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4.1.12

ahá, buenísimo, ¿querés que te aplauda?

Hace un tiempo que me vienen dando un poco de asquito las parejitas súper acarameladas
que demuestran su amor en público excesivamente. Digo, estamos en un colectivo, estamos en verano,
hay 936 personas alrededor, ¿es realmente necesario que se pongan a apretar en el medio del pasillito y a decidir, en ese preciso
momento quién ama más a quién? Chicos, economicemos espacio, en serio, quiero llegar a la puerta y no quiero
tener que pasar por el medio de su acaramelado beso. Gracias.
Bueno, pero además parece que estoy un poco distanciada de los sentimientos en general, excepto en lo que refiere a mi mejor amiga, quien se va por 10 días de vacaciones, sin mí, y a quien voy a extrañar mucho.
Pero nada más que a ella.
Esto viene al caso porque en los últimos (voy a decir un número, pero no podría asegurarlo) 6 días me dijeron
que estoy
a) muy perra,
b) muy fría,
c) muy cruel,
d) muy conchuda,
e) muy bitch (usaron esta palabra, no lo estoy traduciendo yo)
Es como que de pronto sólo quiero plata. Me resbalan los dramas, me resbalan un poco los corazones.
Quiero plata porque, ya lo dijo la gran Liza 

24.12.11

redondeando

Cuando alguien habla más de la cuenta o se va por las ramas o entra a charlotear de algo que a nadie le interesa
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.

12.12.11

es como que estoy poseída

Verdaderamente creo que el espíritu de Cris Morena se me metió por la nariz.
Posta.
No sé si no qué onda.
Salí al balcón aprovechando el vientito para despedir mi última noche de casa mía sola. Salí al balcón 
como si fuera Scarlett Johanshon y tuviera derecho. Me refiero a que salí al balcón en remera, culotte y saquito (por el vientito el saquito). 
Vientito. Viento. Ese frescor que no sentía hacía mucho. Salí y me estiré en el piso de mi balcón, que no es muy amplio, pero alcanza.
Salí y no sé. Empecé a pensar. 
¿Viste cuando pensás? Parecía que pensaba como cuando es fin de año y uno piensa en todo. No estamos tan lejos de fin de año igual, pero todavía no es momento de pensar en todo. O sí, no sé. 
La cuestión es que yo estaba ahí, tirada, pensando en todo, teniendo un toque de frío, pero frío bien, ese frío que decís "qué lindo frío". Y estando así tirada mirando el cielo, que no está particularmente bonito, me puse a pensar en qué bonito todo. 
En realidad no, no qué bonito, sino más bien "qué bien todo". No sé muy bien a que me refiero con "qué bien todo". 
Estaba así tirada, pensando, y se me ocurrió preguntarme, si tuviera una máquina del tiempo, a dónde volvería, en qué lugar me gustaría aparecer o en qué momento querría quedarme. Me puse a pensar y se me ocurrieron muchísimos momentos realmente geniales, muchísimos lugares alucinantes a los que podría llegar querer aferrarme, pero ninguno me cerraba, ninguno, incluso los que me parecían más que obvios hasta hace no mucho. 
Y ahí me di cuenta de que estaba definitivamente poseída por Cris Morena. 
Llegué a la conclusión de que no volvería a ningún lado, me quedaría hoy, en mi balcón, con el vientito, con el cielo que ni fu ni fa. Me quedaría (guarda con esto) con lo que tengo ahora porque esto es lo que soy, lo que fui haciendo. Me quedaría con las baldositas de mi balcón esta noche, sabiendo que eso significa que me falta cerrar muchas cosas, que no estoy ni cerca de poder empezar tantas otras y que hay otro montón de cosas que ya no van a volver. Y (sigo, eh) me quedaría con todo esto no sé por qué. Porque es mío. Porque estoy rodeada, de repente, de dramas que valen la pena ser dramatizados. Eso. Eso. Son dramas bien encaminados, que no sé cómo irán a terminar, pero que me dan ganitas de hacerlos llegar a algún lado. 
Después se me ocurrieron muchísimas estupideces, cosas que exceden a lo que una le atribuiría a estar poseída por Cris. Ahí decidí entrar. 
Igual la sensación no se fue (y espero que se quede un tiempitín más, porque es realmente linda). 

1.12.11

¡holi, qué tal!

Volvimos, ¿volviste?
Está bueno esto, eh. O sea, estoy medio densa porque me volví una persona medio asquerosamente feliz y optimista. Volvió la copada que dibujaba zapatos y mujeres sexys de perfil con Regina de fondo, la que volvía de jazz cantando lo que acaba de bailar y baila mientras espera en el semáforo. 
Volvió una flaca a la que no conocía, que hace semanas que no llora, que le encuentra un lado positivo a todo, ese lado que antes tenía que venir de afuera.
En fin. Me da asco leer lo que escribí, estoy empalagosamente bien, así, conmigo. 
Me volvieron a entrar dos jeans que no me entraban. Mañana no me tengo que levantar a las 6. 
Tengo una playlist para hacer un show en vivo en mi living (esos shows de micrófono-desodorante, remeras y shortcitos que hace mucho me quedan chicos y peinados según la canción).
Y estoy tan bien que no puedo dejar de escribir. Qué hija de puta. 
Que alguien venga y me ponga triste de una trompada. 

16.11.11

CHAU

Pero chau bien. Chau de basta, ya fue, estoy absolutamente entregada (obviar aspectos sexuales).
Basta de gastritis por estrés. Basta de granitos que deslucen a mi (ex)divina y sedosa espalda.
No es mi culpa, ¿qué querés que haga? Nada voy a hacer, te mando un besote enorme y manejate.
Dejame con mi té, con mi café, con mi manzana roja, fría y que hace crunch. Dejame con mis apuntes despelotados con dibujos de zapatos traspapelados por ahí. Dejame sin novedades pero llena de cambios. Dejame con mis sandalias nuevas y mis remeras viejas.
Chau, me voy a bailar, a estudiar, a cocinar, a hablar por teléfono, a conocer al amor de mi vida (o al menos al chongo de mi verano), a juntar plata, a ordenar prioridades, a pegarle una patada en el orto a la drama queen que ya me tiene un toque infladitos los ovarios apareciendo de repente y haciendo que me ponga a llorar sobre el apunte de las ramas del trigémino.

(Cuando era chica me encantaba Thalía y me subía a los sillones con mi micrófono-desodorante y cantaba esto y esto otro, entre otras cosas, pero esas dos son como re oportunas. A Thalía también le mando un besote re grande).  

2.9.11

old stories

Chusmeando archivos del año del jopo, encontré una historia que escribí hace como 6 años donde por alguna confusa razón una chica y un chico que no podían estar juntos finalmente lograban estar juntos y justo ahí ella se tenía que ir a Londres por trabajo y él le prometía que ese mismo día del año siguiente la iba a ir a buscar para quedarse con ella (todavía no había visto Antes del amanecer, así que no es plagio) y la útlima cosa que ella le decía cuando se despedían era "nos vemos en Londres". Un año después ella lo estaba esperando en Heathrow y escuchaba en la tele que había explotado un avión que llegaba desde Buenos Aires.
Malísimo, juro que volvería y me pegaría un par de sopapos. 

17.8.11

aprrrrr

Querés pero no sabés, no podés, no entendés, no tenés, no llegás, no terminás, no ves, ¿no avanzás?, no, no encontrás. No te encontrás.
¿Y qué vas a hacer?
Cierto. No sabés.

2.8.11

ahora

Como esos frascos de mostacillas en donde iba poniendo las que encontraba por ahí o las que no tenían cajita propia o las que me regalaban. Así de surtida, desordenada, mezclada, revuelta, garabateada.
Como cuando en Juego de gemelas las chiquis empujan la colchoneta de Meredith al agua y la mina se despierta sola, flotando, sin nada de qué agarrarse.

19.7.11

iupi

Me está gustando esto. Me gusta estar dándome cuanta (un poquito, al menos, no nos emocionemos tampoco) de qué necesito y me gusta todavía más conseguirlo (gracias Mr. Mes de Julio, te portaste). Y me gusta estar empezando a sentir que me estoy empezando a sentir bien y me gusta que aunque no me vaya a la costa bajé un par de kilos (qué tenía que ver...) y que a mi viejo le regalaron un suéter horrible de Kevingston y como a él le da paja ir a cambiarlo voy a ir yo a cambiarlo por algo para mí. Y me gusta que hoy me voy a cortar el pelo y van a volver esos mechones sobre la cara.
Y me gusta haber recuperado las ganas, si no de algo en particular, por lo menos las ganas de tener ganas.
Y esta canción es re linda y la escucharía hasta morirme, aunque el principio sea medio chotito y aunque ya la haya subido acá una vez.

3.7.11

disculpe las molestias ocasionadas

Este va a ser un post largo, desordenado, probablemente cursi, en muchos sentidos desubicado y, muy posiblemente, aburrido (para cualquiera que no sea yo, que lo estoy escribiendo). Es domingo a la noche y los domingos a la noche, más que nada los últimos, estoy tan harta, tan cansada, tan muéransetodos, que no me importa, necesito sacarlo, escupirlo, vomitarlo, desparramarlo.
Me percaté de que hace mucho que no escribo en segunda persona. En una específica segunda persona. Es bueno eso, porque pensé que me iba a ser indispensable escribir en segunda persona por mucho tiempo más, pero no. Hoy me doy ese lujo por la sencilla razón de que es domingo a la noche, y ya dije qué pasa un domingo a la noche.
Sinceramente, no creo que alguna vez vayas a leer esto, dudo que hayas leído más que dos o tres textos alusivos o algo después del 1 de mayo, que fue una noche bastante desagradable. No importa. Me descarga más si escribo en segunda persona.
Hoy me di cuenta de que el jueves es 7. Es un día bastante significativo por dos razones. Primero porque rindo histología, jodido. Segundo, porque es 7 de julio. Un año desde que te dije "el chico sin la rosa en la cabeza", y me sonreíste y entramos en Starbucks (capaz ni te acordabas, o capaz ni sabías que había sido 7, pero bueni). Qué sé yo, cosas que pasan. Probablemente (no, probablemente no, seguramente) no sea lo ideal hablar de estas cosas ahora, no tienen ningún sentido, pero todavía es domingo.
Me di cuenta, también, de que ya hace bastante que no duele. No duele para nada. Ahora, eso no implica que (de esto también me di cuenta hoy) no haya pasado un sólo día sin que aparecieras, aunque sea un ratito, en mi cabeza. A veces pesa más, a veces pesa menos. No duele, y recién estamos empezando julio (eso quiere decir que todavía no es agosto... y ya no duele). A veces, cuando esos ratitos se prolongan más de lo que quisiera, me pregunto si en algún momento esos ratitos van a dejar de existir, si en algún momento vas a ser un recuerdo que reviso cada tanto, si quiero que en algún momento te apiles con los demás recuerdos. Claramente no lo sé (si no puedo decidirme por empezar teatro, danza contemporánea o volver a árabe, menos puedo decidir algo tan abstracto y gordo... y no, no te estoy diciendo gordo).
Siento que pasó una eternidad, mucho más que dos meses (bueno, oki, pasaron más de dos meses, no importa). El viernes pasé por esa esquina, que ahora me cae bastante mal, y me puse a llorar sin querer, sin pensarlo. Por suerte estaba yendo a jazz y se me pasó rápido. Y me di cuenta de algo más. Me di cuenta de que empezó a doler menos (y dejó de doler) cuando, de alguna forma, me empecé a enojar. Es TANTO más fácil estando enojada, pero TANTO, que no se puede creer. Y no es que tenga una razón coherente, no, no, pero la distancia hace eso, hace que una pueda manejar los recuerdos como más le plazcan (tampoco tanto, pero se entiende el punto), y si quiero darles color enojoso, listo, lo hago. Y lo descubrí hace no mucho, y fue útil. Obvio que no es nada personal, de hecho estoy esperando a poder dejar de hacerlo y que siga sin doler. Pero por ahora estoy así, no sé si bien, pero estoy así, tengo un rimmel nuevo y empecé a hacer dieta para bajar los kilos horribles que me di el lujo de subir para llenar ese vacío de gila descorazonada. Estoy así, pensando en irme a la costa con mis amigas, pensando en eso y pensando en que si estoy enojada es más fácil. Pensando en que todo me toma mi tiempo, mi bueeeeeeeeeen tiempo (nada nuevo igual, por algo este blog se llama como se llama, por algo una justificación que se usa mucho a mi alrededor es "bueno, sos Gabi") y que esto claramente no es la excepción, pero que lo estoy manejando muchísimo mejor de lo que jamás pensé que lo iba a poder manejar (aunque parezca que estoy hablando de algo que pasó hace 3 días y eso le saque seriedad a todo lo que estoy diciendo). Y ya que estamos siendo sinceros (bah, yo estoy siendo sincera... y tampoco sé bien para con quién), voy a decir que es obvio que de a ratos me agarran esos ataques de fantasía, de palabras que alguuuuuuuna vez dijimos (dijiste, básicamente) y que ahora, vistas desde este otro lugar (bueno, malo, blanco, negro, sí, no, 12 de la noche), podrían cobrar otro significado. Me agarran esos ataques, más que nada, cuando miro series, particularmente, The O.C. (Detalle: en la segunda temporada, si no me equivoco, una vez Ryan va a la casa de Lindsay a decirle que quiere salir con ella o que lo quiere intentar o algo del estilo, y ella le dice que no, que ya no, no me acuerdo por qué, y se vuelve adentro a estudiar. Un rato después, la muy forra (muy forra conmigo, claramente) lo va a buscar y le dice, textual: "cuando estudio pongo al final de la página un puntito rojo por cada vez que tuve que leer esa página, y así mido qué tan concentrada estoy. Cuando te fuiste me quise poner a leer. Al final de la página había 11 puntitos". Ahí lloré como una conchuda, lloré muchísimo, puteé como la mejor, les pegué innumerables patadas a los pufs y revoleé como tres peluches). Series de mierda que hacen que una se imagine cosas que no. Series de mierda que hacen que me acuerde de cosas que me complican horriblemente creerme que estoy enojada y que hacen que encontrar cosas que pensaba que tenía guardadas, que tenían que estar guardadas (como una cuerda de una guitarra, por ejemplo, o un cd de canciones para dormir) sean un baldazo de agua helada con un frío como este.
Bien, tal y como advertí, post largo, aburrido, denso, sin sentido (para todo el mundo, claro, menos para mí), desordenado y desubicado (para vos, si es que lo llegás a leer alguna vez).
Ah, ¿sabés qué más? Me di cuenta de que nunca te etiqueté.
Mala mía.
Y espero que estés bien, verdaderamente bien.

(está todo bien, porque todavía es domingo, todavía vale escribir cosas así sin ganarse insultos)

18.6.11

no es por nada, PERO

Yo banco la rutina. Y no me refiero a rutinas aburridas y desgastantes. Me refiero a tener una rutina para la vida, para saber qué viene y no morir de desorganización. Soy partidaria de empezar el año armando una rutina lo más placentera posible para tener un caminito más o menos establecido y no tener que ir poniendo baldosas antes de cada pasito.
La cuestión es esta: de vez en cuando es necesario que algo rompa esa rutina. Y eso estoy necesitando, un quiebre chiquito, como la zucarita súper pegoteada y azucarada que aparece de vez en cuando en la caja de zucaritas (okey, es la segunda vez que uso este ejemplo) o el pedazo de chocolate gigante que mordés cada tanto en el dulce de leche granizado. Eso.
Y ponele que ahora estoy re desrutinizada porque el viernes tengo el paracial de anatomía y después muchos parciales re gordos y aterradores re seguido y estoy tan histérica y ciclotímica y ojerosa y kshjksdrgnkjsdrg como nunca en mi vida, pero eso no cuenta. Así que cuento con que finales de junio y julio hagan magia con mi vida (otra vez).

4.6.11

re random

Me gusta cocinar para mis amigas. Me encanta, de hecho. Me gusta tener que ordenar la casa, aunque sea un poco, porque vienen mis amigas. Me gusta mucho el concepto de "las chicas", supongo que porque me costó muchísimo hacerme un "las chicas".
Me gusta también estar sola a la noche y poner música fuerte y de a ratos bailar en el lugar de la casa que pinte. Me gusta sonreír cuando bailo y no darme cuenta de que estoy sonriendo hasta un ratito después.
Me gusta descubrir música nueva mirando series (que viva The O.C.). Lo que sí, no me gusta mucho mi estado últimamente. Demasiado revoltijo por todos lados, demasiada fuerza para encontrar un fucking eje que nunca termina de ser y ya se está desacomodando de nuevo. Estoy hecha una especie de histérica de mierda, hablando mal y pronto, vio. Pobre la gente que me soporta así, porque yo no me soporto mucho... casi nada en realidad. Pero me gusta que mi ropa tenga olor al perfumito de chicle que me compré el otro día. Y no me cabe que recién sea junio (pero no me cabe ni una pizquita eh, nada), quiero que ya sea agosto, septiembre, por ahí. Pero a la vez no puedo creer que ya sea junio. Es el mes seis. Mitad de año.
La pucha, che.

29.5.11

tengo ganas

Tengo unas ganas bárbaras de un montón de cosas. De cosas re abstractas, de cosas concretas, de cosas ridículas. De cosas que tengo ganas siempre. De cosas que no tenía ganas antes.
En principio tengo muchísimas ganas de subir a la terraza y putear. Así, al aire, a todo, a todos. Ahí ya se me complica un poco. No da.
También tengo ganas de volver a Londres. Pero no es un tengo ganas a futuro, así como proyecto, como algo para planear y organizar. No. Realmente tengo ganas de agarrar mi mochila, mi cámara, mi mp5, un libro (por las dudas), un cuaderno, mi cartucherita e irme ahora. Y no son ganas onda uh, sí, estaría re bueno, no? jaja, sí. No. Son ganas en serio. Ganas de irme a la mierda. Ganas de caminar por el Támesis hasta que empiece a oscurecer y después tomarme un café en el Soho y a la noche caminar por Oxford Street, con todos los negocios cerrados y las vidrieras alucinantes todas iluminadas y los carteles y los colectivos.
Tengo ganas de que desaparezcan las sensaciones de mierda cuando las digo.
Tengo ganas de dejar de dudar.
Tengo ganas de reirme a carcajadísimas. Hace siglos que no me río a carcajadísimas.
Tengo ganas de tener ganas de comprarme ropa.
Tengo ganas de no extrañar la música. Tengo ganas de que se haya terminado el año (al horno, todavía no empezó junio).
Tengo ganas de tener ganas de llenarme de canciones nuevas, pero no quiero, sigo con la misma playlist.
Tengo ganas de bajarme un kilo de helado de dulce de leche tentación, ese que tiene dulce de leche de verdad.
Tengo ganas de acurrucarme a mirar una película con una tazotota de nesquick y dos frazadas.
Tengo ganas de tener ganas de que llueva.

27.5.11

¡qué obse!

Mientras me hacía el café me di cuenta de que tengo ciertos hábitos de obsesiva (como todo el mundo), por ejemplo:
cuando le pongo edulcorante a algo, necesito que todos los sobrecitos que uso tengan el "Hileret" para arriba; cuando como manzana, ya sea roja o verde, como la cáscara (primero en círculo el medio, después arriba y después abajo) y después la pulpa (primero el centro, después el resto) y si alguien me pide un pedacito, miro mal (pero sólo con la manzana pasa, con lo demás no); cuando leo un libro y tengo que parar, tengo que haber terminado la página de la derecha y tiene que haber un punto al final, si no, no; si cuando salgo de casa no tengo las monedas para el colectivo en el bolsillo de atrás del jean, va a ser un mal día (aunque el colectivo tenga que tomarlo 4 horas después a 15 cuadras de mi casa); cuando me baño, necesito que la guarda del toallón esté a mi derecha y del lado de atrás, o el día siguiente va a ser muy malo.
Y probablemente haya más que ahora no recuerdo.

24.5.11

la nerd que siempre quisiste ser

Hoy noté cómo se incrementó el número de entradas de este coso desde que empecé la facultá. Es raro, porque antes de empezar creía que iba a ser al revés. Creía -y quería- que no iba a tener tiempo para nada, que iba a ser una re busy girl, que iba a tener que andar de acá para allá, que me iba a tener que acomodar los horarios del laburín haciendo equilibrio, que iba a tener un novio que me reprochara verme sólo una vez por semana, amigas a las que iba a tener que hacer malabares para ver y que iba a estar felizmente inmersa en la vida re ajetreada de estudiante universitaria con mil proyectos chiquititos para pulir todos los días. Pero no.
Curso tres veces por semana clases que me queman la cabeza (ojo, me encantan) y el resto del tiempo estoy encerrada en mi casa, estudiando (y cada vez que quiero una excusa, vengo y escribo alguna pelotudez acá, por eso tantas pelotudeces últimamente). El laburín lo tuve que dejar. Una hora y media semanal de jazz no me alcanza para relajar ni un quinto de lo que me gustaría, pero no tengo tiempo para más. Lo del novio te lo debo. A mis amigas no las veo nunca. Gracias que hablo por teléfono y mando mensajes antes de dormirme o durante teóricos aburridos. Lo de acá para allá podría ser, si consideramos acá mi casa y allá la facultad, porque no voy a ningún otro lado (salvo a los chinos a comprar manzanas). Ojo, no digo que el estrés y el malhumor permanente no tengan cierto encanto. Después de todo, me gusta estudiar las cosas que tengo que estudiar, me gusta quejarme de que tengo olor a formol hasta en el corpiño, me gusta usar guardapolvo y guantes y decir cosas como este debe ser el peróneo corto porque se está insertando en el 5to metatarsiano, me gusta poder quejarme de lo cansada que estoy y que no me digan nada porque no tengo ganas de lavar los platos, me gusta que me cocinen rico los fines de semana porque pobre, está estudiando todo el día, me gusta decir acabo de llegar de la facu.
Lo que no me gusta es estar tan monótona. No tengo de qué hablar ya. Adentro tengo una mini pimer. En realidad no es que no tengo de qué hablar, es que necesito hablar siempre de lo mismo. Giro siempre en torno a las mismas dos cosas. Todo el tiempo. Me da vergüenza incluso llamar a mi mejor amiga. Pienso que si yo fuera ella, estaría un poco cansada de mí y de mis llamados y de mis mensajes de texto.
No sé, supongo que esto pasa cuando tenés, inconscientemente, expectativas demasiado altas y te chocás con la posta, de pronto. Tenés una torrecita de yenga re linda y prolijita y venís re bien, hasta que sacás esa maderita y se te va todo a la mismísima mierda. Son cosas que pasan. Ya sé que no es terrible. Ya sé que a todos (o a muchos) les pasa, ya sé todo eso. Ya sé que va a pasar tarde o temprano (más tarde que temprano, conociéndome). Pero necesito que alguien me diga que sí, que es una mierda, que qué bajón, que no es absurdo y de chiquilina que me agarren ataques de llanto en el medio del colectivo. Que no es absurdo ni ridículo y que voy a poder hacer que esté todo bien, aunque mi jansport violeta, últimamente, esté más pesada que nunca, aunque los nudos en la espalda tengan vida propia, aunque antes de dormirme piense en el recorrido de qué nervio me van a preguntar en el examen, aunque haya engordado terriblemente, aunque las ojeras me hayan llegado a la mitad del cachete.      

22.4.11

19

Le ganó por lejos en raro a todos mis cumpleaños, y eso que todavía no termina.
Es viernes. Llueve. Pienso que hay cosas que podrían estar mejor, pero me sale decir que el día no podría ser mejor.
A la noche vienen dos amigas a cocinarme comida sorpresa. Mis viejos me despertaron con un nesquick y me regalaron un libro y mucha ropa genial. Estuve toda la tarde estudiando temas re interesantes. Mis amigas se quedan a dormir y mañana vamos a estudiar todo el día hasta la noche, que viene el resto de mi patotita a comer choripanes. De repente, mientras estudiaba las características histológicas de las glándulas exócrinas, miré por la ventana, una de las tantas veces que empezó a llover después de parar por un ratito. Y cuando miré por la ventana se me aclararon un montón de cosas, así, de pronto. Me sentí tranquila de una manera muy extraña.Y después me tomé un cortado con una espumita re rica. Tengo 19. Tengo más de 18. Ahora soy re mayor de edad. Y me miro en el espejo y digo cheee, tenés 19 años, qué genial, ¿no? y pienso que me gusto lo suficiente, que me siento linda y que es una buena sensación. Y pienso que, últimamente, estoy teniendo muchas sensaciones buenas. Y que el hecho de que sean buenas no necesariamente quiere decir que sean felices. Son buenas, nada más. Y eso está bueno.
Y no sé, feliz 22 de abril para todos. Pero más para mí, porque es mi cumpleaños y, por lo tanto, recibo mimos, regalos, comida rica, mensajes de texto y llamados. Y además es viernes y llueve y esa es una de las acepciones de felicidad.

20.4.11

dale boluda, tomate tu tiempo

Hoy, mientras me explicaban la diferencia entre tejido conectivo colágeno laxo y tejido conectivo colágeno denso, me di cuenta de que estaba en primer año de medicina. EN PRIMER AÑO DE MEDICINA, ¡¿TE DAS CUENTA?! Porque yo me di cuenta hoy.

11.4.11

spm permanente

Quiero llorar y me empiezo a reír. Hablo muy rápido y digo muchas cosas por segundo y cuando no se entiende me da paja repetirlo. Quiero levantarme a las 2 de la tarde y mirar películas todo el día y después quiero levantarme a las 6 de la mañana, hacerme un café y estudiar hasta que sea de noche. Tengo ganas de comprarme mucha ropa, pero me da paja tener que probármela y explicarles a los vendedores qué quiero. Me aburre haber llegado al límite de las combinaciones obvias con mi ropa pero me da paja inventar nuevas. Mi pelo está divino, pero de repente se engrasó y al rato está divino de nuevo. Muero de hambre pero quiero vomitar. El café de mi cafetera me encanta, pero el café con leche con café de mi cafetera me parece asqueroso. Tengo que ir a repasar lo de anatomía pero quiero ir a leer embrio y me da paja levantarme de acá. De pronto quiero dejar todo, anotarme en un curso de maquilladora y vivir de eso, y al ratito quiero vivir en la facultad, devorarme todos los libros, ser una nerdita-10 y hacer la residencia en el mejor hospital y después, claramente, me da paja porque faltan 7 años para eso. Tengo ganas de hablar pero me da paja explicar las cosas, sería más fácil si pudiera transmitir ideas telepáticamente. Quiero que me pregunten qué me pasa pero me da paja entablar una conversación al respecto. Mis hormonas están de acá para allá, van, vienen, se cruzan, colisionan. La señora que limpia mi casa entra silbando y pone una radio donde hablan unos hombres sobre la iglesia y después hay gente hablando en portugués y, por último, pasan canciones de Juan Luis Guerra. Y mis hormonas hacen que me cague de risa y que quiera asesinar a alguien, todo a le vez. Y me enojo cuando les doy clase a los nenes y no entienden lo que les digo, pero odio que sus madres les griten y los traten mal cuando no entienden, porque ellas tampoco entienden la distributiva, viejas gordas feas. Y falta poco para mi cumpleaños y estoy deseosa de regalos. Y no sé. Escribí un montón para compensar las entradititas cortititas, o porque tenía ganas en realidad.

30.3.11

jfgbjfgbjbjsz

Por primera vez, después de 6 años, pisé una peluquería para algo que no fuera depilarme ni hacerme las manos. Me corté el pelo. MI pelo, larguísimo, lacio, parejo. Sigue estando larguito, pero ya no está parejo y, por lo tanto, no está lacio.
Quería empezar la facultad con algo nuevo, algo que no tuviera siempre que arranco algo nuevo. Tengo los cuadernos, la cartuchera, el morral y la ropa de siempre. Tengo las expectativas y las suposiciones. Y, por supuesto, tengo el miedo de siempre y las lágrimas de siempre.
Bueno, ahora también tengo un pelo con movimiento y ondas re sexys y mis puntas ya no son las puntas florecidas de siempre.
Medicina, agarrate.

17.11.10

se complica

Quiero escribir miles de cosas pero no las escribo. No las escribo porque cuelgo. Cuelgo porque estoy feliz. Quiero escribir miles de cosas porque estoy feliz. También debería estar repasando para mi parcial del viernes, porque después de todo para eso dije que esta semana no trabajaba, pero no. En cambio estoy acá escribiendo que no escribo. Además de no escribir porque cuelgo, no escribo porque cuando empiezo a escribir las cosas que quiero escribir, se me hacen como escritas por una niñita de 13 años, así de bobas y excesivamente azucaradas. Y además porque podría suceder que las leyera alguien que me da vergüenza que lea. Entonces se me complica, viste. Y también me di cuenta de que los blogs felices tienen menos onda que los blogs de quejas o bajoneros o de gente que está pasando un momento de mierda. Que viva el morbo.
Puse muchas veces "y".

Chau, me voy a ver si se me va la vergüenza y escribo igual cosas que, de todas formas, nadie va a leer porque son cosas felices y a nadie le interesan las cosas felices.