5.5.14

Imposible no comparar. Todo, todo el tiempo. A una con todos. A los demás entre sí.
A una con una misma. Y eso a mí me encanta (últimamente, porque mis ahoras se están poniendo mucho más interesantes que mis antes).
Y pienso en el año pasado, a esta altura.
Me sentía bien, pero estaba saturada con la facultad, kilos de teoría que me encantaba pero me daba pesadillas.
La gente estaba en segundo plano.
Yo me contracturaba más.
Estaba igual de flaca pero no disfrutaba de la comida como ahora.
Había un pibe que me había dicho que yo le gustaba, que se la iba a jugar, pero en ese momento era incomprobable.
Estaba frustrada con la ayudantía, a punto de dejarla.
Estaba buscando con urgencia un reemplazo para mi psicóloga.
Me replanteaba la relación con todos los que me rodeaban.
¿Y ahora?
Ahora soy feliz yendo al hospital todos los días, quejándome sobre que quiero ver más pacientes y tener menos teóricos, disfrutando de volver caminando a casa todos los días con un amigo que me hace reír sin parar, saboreando el placer de llegar a casa con ganas de leer mientras me tomo un tecito. Soy feliz vestida de ambo todos los días, con gente divina, con un grupo de amigas que no podría ser mejor.
Tengo un novio increíble (ese que se la iba a jugar, y se la jugó), que cenó conmigo y con mis viejos la noche de mi cumpleaños, que me regaló unas botas hermosas y que me organizó una fiesta sorpresa para mi cumpleaños. Es el mismo que me limpia su escritorio para verme estudiar en su casa y que me dice que ama despertarse con mi voz.
En terapia, llegué al punto en el cual o me daba de alta o empezaba con laburo de diván.
Entre limpieza de cosas tóxicas, desde principios del año pasado a este, se fueron amores que no eran amores, mi mejor amiga que era una pared con rulos, formas familiares que se fueron volviendo obsoletas.
Soy ayudante de otra materia, que amo.
Se redefine todo permanentemente y las definiciones nuevas, últimamente, siempre son mejores.
Aguante el té de chocolate y avellanas, aguante el queso con dulce de frutilla, aguante el café con leche de la maquinita del kiosco del hospital, aguante mi cuaderno nuevo, mis amigas hermosas y mis resúmenes de futura médica.