17.1.10

películas

Cuando veo Titanic, lloro como una condenada y no hay nada que pueda hacer para evitarlo (y ponele que la vi, fácil, 10 veces).
Cuando veo Legalmente Rubia, se me sigue poniendo la piel de gallina cuando Elle se da cuenta de que si la minita fue a hacerse la permanente, no se estaba bañando cuando mataron al padre.
Cuando veo Bagdad Café sigo quedándome como 15 minutos después de que termina sentada en el sillón invadida por una calma que no te puedo explicar.
Cuando veo Chocolate la panza me cruje y tengo escalofríos cuando Viane y Anuk llegan al pueblito y hay mucho viento y se abren las puertas de la iglesia y después cuando Viane tira las cenizas de su mamá.
Cuando miro Chicago sigo sin poder creer que exista una mente tan jodidamente privilegiada como para poder haber creado el número del tango de las condenadas.

Reflexiones de un domingo a las 3 y cuarto de la tarde cuando todavía espero que esté el almuerzo y después de escuchar las canciones de Titanic y de Bagdad Café en una lista de reproducción aleatoria.