11.7.15

cartas sobre la mesa

No me arrepiento. Cada cosa que decimos, cada pensamiento que me cruza la mente me reafirma que no me arrepiento. Ojo, me falta un pedazo. Un pedazo del día, un par de carcajadas (me sobra otro tanto de lágrimas), me falta un tobillo pegado al mío cuando me voy a dormir, me faltan los nombres que terminan en "i". Me faltan mil cosas. Pero gané otras. No me arrepiento porque me dejaste la sensación que deja ponerte en pedo con alcohol de buena calidad. No tengo resaca, tengo solamente ese "qué bien que la pasé". Y varios suspiros. No me arrepiento porque se nos viene flor de etapa, a cada uno por separado, y sabemos que en muchos momentos vamos a estar dedicándole esas victorias, esos desafíos vencidos al otro. Escribo esto con un nudo en la garganta, sin llorar porque tengo que estudiar, pero queriendo que estés acá por un rato para abrazarte y que me abraces y me acapares con tu espalda gigante. Después pienso que mejor no. El nudo se va a ir desatando (sabés, ¿no?). Pase lo que pase después, volvamos a cruzarnos o no, vengas a buscarme o te quedes con el más hermoso de los recuerdos, pintado de purpurina. Como sea el nudo va a ir cediendo, las lágrimas van a ir dejando de brotar a piacere, cada uno va a ir dejando espacio a ideas nuevas, amores nuevos en la mente del otro. El cuerpo va a dejar de doler cuando nos imaginemos que otra persona ocupa ese lugar que era nuestro. Te prometo que sí. Te prometo que el nudo se va pero el envión queda, (la purpurina queda), las sonrisas quedan. En algún lugar nos vamos a quedar. Te lo prometo.