14.4.13

Llegué a la conclusión de que replantearse cosas gasta mucha energía, más energía que planteárselas. Es así: plantearte cosas es como ir a un lugar. Ahora, replantearte implica volver desde donde estás, pero mirando para todos lados, súper atenta, para no perderte ningún detallecito. Una vez que llegaste al punto de partida (ahí estás gastando energía para no deprimirte porque, oh por dios, estás de nuevo en el punto de partida), tenés que volver a mirar el mapita que usaste para ir la primera vez y mecharlo con los datos que fuiste recolectando cuando volviste. Hacés un collage. Ahí gastás un montón de energía también. El collage es un mapa nuevo, lo tenés que volver a mirar, entenderlo, decidir si este collage va a ser realmente mejor que el mapa original. Seguís gastando. Ahora ya salís de nuevo, pero ojo, no salís así como así, porque ahora que estás volviendo a salir, tenés que prestar el triple (o el cuádruple) de atención para ver que realmente haber vuelto y armado otro collage valió la pena y entonces ahora estás yendo pero por un camino distinto. Una paja todo. Sería mejor tirarse a dormir (porque hace dos semanas que no duermo más de 5 horas seguidas, clap). O comer mucho helado y ahogar la mente en calorías, azúcar y dulce de leche granizado.