1.1.16

El balance podría resumirse por el hecho de haberme sentado a escribirlo en el patio de un hostel de Viña del Mar, mientras tomo un poco más de sol sobre la piel ya soleada, tomo unos matecitos y escucho música. El balance es haber terminado como jamás lo imaginé, haber vivido un año que parecieron tres. La intensidad de encontrarme en rincones propios con pedazos ocultos que no aguantaban por salir. El balance es que la felicidad era esto. Era elegir, llorar, gritar y perderme. Encobtrarme y bailar. Sentir que el mundo es mío,  porque sí, porque ¿por qué no?