3.2.10

Hace muchísimo tiempo que no venía a un cyber con fines no-académicos. El año pasado acá tenía la laptop de mi viejo. Este año está, pero anda demasiado lenta y me enerva. Tampoco es demasiado grave, de hecho me parece agradable venir al cyber, me da ternura, me trae recuerdos y, este cyber particularmente, al que vine por primera vez en mi vacaciones entre 7mo grado y 1er año, se ganó mi amor.
En fin. La Cumbre me recibió como sólo ella sabe: con ese viento fresco que te pega en la cara cuando bajás la ventanilla, con las sierras que se ven en cualquier dirección a la que mires, con la gente que te saluda y te sonríe aunque nunca en su reputísima vida te haya visto, con el supermercado de siempre, con un empleado muy lindo en algún negocio (esta vez, el farmacéutico), con ese olor en la cabaña que es como si hubiera llegado a mi otra casa, con esos atardeceres que te dan una paz que no podés creer, con esos cielos negros negros súper negros recontra plagados de estrellas, esos cielos que te quedás mirando y no te das cuenta y pasa una hora, y después dos, pero vos podrías seguir ahí toda la vida. Y además, ayer vi una estrella fugaz.
Lo que no estuvo tan bueno fue que mi cuerpo no tuvo ganas de empezar bien. Llegué el lunes a la tardecita y el martes me levante con la panza hecha un desastre. Hace unos ruidos extrañísimos, no puedo comer nada, dieta de enferma (igual tiene ventajas, empezar las vacaciones bajando un kilo y medio, la verdad, no me molesta). Además me siento medio débil. Ayer me quedé en estado ameba en la cabaña todo el día, que tampoco es malo, porque tiene un jardín hermoso en el que me tiro a leer o a escuchar música, pero en fin. Hoy me levanté igual pero salí a caminar, a dar vueltas por estas callecitas que son todo menos paralelas, que suber y que bajan. Ahora estoy esperando a mi viejo que está comprando comida especial para hacerme comida-de-enferma-divertida y después voy a ir a la plaza a hamacarme con los ojos cerrados y a dejar que el viento me haga nuditos en el pelo. Ah, por cierto, el agua de acá o el aire o lo que sea, me dejan el pelo increíble.
Por ahora, lo único que, por decirlo de alguna manera, me perturba leeeeeeeevemente, es que la ciudad está re activa, hay mucha gente de mi edad dando vueltas, mucha cosa copada, y yo estoy sola, por lo que no da salir. Bah, tal vez en unos días salga igual, pero convengamos que salir sola a la noche no es lo ideal. Ponele que me gustaría que hubiera una amiga o alguien con quien salir a pasear algunas noches. Más allá de eso, this is peeeeeeerfect. Y no me quiero ir nunca.
Seguro quedó una entrada re desordenada e incoherente, pero da igual. Es este febrero tan lindo que me mezcla :)