9.1.15

random 2015

Todos los cambios.
Siempre a la misma hora. Siempre una madrugada de verano, de enero.
Siempre recuerdos, melancolía, cosas imposibles de explicar, palabras que se esconden de los dedos, que se enredan en la lengua, que encuentran el escape por los lagrimales.
Siempre llorar. Llorar por los cambios, llorar por sentir en el cuerpo lo que está en la cabeza.
Que todos los cambios duelen, aunque sea un poco. A veces mucho. Siempre pinchan.
Llorar por cambiar porque no se puede seguir igual, porque no importa que duela, que moleste, que haga cortocircuito, no se puede. Una célula que no cambia, que no tiene un metabolismo dinámico y permanece siempre igual, es una célula muerta. Para no morirse hay que cambiar. Y llorar si duele un poco o mucho, si arde la garganta, si las pesadillas te despiertan a la noche, si los monstruos salen del placard y te invaden las ideas. Una célula que no cambia está muerta.