21.9.15

Volvés un poco acongojada porque tuviste que salir de la burbuja. Burbuja de luces kish, el ruido del tren, puertitas con cerveza y chocolate de contrabando. Volvés y, al principio, la congoja te gana, querés llorar, le das paso a esa vocecita quejosa, que putea porque es lunes, porque está nublado, porque tenés que hacer ese tp de porquería, por la incerteza (con lo fastidiosa que te resulta la incerteza). Pero después te subís a un colectivo lleno y encontrás asiento, prendés el mp4 y suena Upside down, pensás en el café con leche, en salir a correr, en almorzar mañana con Flor. Y entonces la vocecita se va y viene todo eso otro que no puede más que hacerte sonreír. Tanto por hacer, y una mano en la espalda que dibuja unos garabatos que te recuerdan lo que era tener todo a flor de piel. Te acordás de un montón de sonrisas (más que nada tuyas, porque quizás esta vez no importaba otra cosa). Te acordás de la comodidad y de haber vuelto a sentir cosas en su versión 2.0. Te acordás de haber pensado que, por fin, se había cortado la racha. Te acordás de que acabás de decidir que la incerteza no importa tanto, porque estás llena de minutos, tenés esos momentos que pasaron. La incerteza es futuro y es un universo de posibilidades inimaginables e infinitas. Y ahora no importan. Te quedas con las frases, con algún comentario furtivo, con el agua por todos lados, con las risitas, las miradas, las anécdotas, la paz de no pensar lo que decís. Y, de pronto, por las dudas, para que la quejosita no vuelva cuando el sueño te empiece a despeinar, llega un y feliz día de la primavera. Hermosamente innecesario, y perfectamente adecuado para patear el miedo a la duda por unas semanas más.
Que sea café con leche y vueltas a la plaza, almuerzos con Flor, guardias con Juli, vacaciones con Nico, cine con Ro, charlas con mamá, cursadas intensas, tensiómetros nuevos, hipercatabolismo, cervezas artesanales con Agus, papers de HIV. Y que todo eso esté adornado con algún que otro destello de noséqué.