26.5.13

Puede que sea por todo junto o por nada en particular.
Entonces está todo realmente bien. No me dan ganas de dar vueltas, tengo ganas de gritar a los cuatro vientos todas las cosas copadas, la lista que se va haciendo cada vez más larga y que, a medida que se alarga, alarga mi sonrisa.
El pibe se adaptó a mis horarios, y los banca. Y quiso conocer a mis viejos sólo para poder venir a hacerme café mientras estudio. Y me quiere ceder su escritorio para estudiar en su casa.
El pibe me va a comprar medialunas y me lleva el desayuno a la cama.
Sabe qué decir, cómo decirlo, dónde tocar y cómo tocar.
Sabe hacerme reír. Mucho.
Me hace sentir flaca, flaquísima.
Me acompaña a mi casa desde la suya.
Me hace masajes.
De nuevo, sabe hacerme reír.
Me abraza y juro que es una burbuja, que afuera no hay nada.
Me llena de ganas de escribir, de dibujar, de bailar.
Hace que no me de vergüenza comer adelante suyo.
Hace que llegue a mi casa con ganas de ponerme a estudiar, a pesar de haber dormido 3 horas.
Hace que no me de vergüenza salir con un pibe 3 años más chico.
Hace que siempre tenga ganas de estar un poco mejor.