29.1.15

encontrarse

En una novela de medicina medieval.
En un helado de arándanos y coco en cucurucho violeta después de volver de vacaciones.
En una cena de 4 horas sin parar de hablar.
En un ataque de risa compartido en el medio de la clase de jazz.
En el pis que se hace Oli cuando llego a casa.
En el silencio de la madrugada y el capuchino entre los capítulos de Breaking Bad.
En canciones cuya letra no recordabas que recordabas.
En tomar café con leche y comer arrocitas con Casancrem.
En planes de vacaciones para enero del 2016.
En "el año que viene me recibo".
En "hoy no hago nada, me quedo todo el día en piyama y como galletitas de limón de Havanna".
En buscar recetas de cosas dulces para que mi novio me ame todavía más (si es posible).
En el olor del CH.
Y también en la fobia. En el pánico. En el Rivotril. En el mequieroirnotengoairequierosalirdeacá. En el "no me toques, no me hables, salí. No, no te vayas". En los portazos de regresión a los 16. En los trastornos de la alimentación que engordan con mensajitos como "mi mamá me dijo que te vio re flaquita".
En lo bueno y en lo malo, qué sé yo, encontrarse. Saberse. Conocerse (o al menos intentar).
Sin excusas. Hola, soy un caos y emano purpurina, aguante todo, aguanten las garrapiñadas caseras, los días de frío en verano, los traumas de la infancia y los libros de hojas amarillentas. Y Oli, que es la mejor y la más hermosa de todas.