3.7.11

disculpe las molestias ocasionadas

Este va a ser un post largo, desordenado, probablemente cursi, en muchos sentidos desubicado y, muy posiblemente, aburrido (para cualquiera que no sea yo, que lo estoy escribiendo). Es domingo a la noche y los domingos a la noche, más que nada los últimos, estoy tan harta, tan cansada, tan muéransetodos, que no me importa, necesito sacarlo, escupirlo, vomitarlo, desparramarlo.
Me percaté de que hace mucho que no escribo en segunda persona. En una específica segunda persona. Es bueno eso, porque pensé que me iba a ser indispensable escribir en segunda persona por mucho tiempo más, pero no. Hoy me doy ese lujo por la sencilla razón de que es domingo a la noche, y ya dije qué pasa un domingo a la noche.
Sinceramente, no creo que alguna vez vayas a leer esto, dudo que hayas leído más que dos o tres textos alusivos o algo después del 1 de mayo, que fue una noche bastante desagradable. No importa. Me descarga más si escribo en segunda persona.
Hoy me di cuenta de que el jueves es 7. Es un día bastante significativo por dos razones. Primero porque rindo histología, jodido. Segundo, porque es 7 de julio. Un año desde que te dije "el chico sin la rosa en la cabeza", y me sonreíste y entramos en Starbucks (capaz ni te acordabas, o capaz ni sabías que había sido 7, pero bueni). Qué sé yo, cosas que pasan. Probablemente (no, probablemente no, seguramente) no sea lo ideal hablar de estas cosas ahora, no tienen ningún sentido, pero todavía es domingo.
Me di cuenta, también, de que ya hace bastante que no duele. No duele para nada. Ahora, eso no implica que (de esto también me di cuenta hoy) no haya pasado un sólo día sin que aparecieras, aunque sea un ratito, en mi cabeza. A veces pesa más, a veces pesa menos. No duele, y recién estamos empezando julio (eso quiere decir que todavía no es agosto... y ya no duele). A veces, cuando esos ratitos se prolongan más de lo que quisiera, me pregunto si en algún momento esos ratitos van a dejar de existir, si en algún momento vas a ser un recuerdo que reviso cada tanto, si quiero que en algún momento te apiles con los demás recuerdos. Claramente no lo sé (si no puedo decidirme por empezar teatro, danza contemporánea o volver a árabe, menos puedo decidir algo tan abstracto y gordo... y no, no te estoy diciendo gordo).
Siento que pasó una eternidad, mucho más que dos meses (bueno, oki, pasaron más de dos meses, no importa). El viernes pasé por esa esquina, que ahora me cae bastante mal, y me puse a llorar sin querer, sin pensarlo. Por suerte estaba yendo a jazz y se me pasó rápido. Y me di cuenta de algo más. Me di cuenta de que empezó a doler menos (y dejó de doler) cuando, de alguna forma, me empecé a enojar. Es TANTO más fácil estando enojada, pero TANTO, que no se puede creer. Y no es que tenga una razón coherente, no, no, pero la distancia hace eso, hace que una pueda manejar los recuerdos como más le plazcan (tampoco tanto, pero se entiende el punto), y si quiero darles color enojoso, listo, lo hago. Y lo descubrí hace no mucho, y fue útil. Obvio que no es nada personal, de hecho estoy esperando a poder dejar de hacerlo y que siga sin doler. Pero por ahora estoy así, no sé si bien, pero estoy así, tengo un rimmel nuevo y empecé a hacer dieta para bajar los kilos horribles que me di el lujo de subir para llenar ese vacío de gila descorazonada. Estoy así, pensando en irme a la costa con mis amigas, pensando en eso y pensando en que si estoy enojada es más fácil. Pensando en que todo me toma mi tiempo, mi bueeeeeeeeeen tiempo (nada nuevo igual, por algo este blog se llama como se llama, por algo una justificación que se usa mucho a mi alrededor es "bueno, sos Gabi") y que esto claramente no es la excepción, pero que lo estoy manejando muchísimo mejor de lo que jamás pensé que lo iba a poder manejar (aunque parezca que estoy hablando de algo que pasó hace 3 días y eso le saque seriedad a todo lo que estoy diciendo). Y ya que estamos siendo sinceros (bah, yo estoy siendo sincera... y tampoco sé bien para con quién), voy a decir que es obvio que de a ratos me agarran esos ataques de fantasía, de palabras que alguuuuuuuna vez dijimos (dijiste, básicamente) y que ahora, vistas desde este otro lugar (bueno, malo, blanco, negro, sí, no, 12 de la noche), podrían cobrar otro significado. Me agarran esos ataques, más que nada, cuando miro series, particularmente, The O.C. (Detalle: en la segunda temporada, si no me equivoco, una vez Ryan va a la casa de Lindsay a decirle que quiere salir con ella o que lo quiere intentar o algo del estilo, y ella le dice que no, que ya no, no me acuerdo por qué, y se vuelve adentro a estudiar. Un rato después, la muy forra (muy forra conmigo, claramente) lo va a buscar y le dice, textual: "cuando estudio pongo al final de la página un puntito rojo por cada vez que tuve que leer esa página, y así mido qué tan concentrada estoy. Cuando te fuiste me quise poner a leer. Al final de la página había 11 puntitos". Ahí lloré como una conchuda, lloré muchísimo, puteé como la mejor, les pegué innumerables patadas a los pufs y revoleé como tres peluches). Series de mierda que hacen que una se imagine cosas que no. Series de mierda que hacen que me acuerde de cosas que me complican horriblemente creerme que estoy enojada y que hacen que encontrar cosas que pensaba que tenía guardadas, que tenían que estar guardadas (como una cuerda de una guitarra, por ejemplo, o un cd de canciones para dormir) sean un baldazo de agua helada con un frío como este.
Bien, tal y como advertí, post largo, aburrido, denso, sin sentido (para todo el mundo, claro, menos para mí), desordenado y desubicado (para vos, si es que lo llegás a leer alguna vez).
Ah, ¿sabés qué más? Me di cuenta de que nunca te etiqueté.
Mala mía.
Y espero que estés bien, verdaderamente bien.

(está todo bien, porque todavía es domingo, todavía vale escribir cosas así sin ganarse insultos)