5.1.15

"Vos sos Londres" sigue siendo el mejor piropo que me dijeron en mi vida, a pesar de los años que pasaron, de la experiencia y de todo lo demás. Lo es y lo va a seguir siendo, a pesar de todo y, más aún, después de haber vuelto a Londres sola, de enamorarme más que la primera vez, de redescubrirme mientras caminaba por el Támesis y entre las casitas y los mews de Nottin Hill (el posta).
 Y sin embargo, atado a ese piropo hubo un montón de cosas feas de las que pensé que no me arrepentía, porque una se cree a veces eso de que todo sirve para aprender. Pero no. La realidad es que sí, me arrepiento enormemente de toneladas de cosas, de haber sido tan pendeja cuando hubiera sido tan fácil no serlo. Me arrepiento del dolor innecesario que ahora podría ser amistad (¿qué hiciste de tu vida? ¿cómo están tus cosas? ¿viajaste a nyc? ¿te recibiste? ¿recompusiste todo lo que tenías despedazado?). Me arrepiento porque ahora, como cuatro años después, me doy cuenta de que los gustos en común, las películas, las canciones y los piropos conmovedores no significan nada, nada de nada de nada si no hay una base de otra cosa, que no sé cómo se llama pero sí sé cómo se siente. Se siente como purpurina en el medio de una canción de Norah Jones que sabés que sólo le gusta porque te está abrazando, se siente como un mareo cuando te dicen una cosa cursi, cliché y novelera, tipo "me la voy a jugar por vos" y escuchás que es de verdad. Se siente como la desaparición de un ataque de pánico, de los posta, cuando escuchás la voz por teléfono.
"Vamos a ser amigas para siempre y nuestras hijas van a ser amigas y van a crecer juntas" es una linda y válida promesa si estás en Rincón de Luz y te vienen a adoptar y te estás despidiendo de tu amiguita de orfanato. En la vida real, tal vez podría llegar a ser, pero no es la más importante. Está buenísimo leerse el pensamiento con una mirada, conocerse hasta la médula y todo lo demás, pero eso no sirve de nada de nada de nada si vos ponés las dos partes, si te secás de tanto dar. En vez de eso, En vez de eso, me quedo con las discrepancias, con poder discutir sobre cualquier tema sabiendo que igual está todo bien, sabiendo que la incondicionalidad no se define por el tiempo ni por la cantidad de anécdotas para contar en un fogón, se define por sí misma y, más que definirse, se demuestra.
Sigo sin entenderme. Sigo sin entender de dónde salió el trastorno del pánico. Sigo sin entender los arranques de histeria, las reacciones desproporcionadas. Pero estoy empezando a entender que para todo eso hay tiempo, porque no estoy sola hace mucho, porque no voy a volver a estar sola y vacía. Porque se está cocinando algo que ni idea qué es, pero tiene canela, tiene almendras, tiene jengibre, menta, chocolate, café, helado.