que vino del sur a estudiar mi misma carrera en una universidad privada y que vive frente a mi ex laburo y que es más chico que yo y de repente estamos hablando y de repente le estoy explicando que no soy lesbiana y de pronto me está dando un beso y yo le estoy diciendo que no porque es la primera vez que salgo con él (aunque técnicamente no sea una salida) y al toque de irme me manda un mensaje diciéndome que le caí súper y que qué bueno que me conoció y que me debe un helado y de pronto llego a casa y me como una galleta de arroz porque caigo en la cuenta de que no comí nada en todo el día y de que tengo hambre y no tengo comida porque me voy a la costa.
De pronto estoy por encarar el último año de la primera etapa de la carrera y me frustra que falte tanto pero me deja tranquila que falte tanto porque tengo la protección de la facultad y de saber dónde estoy parada por más tiempo. Aunque igual no sepa muy bien dónde estoy parada. Pero aunque no lo sepa calculo que es un buen lugar porque me compré un esmalte nuevo divino para las uñas de los pies y me queda divino, más ahora que estoy medio negrita.
Quiero correr y gritar y saltar y lbnsdjkbgjkbvjkbsadgkljabkbnadkjbnklgnakjbnakldjgnla pero sólo voy a ir a comer pizza porque a los padres de la chica con la cual me voy a la costa les caigo muy bien y me quieren invitar a cenar y esa va a ser mi gran salida de San Valentín. Me acabo de dar cuenta de que estuve con este chico el día de San Valentín. Creo que era la gotita que faltaba para rebalsar el vaso de Cupido-te-mando-un-besote-nos-vemos-en-Disney.