5.2.10

life's good

Ahora a Pasteur se le ocurrió andar (sip, esta laptop tiene nombre, que fue elegido por mi viejo, y aunque insistí para que le pusieran Greg H., no me dieron bola).
No puedo creer que haga frío, me había olvidado lo que se sentía. Por suerte, mientras espero sentada en la mesa de la cocina a que mi viejo termine de bañarse para que vayamos a caminar, de frente a la puerta abierta que da al jardín todo pintado por los vestigios que dejó la lluvia de la noche, tengo una taza de café muy caliente.
El otro día se vino el mundo abajo. Llovió como pocas veces en mi vida vi llover. El cielo estaba completamente negro y se apagaba y se prendía constantemente por los relámpagos y los rayos. Había un viento de puta madre, Y yo estaba parada en el medio de la calle vacía, descalza, con el pelo suelto (todo enredado, obvio) que se volvía loco con las ráfagas. Cuando se largó con toda la furia me metí adentro a mirar por la ventana. Y cayó granizo y todo. Yo lo había dicho, la lluvia me quiere tanto que a donde yo voy ella va, por eso hacía falta que viniéramos nosotros para que se terminara la sequía. Imaginate que llovio tanto, tanto pero tanto, que algunos ríos se desbordaron.
Ah, y QUÉ lindo que es caminar por la calle, que un tipo te salude y te sonría y tener la certeza de que te saluda y te sonríe porque sí, porque pasás y te saluda y te sonríe, y no porque te esté mirando el orto y te salude con un tono perverso y ordinario.
Y QUÉ lindo es sentarse en el jardín, mientars atardece, a devorarte ese libro que te vuelve loca.
Lo único malo: las polillas. Te juro que las odio. Igual está todo bien, me estoy volviendo en asesina experta.