Me quería hacer un poquito la capa y lo puse en francés, y resulta que ahora que lo pienso queda más de snob que de capa, pero bueno, no me importa, ¿por qué? Porque me voy. Me voy me voy me voy. Me voy a subir a una montaña y voy a gritar y los pájaros que planean por ahí se van a re asustar. Y no tengo nada para acotar, pero desde que abrí esto siempre escribo algo antes de irme, así que bueno, nada, para no perder la costumbre, holi.
Como no tengo nada para decir, además de que estoy bastante contenta, de que pienso volver con un color re sexy y de que este año saludo al verdulero lindo, voy a decir que me gusta mucho esta canción y que la estoy escuchando básicamente todo el tiempo. Y se la voy a bailar al verdulero (o capaz eso no).
Enjoy.
Y felices vacaciones para mí.
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27.1.12
5.2.11
Me di cuenta de lo desconectada que estaba hoy, sentada en el el jardincito, cuando recordé mi casa pero demoré como medio minuto hasta acordarme de las calles de alrededor. Bien. Y eso que dije que no era mi intención desenchufarme así, peeeeeeeero bueno.
En otras noticias (bancáááá), el ejército de polillas ha retrocedido, liberando el territorio de mis noches.
Blanca, que es la perrita, que también es un poco suricata y un poco pajarito, es adicta al queso. Come queso de rallar, queso fymbo, queso de cabra, queso de campo y queso quartirolo. Y le encanta el queso crema y el pan embebido en leche. Y las galletitas de sésamo.
Les gané 5 pe a mis viejos jugando al boggle.
Mi nueva ensalada preferida es una de rúcula, lechuga arrepollada y pera con sal, oliva, aceto y salsa de soja, lo cual me hace más snob de lo que era, que igual creo que no lo era tanto, pero ahora evidentemente lo soy. Porque además también probé la tuna y me encantó aunque no tenga personalidad propia y sea una mediocre que se quedó a mitad de camino entre el kiwi y la sandía.
Y mi nueva serie favorita es Grey's anatomy, pero sh, que House no se entere.
Y ayer fui al cine a ver Enredados. Por tercera vez. Y, por tercera vez, cuando el camaleón le mete la lenguita en el oído al flaquito para despertarlo, casi me hago pis.
Y claramente no tenía nada para decir, pero estar acá me da ganas de escribir así que escribo lo que se me ocurre, lo cual es bastante obvio. Y como ahora ya escribí, me voy a bañar. Y después a leer o a mirar Grey's anatomy o a sentarme afuerita a escuchar música y a pensar en que extraño banda a mi novio y en cómo lo voy a estrujar cuando venga y en lo goma que me volví.
Feliz febrero.
En otras noticias (bancáááá), el ejército de polillas ha retrocedido, liberando el territorio de mis noches.
Blanca, que es la perrita, que también es un poco suricata y un poco pajarito, es adicta al queso. Come queso de rallar, queso fymbo, queso de cabra, queso de campo y queso quartirolo. Y le encanta el queso crema y el pan embebido en leche. Y las galletitas de sésamo.
Les gané 5 pe a mis viejos jugando al boggle.
Mi nueva ensalada preferida es una de rúcula, lechuga arrepollada y pera con sal, oliva, aceto y salsa de soja, lo cual me hace más snob de lo que era, que igual creo que no lo era tanto, pero ahora evidentemente lo soy. Porque además también probé la tuna y me encantó aunque no tenga personalidad propia y sea una mediocre que se quedó a mitad de camino entre el kiwi y la sandía.
Y mi nueva serie favorita es Grey's anatomy, pero sh, que House no se entere.
Y ayer fui al cine a ver Enredados. Por tercera vez. Y, por tercera vez, cuando el camaleón le mete la lenguita en el oído al flaquito para despertarlo, casi me hago pis.
Y claramente no tenía nada para decir, pero estar acá me da ganas de escribir así que escribo lo que se me ocurre, lo cual es bastante obvio. Y como ahora ya escribí, me voy a bañar. Y después a leer o a mirar Grey's anatomy o a sentarme afuerita a escuchar música y a pensar en que extraño banda a mi novio y en cómo lo voy a estrujar cuando venga y en lo goma que me volví.
Feliz febrero.
23.2.10
No me había dado cuenta de lo mp4-dependiente que era hasta que creí que se había muerto.
Hace dos días quise prenderlo y no prendía. Lo conectaba a la computadora y nada. Moví todas las perillitas, apreté todos los botoncitos y nada. Ese día mi mal humor fue tan grande como si hubiese tenido 10 síndromes pre-menstruales juntos, incluso estando acá, donde se necesitan cosas realmente malas para bajonearme. Hasta ese momento no lo había usado mucho, pero desde ahí asociaba cada situación con una canción y terminaba casi al borde de las lágrimas pensando "ayy, qué lindo sería poder escuchar tal tema ahora". Sin saberlo, los pobres empleados del lugar donde lo compré se ganaron millones de insultos y maldiciones por minuto. En fin. La cuestión es que ayer pude conseguir un cable nuevo, lo conecté sin esperanzas... y la lucecita se prendió. Y yo volví a ser feliz.
Ya que estamos, el domingo vuelvo. Y curiosamente muero de ganas. Obvio que acá la paso súper, pero un mes es un mes. Tengo esa mezcla de que extraño y que hay demasiadas cosas que quiero hacer y cuestiones que tengo que resolver en Buenos Aires. Igual está bueno querer volver, porque así los últimos días están buenísimos porque el lugar está buenísimo y porque además falta poquito para volver y, por otra parte, el viaje de vuelta no es deprimente y llegar a casa y desarmar las valijas se hace mucho menos suicida.
Y mañana empiezan de nuevo los capítulos estrenos de Dr. House (L).
(me hice amiga de un perro que es mezcla de suricata, pez y pajarito)
Hace dos días quise prenderlo y no prendía. Lo conectaba a la computadora y nada. Moví todas las perillitas, apreté todos los botoncitos y nada. Ese día mi mal humor fue tan grande como si hubiese tenido 10 síndromes pre-menstruales juntos, incluso estando acá, donde se necesitan cosas realmente malas para bajonearme. Hasta ese momento no lo había usado mucho, pero desde ahí asociaba cada situación con una canción y terminaba casi al borde de las lágrimas pensando "ayy, qué lindo sería poder escuchar tal tema ahora". Sin saberlo, los pobres empleados del lugar donde lo compré se ganaron millones de insultos y maldiciones por minuto. En fin. La cuestión es que ayer pude conseguir un cable nuevo, lo conecté sin esperanzas... y la lucecita se prendió. Y yo volví a ser feliz.
Ya que estamos, el domingo vuelvo. Y curiosamente muero de ganas. Obvio que acá la paso súper, pero un mes es un mes. Tengo esa mezcla de que extraño y que hay demasiadas cosas que quiero hacer y cuestiones que tengo que resolver en Buenos Aires. Igual está bueno querer volver, porque así los últimos días están buenísimos porque el lugar está buenísimo y porque además falta poquito para volver y, por otra parte, el viaje de vuelta no es deprimente y llegar a casa y desarmar las valijas se hace mucho menos suicida.
Y mañana empiezan de nuevo los capítulos estrenos de Dr. House (L).
(me hice amiga de un perro que es mezcla de suricata, pez y pajarito)
17.2.10
(carita feliz)
mi banco, mi árbol, mi calle
Si hay algo mejor que no hacer nada más que caminar, escuchar música, comer, dormir y mirar las nubes en un lugar que te encanta, es caminar, escuchar música, comer, dormir y mirar las nubes en un lugar que te encanta con una amiga.
P. se fue hoy a la mañana y esta semana no pudo haber sido más copada. Nos acordamos de cosas de la primaria que habían estado tapadas en lo más profundo de nuestras memorias, nos reimos de idioteces, caminamos por la calle cantando Chicago, nos sacamos una foto en la puerta del boliche donde fuimos a bailar cuando estuvimos de viaje de egresados en 7mo y pasamos por el hotel donde estuvimos alojadas, caminamos 16 km por la ruta con la panza al aire al compás de Yo soy tu maestro, miramos películas en la laptop, pasamos un día entero tiradas entre la cama y el jardín diciendo pelotudeces y sólo salimos al centro vestidas como ridículas (la onda era que la que menos combinaba ganaba) para que yo pudiera ver al verdulero y cada vez que decíamos verdulero, nos reíamos. En fin, esas cosas que te pasan con tu mejor amiga y que cada vez que lo vivís te rellena el alma (?). Tan bien la pasé y tanto lo disfruté que no me molestó que se fuera porque el tiempo que estuvo lo re aprovechamos.
Y las tormentas son lo más y andar en bicicleta un día nublado con el viento que te hace pum-pum en la cara te da muchas ganas de vivir.
Y me compré un strapless re lindo.
7.2.10
Tengo un par de cosas para decir.
Primero, si más gente veraneara en este lugar, existiría la paz mundial, estoy segura.
Segundo, el flan Ser de coco es tan artificial que parece que estuvieras comiendo spray para la ropa, pero igual es riquísimo.
Tercero, aprender a manejar es de las mejores cosas del mundo.
Cuarto, ver en un cyber de acá a mi profesora de latín de 4to año fue muy loco.
Quinto, ayer a la noche había mucha niebla, parecía que hubiera habido alguna de esas máquinas que tiran humo. Era como una película de terror pero no daba miedo porque estaba buenísimo.
Sexto, el verdulero que me miraba el año pasado está más lindo que el año pasado y yo también lo miro y voy a la verdulería con mucho gusto y el pelo suelto.
Primero, si más gente veraneara en este lugar, existiría la paz mundial, estoy segura.
Segundo, el flan Ser de coco es tan artificial que parece que estuvieras comiendo spray para la ropa, pero igual es riquísimo.
Tercero, aprender a manejar es de las mejores cosas del mundo.
Cuarto, ver en un cyber de acá a mi profesora de latín de 4to año fue muy loco.
Quinto, ayer a la noche había mucha niebla, parecía que hubiera habido alguna de esas máquinas que tiran humo. Era como una película de terror pero no daba miedo porque estaba buenísimo.
Sexto, el verdulero que me miraba el año pasado está más lindo que el año pasado y yo también lo miro y voy a la verdulería con mucho gusto y el pelo suelto.
5.2.10
life's good
Ahora a Pasteur se le ocurrió andar (sip, esta laptop tiene nombre, que fue elegido por mi viejo, y aunque insistí para que le pusieran Greg H., no me dieron bola).
No puedo creer que haga frío, me había olvidado lo que se sentía. Por suerte, mientras espero sentada en la mesa de la cocina a que mi viejo termine de bañarse para que vayamos a caminar, de frente a la puerta abierta que da al jardín todo pintado por los vestigios que dejó la lluvia de la noche, tengo una taza de café muy caliente.
El otro día se vino el mundo abajo. Llovió como pocas veces en mi vida vi llover. El cielo estaba completamente negro y se apagaba y se prendía constantemente por los relámpagos y los rayos. Había un viento de puta madre, Y yo estaba parada en el medio de la calle vacía, descalza, con el pelo suelto (todo enredado, obvio) que se volvía loco con las ráfagas. Cuando se largó con toda la furia me metí adentro a mirar por la ventana. Y cayó granizo y todo. Yo lo había dicho, la lluvia me quiere tanto que a donde yo voy ella va, por eso hacía falta que viniéramos nosotros para que se terminara la sequía. Imaginate que llovio tanto, tanto pero tanto, que algunos ríos se desbordaron.
Ah, y QUÉ lindo que es caminar por la calle, que un tipo te salude y te sonría y tener la certeza de que te saluda y te sonríe porque sí, porque pasás y te saluda y te sonríe, y no porque te esté mirando el orto y te salude con un tono perverso y ordinario.
Y QUÉ lindo es sentarse en el jardín, mientars atardece, a devorarte ese libro que te vuelve loca.
Lo único malo: las polillas. Te juro que las odio. Igual está todo bien, me estoy volviendo en asesina experta.
No puedo creer que haga frío, me había olvidado lo que se sentía. Por suerte, mientras espero sentada en la mesa de la cocina a que mi viejo termine de bañarse para que vayamos a caminar, de frente a la puerta abierta que da al jardín todo pintado por los vestigios que dejó la lluvia de la noche, tengo una taza de café muy caliente.
El otro día se vino el mundo abajo. Llovió como pocas veces en mi vida vi llover. El cielo estaba completamente negro y se apagaba y se prendía constantemente por los relámpagos y los rayos. Había un viento de puta madre, Y yo estaba parada en el medio de la calle vacía, descalza, con el pelo suelto (todo enredado, obvio) que se volvía loco con las ráfagas. Cuando se largó con toda la furia me metí adentro a mirar por la ventana. Y cayó granizo y todo. Yo lo había dicho, la lluvia me quiere tanto que a donde yo voy ella va, por eso hacía falta que viniéramos nosotros para que se terminara la sequía. Imaginate que llovio tanto, tanto pero tanto, que algunos ríos se desbordaron.
Ah, y QUÉ lindo que es caminar por la calle, que un tipo te salude y te sonría y tener la certeza de que te saluda y te sonríe porque sí, porque pasás y te saluda y te sonríe, y no porque te esté mirando el orto y te salude con un tono perverso y ordinario.
Y QUÉ lindo es sentarse en el jardín, mientars atardece, a devorarte ese libro que te vuelve loca.
Lo único malo: las polillas. Te juro que las odio. Igual está todo bien, me estoy volviendo en asesina experta.
3.2.10
Hace muchísimo tiempo que no venía a un cyber con fines no-académicos. El año pasado acá tenía la laptop de mi viejo. Este año está, pero anda demasiado lenta y me enerva. Tampoco es demasiado grave, de hecho me parece agradable venir al cyber, me da ternura, me trae recuerdos y, este cyber particularmente, al que vine por primera vez en mi vacaciones entre 7mo grado y 1er año, se ganó mi amor.
En fin. La Cumbre me recibió como sólo ella sabe: con ese viento fresco que te pega en la cara cuando bajás la ventanilla, con las sierras que se ven en cualquier dirección a la que mires, con la gente que te saluda y te sonríe aunque nunca en su reputísima vida te haya visto, con el supermercado de siempre, con un empleado muy lindo en algún negocio (esta vez, el farmacéutico), con ese olor en la cabaña que es como si hubiera llegado a mi otra casa, con esos atardeceres que te dan una paz que no podés creer, con esos cielos negros negros súper negros recontra plagados de estrellas, esos cielos que te quedás mirando y no te das cuenta y pasa una hora, y después dos, pero vos podrías seguir ahí toda la vida. Y además, ayer vi una estrella fugaz.
Lo que no estuvo tan bueno fue que mi cuerpo no tuvo ganas de empezar bien. Llegué el lunes a la tardecita y el martes me levante con la panza hecha un desastre. Hace unos ruidos extrañísimos, no puedo comer nada, dieta de enferma (igual tiene ventajas, empezar las vacaciones bajando un kilo y medio, la verdad, no me molesta). Además me siento medio débil. Ayer me quedé en estado ameba en la cabaña todo el día, que tampoco es malo, porque tiene un jardín hermoso en el que me tiro a leer o a escuchar música, pero en fin. Hoy me levanté igual pero salí a caminar, a dar vueltas por estas callecitas que son todo menos paralelas, que suber y que bajan. Ahora estoy esperando a mi viejo que está comprando comida especial para hacerme comida-de-enferma-divertida y después voy a ir a la plaza a hamacarme con los ojos cerrados y a dejar que el viento me haga nuditos en el pelo. Ah, por cierto, el agua de acá o el aire o lo que sea, me dejan el pelo increíble.
Por ahora, lo único que, por decirlo de alguna manera, me perturba leeeeeeeevemente, es que la ciudad está re activa, hay mucha gente de mi edad dando vueltas, mucha cosa copada, y yo estoy sola, por lo que no da salir. Bah, tal vez en unos días salga igual, pero convengamos que salir sola a la noche no es lo ideal. Ponele que me gustaría que hubiera una amiga o alguien con quien salir a pasear algunas noches. Más allá de eso, this is peeeeeeerfect. Y no me quiero ir nunca.
Seguro quedó una entrada re desordenada e incoherente, pero da igual. Es este febrero tan lindo que me mezcla :)
En fin. La Cumbre me recibió como sólo ella sabe: con ese viento fresco que te pega en la cara cuando bajás la ventanilla, con las sierras que se ven en cualquier dirección a la que mires, con la gente que te saluda y te sonríe aunque nunca en su reputísima vida te haya visto, con el supermercado de siempre, con un empleado muy lindo en algún negocio (esta vez, el farmacéutico), con ese olor en la cabaña que es como si hubiera llegado a mi otra casa, con esos atardeceres que te dan una paz que no podés creer, con esos cielos negros negros súper negros recontra plagados de estrellas, esos cielos que te quedás mirando y no te das cuenta y pasa una hora, y después dos, pero vos podrías seguir ahí toda la vida. Y además, ayer vi una estrella fugaz.
Lo que no estuvo tan bueno fue que mi cuerpo no tuvo ganas de empezar bien. Llegué el lunes a la tardecita y el martes me levante con la panza hecha un desastre. Hace unos ruidos extrañísimos, no puedo comer nada, dieta de enferma (igual tiene ventajas, empezar las vacaciones bajando un kilo y medio, la verdad, no me molesta). Además me siento medio débil. Ayer me quedé en estado ameba en la cabaña todo el día, que tampoco es malo, porque tiene un jardín hermoso en el que me tiro a leer o a escuchar música, pero en fin. Hoy me levanté igual pero salí a caminar, a dar vueltas por estas callecitas que son todo menos paralelas, que suber y que bajan. Ahora estoy esperando a mi viejo que está comprando comida especial para hacerme comida-de-enferma-divertida y después voy a ir a la plaza a hamacarme con los ojos cerrados y a dejar que el viento me haga nuditos en el pelo. Ah, por cierto, el agua de acá o el aire o lo que sea, me dejan el pelo increíble.
Por ahora, lo único que, por decirlo de alguna manera, me perturba leeeeeeeevemente, es que la ciudad está re activa, hay mucha gente de mi edad dando vueltas, mucha cosa copada, y yo estoy sola, por lo que no da salir. Bah, tal vez en unos días salga igual, pero convengamos que salir sola a la noche no es lo ideal. Ponele que me gustaría que hubiera una amiga o alguien con quien salir a pasear algunas noches. Más allá de eso, this is peeeeeeerfect. Y no me quiero ir nunca.
Seguro quedó una entrada re desordenada e incoherente, pero da igual. Es este febrero tan lindo que me mezcla :)
1.2.10
chauchi
El panorama hogareño es el siguiente:
En mi habitación, la cama armadita y, encima, un short de jean, una remera cómoda, un par de medias, un corpiño, un saquito negro, mi mochila violeta. El placard, vacío.
El living está sembrado de bolsas, bolsitas y bolsotas y las valijas ya están durmiendo en el baúl del auto.
La cocina está reluciente y la heladera completamente vacía, excepto por un limón y un cartón de leche que calculo que se terminará con el café con leche que va a desayunar mi vieja.
Está todo sumido en el más absoluto de los silencios. Mis viejos duermen y en una hora y media tengo que despertarlos para que empiecen a activar.
Estoy contenta. Muy. Los años anteriores, cuando llegaba este momento no veía la hora de irme porque me quería escapar. Había siempre algo de lo que quería olvidarme, algo que acá me hacía mierda y quería alejarme. Esta vez, más allá de que no soporto el calor y que allá está haciendo alrededor de 20ºC, más allá de que las bocinas y los ruidos de construcción a las 7 de la mañana me tienen harta, más allá de que puede ser que una parte chiquita de mí esté esperando irse para terminar de borrar alguna que otra lastimadurita sentimental, más allá de esas insignificancias, tengo ganas de irme por el simple hecho de estar de vacaciones. Eso de comer asado muchas veces por semana, eso de ir a la plaza a la noche y hamacarme, eso de salir con el mp4 a cualquier pueblito más o menos cerca e ir cantando por la ruta. Eso de no hacer nada, pero en otro lugar, con pajaritos, sin preocuparme por nada de nada de nada de nada, eso de decirle a mi viejo pa, ¿no tenés ganas de manejar un rato? e ir los dos con el auto a dar vueltas hablando de pelotudeces y cagándonos de risa por la ruta, adonde sea, con las sierras que te dicen holi en cualquier lugar. Acá, cuando pinta el bajón, me tiro en mi cama a escuchar música, pero también escucho a los forritos de arriba que sólo saben hacer ruido y molestar, y escucho el teléfono y escucho puteadas en la calle, y el ninuninuninu de las ambulancias. Allá, si pinta el bajón, me tiro en el pasto y busco formitas en las nubes y lo ÚNICO que escucho es el pío-pío de los pajaritos o la voz de mi viejo que habla a lo lejos con mi vieja o el chabón que vuelve de recorrer alguna ciudad y estaciona el auto.
El viaje de 12 horas en auto, que podría parecer tedioso y eterno, lo difruto como pocas cosas, parando a tomar café mil veces, imaginándome las historias de los pueblitos adormecidos por donde pasamos tipo 3 de la tarde, parando cada tanto en la ruta para estirar las piernas, jugando a la guerra de canciones con mis viejos (okey, eso es un poco bizarro también), escuchando mi música mientras veo aparecer de a poco las sierras, pensando que tengo un mes entero de todo eso para mí.
Chauchi, nos vemos en marzo :)
(mentira, voy a seguir escribiendo como siempre, ni que me tuviera que tomar vacaciones de mi blog)
En mi habitación, la cama armadita y, encima, un short de jean, una remera cómoda, un par de medias, un corpiño, un saquito negro, mi mochila violeta. El placard, vacío.
El living está sembrado de bolsas, bolsitas y bolsotas y las valijas ya están durmiendo en el baúl del auto.
La cocina está reluciente y la heladera completamente vacía, excepto por un limón y un cartón de leche que calculo que se terminará con el café con leche que va a desayunar mi vieja.
Está todo sumido en el más absoluto de los silencios. Mis viejos duermen y en una hora y media tengo que despertarlos para que empiecen a activar.
Estoy contenta. Muy. Los años anteriores, cuando llegaba este momento no veía la hora de irme porque me quería escapar. Había siempre algo de lo que quería olvidarme, algo que acá me hacía mierda y quería alejarme. Esta vez, más allá de que no soporto el calor y que allá está haciendo alrededor de 20ºC, más allá de que las bocinas y los ruidos de construcción a las 7 de la mañana me tienen harta, más allá de que puede ser que una parte chiquita de mí esté esperando irse para terminar de borrar alguna que otra lastimadurita sentimental, más allá de esas insignificancias, tengo ganas de irme por el simple hecho de estar de vacaciones. Eso de comer asado muchas veces por semana, eso de ir a la plaza a la noche y hamacarme, eso de salir con el mp4 a cualquier pueblito más o menos cerca e ir cantando por la ruta. Eso de no hacer nada, pero en otro lugar, con pajaritos, sin preocuparme por nada de nada de nada de nada, eso de decirle a mi viejo pa, ¿no tenés ganas de manejar un rato? e ir los dos con el auto a dar vueltas hablando de pelotudeces y cagándonos de risa por la ruta, adonde sea, con las sierras que te dicen holi en cualquier lugar. Acá, cuando pinta el bajón, me tiro en mi cama a escuchar música, pero también escucho a los forritos de arriba que sólo saben hacer ruido y molestar, y escucho el teléfono y escucho puteadas en la calle, y el ninuninuninu de las ambulancias. Allá, si pinta el bajón, me tiro en el pasto y busco formitas en las nubes y lo ÚNICO que escucho es el pío-pío de los pajaritos o la voz de mi viejo que habla a lo lejos con mi vieja o el chabón que vuelve de recorrer alguna ciudad y estaciona el auto.
El viaje de 12 horas en auto, que podría parecer tedioso y eterno, lo difruto como pocas cosas, parando a tomar café mil veces, imaginándome las historias de los pueblitos adormecidos por donde pasamos tipo 3 de la tarde, parando cada tanto en la ruta para estirar las piernas, jugando a la guerra de canciones con mis viejos (okey, eso es un poco bizarro también), escuchando mi música mientras veo aparecer de a poco las sierras, pensando que tengo un mes entero de todo eso para mí.
Chauchi, nos vemos en marzo :)
(mentira, voy a seguir escribiendo como siempre, ni que me tuviera que tomar vacaciones de mi blog)
26.1.10
tengo calor
HACE calor. MUCHO calor.
Parece que en Córdoba hay sequía, que no llueve desde septiembre. Parece que el golf está amarillo porque no se puede regar, que los árboles dan frutitos diminutos, que los ríos son casi caminos de tierra. Parece que hay que bañarse un día por medio muy rápido, que es convieniente no comer cosas como rúcula, radicheta, albahaca y lechuga porque se gasta mucha agua en lavarlas. Parece que hay que hervir los fideos y el arroz con agua mineral. Y el café y el té y el mate también se hacen con agua mineral. Todo eso. Pero no me importa. Yo voy igual. Me paro en el medio de la ruta y hago la danza de la lluvia. Va a llover. Y si no llueve, me voy igual. Las hamacas no se secan y los cielos-súper-estrellados tampoco.
Parece que acá mi vida se volvió bastante monótona, pero ojo, es una monotonía copada. Leer, tomar café, ir a jazz, mirar películas, escribir las estupideces que se me ocurren, tirarme en la cama a escuchar música, ver a las chicas, dormir. I like it.
Parece que en Córdoba hay sequía, que no llueve desde septiembre. Parece que el golf está amarillo porque no se puede regar, que los árboles dan frutitos diminutos, que los ríos son casi caminos de tierra. Parece que hay que bañarse un día por medio muy rápido, que es convieniente no comer cosas como rúcula, radicheta, albahaca y lechuga porque se gasta mucha agua en lavarlas. Parece que hay que hervir los fideos y el arroz con agua mineral. Y el café y el té y el mate también se hacen con agua mineral. Todo eso. Pero no me importa. Yo voy igual. Me paro en el medio de la ruta y hago la danza de la lluvia. Va a llover. Y si no llueve, me voy igual. Las hamacas no se secan y los cielos-súper-estrellados tampoco.
Parece que acá mi vida se volvió bastante monótona, pero ojo, es una monotonía copada. Leer, tomar café, ir a jazz, mirar películas, escribir las estupideces que se me ocurren, tirarme en la cama a escuchar música, ver a las chicas, dormir. I like it.
9.1.10
qué cosa, che
¿Basta había dicho? Jáh, qué chistosa. Como si no hubiera sabido que cuando me preguntaras si no quiero ir a-donde-sea te iba a decir que sí y me iba a olvidar todo eso de pará, esto te hace mal, no seas gila, es enfermizo y que no me iba a importar haber tenido los ojos hinchadísimos toda una semana y que iba a quemar todas las películas que me había hecho en la cabeza.
Confío en que este revoltijo se me pase cuando me vaya todo febrero a un mundo de ríos y montañas y sierras y cielos negros estrelladísimos y caminitos que suben y bajan y doblan para cualquier lado y un "centro" que tiene cuatro cuadras y una heladería increible y un flaquito-que-ayuda-en-la-verdulería que me mira (y yo lo miro) y un cine-de-pueblo que me encanta.
¡Ah! No era que los reyes hubieran decidido no regalarme nada, no. Era que habían colgado.
CH by Carolina Herrera IS MINE! y es taaaaan rico☺
Confío en que este revoltijo se me pase cuando me vaya todo febrero a un mundo de ríos y montañas y sierras y cielos negros estrelladísimos y caminitos que suben y bajan y doblan para cualquier lado y un "centro" que tiene cuatro cuadras y una heladería increible y un flaquito-que-ayuda-en-la-verdulería que me mira (y yo lo miro) y un cine-de-pueblo que me encanta.
¡Ah! No era que los reyes hubieran decidido no regalarme nada, no. Era que habían colgado.
CH by Carolina Herrera IS MINE! y es taaaaan rico☺
18.10.09
back
Volví. Lamentablemente, volví. Pero, por suerte, volví.
Volví más quemada, más flaca, con el pelo más suave, con las piernas raspadas.
Volví más segura, más yomisma, más popurrí-de-pedacitos-de-otros, más tolerante, más alegre, más abierta, más predispuesta a los cambios.
Volví pintada de risas. Volví acostumbrada a despertarme con las caritas de zombis de mis amigos sentados en el comedor improvisado de mi cabaña tomando nesquick y comiendo criollitas con casancrem y dulce de leche. Volví con la muñeca elastizada por tanto intentar hacer sapito en cada río. Volví con la manía de no tirar ninguna sobra de la cena por si a alguien le agarra hambre en la mitad de un twister, de un partido de póker o de un verdad-consecuencia estirados hasta las 4 de la mañana. Volví con la inercia de lavar los platos sin que nadie me lo pida. Volví con una carcajada asomada entre las cuerdas vocales, preparada a saltar sin razón aparente. Volví empapelada de los abrazos espontáneos más dulces del planeta.
Volví con una valija llena de ropa sucia, una bandera improvisada en una sábana, anécdotas y experiencias increíbles y 900 fotos por si me olvido de alguna.
Volví plena. Volví con la certeza de tener en la mente un rincón al cual escaparme cada vez que quiera.
Desde acá, con mi taza de café y el vientito que entra por la ventana, puedo asegurarme a mí misma que así fue la mejor manera de empezar a cerrar esta etapa. Sí, voy a extrañar las montañas, los cielos completamente negros y estrellados, los mates, las guerras de almohadas; pero acá, entre los edificios, los autos, los subtes colapsados, las avenidas casi-intransitables, viene la otra parte, la de terminar de cerrar esta etapa, acordándome y compartiendo los códigos y los chistes que sólo entendemos las sierras y nosotros 14, viendo las fotos que sólo nosotros sabemos cómo mirar.
Volví más quemada, más flaca, con el pelo más suave, con las piernas raspadas.
Volví más segura, más yomisma, más popurrí-de-pedacitos-de-otros, más tolerante, más alegre, más abierta, más predispuesta a los cambios.
Volví pintada de risas. Volví acostumbrada a despertarme con las caritas de zombis de mis amigos sentados en el comedor improvisado de mi cabaña tomando nesquick y comiendo criollitas con casancrem y dulce de leche. Volví con la muñeca elastizada por tanto intentar hacer sapito en cada río. Volví con la manía de no tirar ninguna sobra de la cena por si a alguien le agarra hambre en la mitad de un twister, de un partido de póker o de un verdad-consecuencia estirados hasta las 4 de la mañana. Volví con la inercia de lavar los platos sin que nadie me lo pida. Volví con una carcajada asomada entre las cuerdas vocales, preparada a saltar sin razón aparente. Volví empapelada de los abrazos espontáneos más dulces del planeta.
Volví con una valija llena de ropa sucia, una bandera improvisada en una sábana, anécdotas y experiencias increíbles y 900 fotos por si me olvido de alguna.
Volví plena. Volví con la certeza de tener en la mente un rincón al cual escaparme cada vez que quiera.
Desde acá, con mi taza de café y el vientito que entra por la ventana, puedo asegurarme a mí misma que así fue la mejor manera de empezar a cerrar esta etapa. Sí, voy a extrañar las montañas, los cielos completamente negros y estrellados, los mates, las guerras de almohadas; pero acá, entre los edificios, los autos, los subtes colapsados, las avenidas casi-intransitables, viene la otra parte, la de terminar de cerrar esta etapa, acordándome y compartiendo los códigos y los chistes que sólo entendemos las sierras y nosotros 14, viendo las fotos que sólo nosotros sabemos cómo mirar.
9.10.09
5 horas faltan, en CINCO HORAS sale mi micro
ansiedad, felicidad brotando de cada poro, de cada milímetro cuadrado de mi ser, miedo por haberme llenado al pedo de expectativas, ganas de estar YA sentada en ese asiento mirando como queda atrás la terminal y viendo que tengo por delante TODO, ganas de no irme nunca porque no quiero que se termine nunca, ganas de estar de vuelta y tener grabada en la piel y en la memoria esta experiencia, ganas de tener el reloj de Bernardo para parar el tiempo en cada momento y lograr retener en mis retinas cada minucia, cada sensación, cada grito, cada risa, cada mate, cada caminata, cada comida, cada estrella, cada sierra
PUF! desaparecí
ansiedad, felicidad brotando de cada poro, de cada milímetro cuadrado de mi ser, miedo por haberme llenado al pedo de expectativas, ganas de estar YA sentada en ese asiento mirando como queda atrás la terminal y viendo que tengo por delante TODO, ganas de no irme nunca porque no quiero que se termine nunca, ganas de estar de vuelta y tener grabada en la piel y en la memoria esta experiencia, ganas de tener el reloj de Bernardo para parar el tiempo en cada momento y lograr retener en mis retinas cada minucia, cada sensación, cada grito, cada risa, cada mate, cada caminata, cada comida, cada estrella, cada sierra
PUF! desaparecí
3.10.09
happy
Así estoy, como en la foto: chillonamente feliz (y con 15 años más).
He descubierto que es imposible que Regina Spektor me cante sus geniales canciones sin que mi felicidad se potencie escandalosamente. Ahora, por ejemplo, la felicidad me brota por los poros. Es uno de esos momentos en los que digo ¡LA PUCHA! qué bueno todo esto.
Resulta ser que, de repente, parece que estoy terminando 5to año y que así como así (mentira, costó un montón y no me refiero a lo económico) me-voy-de-viaje-de-egresados-la-semana-que-viene.
Cuando dije que costó un monton y que no me refería a lo económico, lo dije porque no me voy a Bariloche ni a ninguno de los lugares usuales y no hay ninguna empresa implicada.
En el momento en el que vinieron de las distintas empresas a plantearnos las propuestas para elegir, estuvimos todos muy emocionados, pero somos un curso jodidamente colgado, por lo que no pudimos decidirnos y empezaron(mos) a saltar algunos con que no estábamos(ban) muy seguros con respecto al típico viaje. Obvio que no íbamos a quedarnos sin viaje, pero empezamos a ver cuántos éramos y nos dimos cuenta de que éramos más los que preferíamos alguna cosa diferente, sin tanto sexo, drogas y rock an'roll, algo más tranqui y, sobre todo, algo más barato.
Cabe aclarar acá que pertenezco al grupo de "nerditos", por decirlo de alguna manera :)
Cuestión, nos pusimos media pila y empezamos a averiguar y a comparar y a averiguar más y, finalmente, encontramos unas genialísimas cabañas en un re lindo lugar de Córdoba que nos venían como anillo al dedo para lo que queríamos de un viaje. De repente, me di cuenta de que teníamos las reservas hechas y los pasajes de micro en la mano.
Lo curioso es que de un curso de 26, los que nos vamos a este viaje-extraoficial somos 14 y los que se van a Bariloche son 4 (los otros son a-viajeros o plenean algo para el verano).
En fin, a la felicidad que me provoca saber que voy a tener el viaje que YO quiero con la gente que de verdad quiero, se suma la enormísima satisfacción de saber que después de todas las idas y vueltas, después de todas las discusiones, después de todos los cambios, después de miles de vamos-novamos-vamos-novamos, logramos armar un itinerario a nuestro gusto, con nuestras reglas, sin consultarlo con nadie más que con nosotros (a nuestros viejos les tiramos la posta una vez que teníamos casi todo organizado y sólo faltaban solucionarse detalles y los temas financieros de los cuales no podíamos encargarnos). Es increíble sentir que este viaje no me pertenece sólo por el hecho de que voy a ir yo, sino por el hecho de que yo (junto con los otros 13 lindos) lo armé, lo cual lo hace más mío aún, completa y absolutamente mío. Y me voy el viernes.
Y Regina, que me dice que you are my sweetest downfall, definitivamente hace que todo se vea y se sienta aún mejor.
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