26.3.11

en blanquísimo

Llegué a un punto en el que no tener nada qué hacer me aburre. Nunca me aburrió, siempre amé la idea de no hacer nada, de estar tirada pensando por horas, idea que muchas veces me insultaron. Pero ahora no la soporto más. Quiero empezar YA la facultad, quiero estar metida en esa rutina imparable de ir acá y allá y tener horarios re complicados y no tener tiempo para comer y alegrarme cuando tengo media hora libre y esas cosas.
La cuestión es que de tanta nada, me puse a pensar en los deseos más estúpidos y vacíos de contenido del planeta. Por ejemplo, quiero ser más grande sólo para poder comprarme zapatos de paruolo y ropa de paula cahen d'anvers y usarla todos los días, porque ahora si me pongo cualquiera de esas cosas, parezco una nenita disfrazada de cuarentona, y no da.
Además, quiero que exista un dispositivo en mi cuerpo que me permita tomar muchas infusiones por día (bah, a quién quiero engañar, infusiones no, café y café con leche) sin tener que ir al baño 49 veces, mínimo. Quiero que las horas-película duren menos, ponele 15 minutos, entonces así podría mirar hasta 15 películas sin que se me acabe el día (y encima me sobraría tiempo para dormir y bañarme). Y quiero algo que no sea una computadora (ni una máquina de escribir) pero que me de la posibilidad de no escribir a mano y que sea en cursiva con mu letra. Y que los frascos de perfume sean como el cuerno de la abundancia y que cada puff que uso se regenere en el frasquito.
Y creo que con eso estamos.