19.1.13

Había toda una montaña re grande de monotonía, frustración y negatividad mezclada con lo otro que era bueno y medio que lo opacaba. Pero ¿qué pasó? Me intoxiqué. Gastroenterocolitis. Una cosa divina. Todo lo malo se fue. Posta, todo. Incluso dos kilitos y medio que me dejaron diosa mal. Quedé flaca y limpita. Relajada. Expectante. Con ganas. Hoy tenía ganas de que me invitaran a tomar algo, pero en vez de eso vino una amiga y me llevó a comer un tostado de jamón y queso con un té y a dar vueltas por la plaza y a planear nuestras vacaciones a destiempo y nuestro año colmado de clases alucinantes. Y de pronto dejé de necesitar cosas que pensé que necesitaba pero que, evidentemente, no necesito. Y hay películas hermosas y muchos capítulos de series y mis clases de localizado y mi ropa de playa y la película de Darín y Calu el lunes. Y un celular nuevo que llega en poquito tiempo. Y no sé. Más té. La intoxicación me hizo más amiga del té. El té me da paz. El hecho de tomar té me da más paz que el hecho de tomar café.
Sonrisas. Como las galletitas, pero mejor.