Mostrando entradas con la etiqueta qué le pasaba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta qué le pasaba. Mostrar todas las entradas

16.3.14

Años luz de sabér realmente qué quiero, cómo lo quiero y a años luz de llegar a ese punto.
No está mal, porque el camino lo tengo. Creo.
Años luz de tener certezas absolutas.
Años luz de entender por qué quiero llorar.
Años luz de entender por qué no entiendo si hasta hace un par de días entendía.
Años luz de bancarme cosas que me hacían mal. Años luz emocionales, pocos meses reales. Es como la equivalencia entre nuestros años y los años de los perros, o de las mariposas.
Años luz de sentir cosas que me necrotizaban pedacitos de alma y de cerebro.
Años luz de gente con la que no quiero cruzarme nunca más, pero que a la vez espero cruzarme en 20 años, espero poder abrazar a esa gente y decir "che, tanto tiempo, ¿qué es de tu vida?".
Años luz de esconderme de lo que no estaba tan bueno sólo por el miedo a que fuera peor.
Hubo un momento donde, desde lo más profundo, creía que antes había sido más feliz. Todo tiempo pasado fue mejor.
NO. MENTIRA. Me da placer decir y creer, tan profundamente como antes, que lo que pasó es lo que fue y nada más. Estuvo buenísimo, fue una mierda, me sirvió para entender, para aprender, para relajar (un poco). Lo realmente bueno es lo que se viene. O al menos pensar que lo realmente bueno es lo que se viene. Si no, ¿para qué? ¿para qué escribiría? ¿para qué dibujaría? ¿para qué estudiaría medicina? ¿para qué sería ayudante de cátedra? ¿para qué bailaría? ¿para qué querría viajar? ¿para qué trataría de solucionar los ratos de angustia con chocolates y novio? ¿para qué me hubiera enamorado? ¿para qué, si no pensara que lo que está por venir es siempre mejor? ¿para qué me compraría ropa de fiesta a pesar de que salgo con menos frecuencia que la del 180? Porque espero que cada día sea mejor que el anterior, porque espero que este año sea mejor que el anterior y que el que viene supere todavía más a este.
Uh, re densa. Me puse re densa mal. Es que estuve comiendo un dulce de higos increíble (sin azúcar, ideal para ataques de ansiedad), pero re denso. Como yo.
Creo que acabo de ver salir por la puerta de calle al primer bajón de domingo del año.
Y ahora que se fue, puedo seguir preparando mi clase.
Sean felices, caminen mucho, coman chocolate, usen perfume para la ropa y aritos de colores. Y calzoncillos y bombachas divertidas.

8.2.14

Llueve como me gusta.
Me voy a Londres en cuatro días. Hoy hice la valija.
Me tomé un matecocido con leche re rico con galletitas de limón que cociné ayer.
Está buenísimo todo, posta.

Y por alguna razón tengo unas ganas de llorar que me muero y como como una cerdita a pesar de mi gastritis.
Alprazolam ven a mí.

21.6.13

Es la histeria (que tenemos todos).
Histeria por miedo, vueltas por terror a exponernos.
Porque sí, claro, es más fácil cerrar los ojos, cerrar la puerta, taparse los oídos
y ñañañañañaña.
Arrancar una curita de un pedazo de piel que ni siquiera estaba lastimado,
tironear de los pelitos para demostrar que duele y que no queremos que duela más.
Por terror a exponernos.
Terror, terror, terror.
Por terror hacemos cada pelotudez.
"Chau"s que no tienen sentido. Lleno de esos está el asunto. Esa es una pelotudez.
La indiferencia es otra, envolverse en film, otra.
Querer encontrarte y que no me dejes, ver que empezás a trotar cuando me acerco
y que clavás un pique de puta madre cuando te toco.
Me dejo llevar por esos momentos de anestesia, cuando el café con leche endulza todo,
la frazada del domingo a la mañana suaviza todo, la lista de reproducción recién empieza,
los masajes de las dos de la mañana aflojan el universo y cuando me acompañás a casa te quedás mirándome por el espejo hasta que desaparezco por la escalera.
Por eso me dejo llevar, por todas las cosas que nos contamos en el medio
por los pensamientos almibarados que se infiltran entre los renglones del libro de inmuno y porque jugamos a ver quién saca menos la lengua como si tuviéramos 5 años.
Y me doy golpecitos cada vez. Ni llegan a ser de los que dejan un moretón chiquito,
pero son golpecitos. Chiquitos. Pero muchos, y todo el tiempo. Todo el tiempo.
Por terror hacemos pelotudeces, yo lo tengo clarísimo.
Y ahora no entiendo si me estoy endureciendo mientras pienso que me ablando
o qué onda estoy curtiendo adentro.
¿Entendés?

26.5.13

Puede que sea por todo junto o por nada en particular.
Entonces está todo realmente bien. No me dan ganas de dar vueltas, tengo ganas de gritar a los cuatro vientos todas las cosas copadas, la lista que se va haciendo cada vez más larga y que, a medida que se alarga, alarga mi sonrisa.
El pibe se adaptó a mis horarios, y los banca. Y quiso conocer a mis viejos sólo para poder venir a hacerme café mientras estudio. Y me quiere ceder su escritorio para estudiar en su casa.
El pibe me va a comprar medialunas y me lleva el desayuno a la cama.
Sabe qué decir, cómo decirlo, dónde tocar y cómo tocar.
Sabe hacerme reír. Mucho.
Me hace sentir flaca, flaquísima.
Me acompaña a mi casa desde la suya.
Me hace masajes.
De nuevo, sabe hacerme reír.
Me abraza y juro que es una burbuja, que afuera no hay nada.
Me llena de ganas de escribir, de dibujar, de bailar.
Hace que no me de vergüenza comer adelante suyo.
Hace que llegue a mi casa con ganas de ponerme a estudiar, a pesar de haber dormido 3 horas.
Hace que no me de vergüenza salir con un pibe 3 años más chico.
Hace que siempre tenga ganas de estar un poco mejor.

14.5.13

Lo malo de ser una esquizoide dramática cafeinómana es que soy re consciente de que no es tan terrible, de que el mundo gira tranqui y de que las cosas están relativamente como deberían, incluso mejores. Pero, aún así, siento que estoy en el Samba. Y eso que nunca me subí porque tengo el estómago sensible (para todo lo que no sea cafeína). Me dan ganas de cagarme a trompadas, y de última si alguien viniera y me pusiera un par de buenas patadas no me parecería mal. Esta necesidad permanente de dramatizar hace que me brote más y que me duela más el cuello. Buenísimo, sí, estás estresada, liiiiisto, pero no nos vayamos al carajo. Ya me fui al carajo igual. Claro, la piba grita de euforia o se hunde en un pozo de pena, no hay grises.
Te va a ir bien, boludita, eh.
 

20.3.13

Hace sueño y un poco de frío, está bastante bueno eso.
Tengo que terminar de leer patología metabólica, lo sé, el tema es que los acontecimientos de la última semana me pusieron bipolar, más de lo que estaba antes, ponele. O sea, si lo pensamos objetivamente es todo normal, pero para una gila como yo, que no está acostumbrada a que haya muchos cambios seguidos, esto es como una montaña rusa 14 veces seguidas, con acontecimientos standard mezclados en una multiprocesadora de esas enormes. Montaña rusa Y multiprocesadora: es too much. Es como mis zapatitos de jazz nuevos y hermosos que hacen que yo gire re linda, como un trompo en una montaña rusa, y eso no tenía nada que ver con nada, pero desde que me los compré saco el tema en todas las conversaciones porque estoy re contenta por haberme comprado zapatitos tan lindos.

12.3.13

En el intento de no convertirme en un cliché (lo cual es un cliché de por sí), terminé por convertirme en uno de los más feos. Con esto de los intentos, de tanto intentar que no me estrujen de nuevo, me volví una conchudita, de esas que uno odia, aparentemente cuasi insensible. Mi mejor amigo con muchos más problemas emocionales que yo se ríe y sus sarcasmos juegan con los míos, mi otro mejor amigo con novia ama que sea conchudita porque necesita descaramelizar su mundo goma lleno de amor y cariño, el que cortó con la novia hace poco está resentido con la vida y estimula mi jugo de limón interior con ganas, mi mejor amiga se ríe porque para ella siempre todo está bien, las chicas de la facu son dos violentas y mi conchudez potencia su violencia, a mis dos almas gemelas de la primaria las veo con suficiente espacio temporal como para que no noten que soy una basura. 
Pero la realidad es que me volví un cactus. Un cactus flaquito, bien vestido, hermosamente perfumado, con aros preciosos y un pelo de puta madre, muy muy risueño y caminata de pasarela. Soy un cactus tan cliché que me hice un recreo de lectura para venir a tipear un rato, con un café humeante y espumoso al lado, y una playlist que se llama '90s flashback, que encontré en una página muy genial pero que tranquilamente podría haber armado yo, porque soy de esas pelotudas que aplauden la infancia noventosa. El cactus cliché, con café y '90s de fondo, me hace sentir increíble y eso creo que es tan malo como cliché (desemanticé la palabra, bravo). Es malo porque no voy a dejarlo, porque nunca me sentí con tanto hambre de mundo, de libros, de clases, de jazz, de comida y de etcéteras, de muchos etcéteras. 
Soy un cliché, pero la versión cactus es mi mejor versión.    

14.2.13

El mundo está al revés. O yo estoy al revés.
No sé. O capaz está todo tan al derecho que es como si estuviera al revés.
Torbellinos de todo.
Ponele, de repente me encuentro en el monoambiente de un chico que vino del sur a estudiar mi misma carrera en una universidad privada y que vive frente a mi ex laburo y que es más chico que yo y de repente estamos hablando y de repente le estoy explicando que no soy lesbiana y de pronto me está dando un beso y yo le estoy diciendo que no porque es la primera vez que salgo con él (aunque técnicamente no sea una salida) y al toque de irme me manda un mensaje diciéndome que le caí súper y que qué bueno que me conoció y que me debe un helado y de pronto llego a casa y me como una galleta de arroz porque caigo en la cuenta de que no comí nada en todo el día y de que tengo hambre y no tengo comida porque me voy a la costa.
De pronto estoy por encarar el último año de la primera etapa de la carrera y me frustra que falte tanto pero me deja tranquila que falte tanto porque tengo la protección de la facultad y de saber dónde estoy parada por más tiempo. Aunque igual no sepa muy bien dónde estoy parada. Pero aunque no lo sepa calculo que es un buen lugar porque me compré un esmalte nuevo divino para las uñas de los pies y me queda divino, más ahora que estoy medio negrita.
Quiero correr y gritar y saltar y lbnsdjkbgjkbvjkbsadgkljabkbnadkjbnklgnakjbnakldjgnla pero sólo voy a ir a comer pizza porque a los padres de la chica con la cual me voy a la costa les caigo muy bien y me quieren invitar a cenar y esa va a ser mi gran salida de San Valentín. Me acabo de dar cuenta de que estuve con este chico el día de San Valentín. Creo que era la gotita que faltaba para rebalsar el vaso de Cupido-te-mando-un-besote-nos-vemos-en-Disney. 

2.1.13

¿No te pasa que te sentís como el orto pero no podés dejar de encontrar razones por las cuales terminás estando básicamente bien?
¿No te pasa que esperás demasiado de las relaciones y ponés muchas semillitas en terrenos estériles?
¿No te pasa que querés escribir y tenés la hoja enfrente y sólo pensás en nombres lindos de mujer para la protagonista de una historia que no quiere salir?
¿No te pasa que de a ratos la ropa, el pelo, los aritos y la cartera son lo único que te satisface?
¿No te pasa que querés quedarte en la cama todo el día pero cuando te acostás se te ocurren tres millones de cosas que hacer?
¿No te pasa que te sentís un foca y, aún así, no parás de comer?
¿No te pasa que querés que pase algo que te mueva un poco el tablero?
¿No te pasa que querés pintar, escribir, ordenar, arreglar y terminás viendo 5 capítulos seguidos de una serie?
¿No te pasa que planeás una sesión de manicura y el tiempo se te pasa y terminás de nuevo sin sacarte el esmalte saltado?
¿No te pasa que estás absolutamente dicotomizada y no entendés a qué mitad hay que darle bola?
Capaz no.
Es probable que estas cosas me pasen porque hoy, cuando escribí la fecha, dije "¡ay, miren! ¡escribí 2013!". Pelotuda.

25.12.12

Tengo un montón de cosas sobre las que podría escribir, pero si me pongo a pensar mejor, no podría escribir nada sobre ninguna de todas esas cosas. Y eso está buenísimo porque, esta vez, no poder escribir significa que está todo tan pero tan pero tan tan claro que no hay vuelta que darle, es así, punto. Está todo tan increíblemente a la vista, es todo tan poco confuso que no vale la pena hacer otra cosa que no sea respirar esa claridad. Hacía bastante que los puntitos no estaban tan bien puestos sobre las íes. Palabras lindas o palabras feas, da igual, las íes con sus puntitos, asombrosamente limpio de dudas. No digo que las dudas sean malas, pero cada tanto es genial que desaparezcan.
Ayer fue navidad, me estrené un vestidito hermoso para cenar con mi mejor amiga comida cocinada por mí y subir a la terraza a hablar de idioteces hasta que llegaran los otros 3. Cuando empezó a llover, salimos al balcón muy despeinadas y, teniendo clarísimo lo ridículas que debíamos parecer vistas por los que estaban adentro, cerramos los ojos, nos soltamos el pelo y nos sonreímos mientras atrapábamos todo el viento y la lluvia con los brazos estirados. Eso. Estar ahí,  teniendo frío de verano, entre el cielo muy rosa y la certeza de eso que va a estar pase lo que pase. Después entramos empapadas, comimos torta helada, tomamos gancia helado y jugamos a la podrida hasta que se hizo de día. Y hoy nos levantamos a la 1 y desayunamos durante 3 horas mirando Home alone y Las chicas superpoderosas.
Y como estoy tan así no puedo escribir.

19.12.12

Estar tan cerquita de fin de año hace que todas mis crisis se hiperbolicen y se mezclen con mis hormonas y emociones arremolinadas y que se haga todo un magma de lágrimas, puteadas, portazos, ataques a la heladera y una tremenda imposibilidad de quedarme quieta.
Ponele, por darte un ejemplo, el laburo que tanto me divertía ahora me da ganas de morirme, está todo bien, seré una pendeja egoísta, pero que se vayan todos a la concha de su madre. Eso mezclado con que no consigo esmalte lila y no sé qué agenda comprarme, porque la de Maitena ya no me emociona, pero no veo otras opciones copadas. También está el hecho de que hasta no terminar de señar el depto de Gesell no puedo respirar en paz y que siguen pasando las tormentas y yo sigo sin tener botas de lluvia. Y eso podría ser una gran metáfora para muchos aspectos de mi vida, peeeero no. Es la posta, no tengo botas de lluvia.

23.11.12

Es re loco que mi perra adore comer velas. Las ama. Las busca, las encuentra y se las devora. Y también le gustan las milanesas, así que su línea gastronómica no está demasiado definida.
Es re loco soñar con alguien con quien hace bastante no tenés contacto, pasarte buena parte del día preguntándote qué onda tu sueño y que al día siguiente ese alguien diga holi.
Es MUY loco que ya estemos en casi-diciembre. Lo que no es loco es que yo sigo siendo la misma pelotuda que se sigue sorprendiendo de que se termina el año, de que empieza otro año, de que es mitad de año o de que la semana tiene siete días. Soy como una vieja de barrio que habla del clima y del hambre en el mundo. Pero bueno, nada. Es re loco que esté por rendir dos finales y que si los apruebo terminé segundo año oficialmente y si no los apruebo es una mierda, pero ya va a haber terminado el año y voy a ir a ver a Norah, que es todo lo que me importa.
Es re loco que el único pibe con el que pensé que iba a poder chonguear un rato largo (Mr. Cortado en Jarrito), terminó siendo un stalker que me mandaba mensajes todos los días insistiendo con verme, hasta llegar a mensajes con contenido pseudo-sexual en extremo desagradables y que, no habiendo sido suficiente una contundente respuesta mía (con mayúscula y todo) con una explícita mandada al carajo, se hizo presente en mi laburo para ver qué había pasado y por qué había dejado de contestarle y, como si esto fuera poco, con el tupé para decirme "bajate la remera que se te ve el ombligo... no da *guiño guiño*".
Y siguiendo con la línea, es re loco que el pibe que me vuelve medio loca, que en realidad no, pero sí, me haya dirigido, con toda la furia, 20 palabras y dos fotocopias en toda la cursada, y que se haya ido de lo que se supone que fue la mejor fiesta del año a los 20 minutos porque "había demasiado puterío".
Es loquísimo que me esté devorando todo lo que me ponen adelante, onda aspiradora, mientras le echo la culpa al estrés, y que, aún así, la gente siga diciéndome lo flaca que estoy. Gracias chicos, es por comer tanto, dame más helado.

17.11.12

Es gracioso cuando sentís una cosa pero sabés que no es así, onda razón versus drama queen.
Ponele, ahora siento que me vida es una mierda, pero sé que no lo es y que es todo producto del estrés, la ansiedad y el exceso de edulcorante en el café. Igual está bueno vivir con esta contraducción permanente: me levanto temprano y me voy a estudiar al balcón con el solcito divino y el cielo celeste, siendo consciente de que tuve que canecelar la fiesta de estar noche para poder tener una mañana productiva mañana. Mientras soy consciente de todo esto tomo café, saco fotos, miro al encargado del edificio de enfrente desperdiciar agua como un condenado y escucho al puto benteveo que me da unas ganas terribles de estar tirada al lado de una pileta con un vaso de jugo de naranja con mucho hielo. Es terrible, todo me da ganas de morir y todo me llena de paz, TODO a la vez. En mi camino al lugar de comida china vegetariana veo en la plaza a muchas minitas en bikini tomando sol y me acuerdo de que estoy flaca y yo también podría estar ahí, pero sigo caminando porque en la silla de mi balcón hay un montón de teóricos que no se van a leer solos. En el balcón podría estar en bikini, pero cuando estoy sentada estudiando la panza se me arruga y altos flotadores, mamita.
¿Ves? Está todo buenísimo y es todo una mierda. Que voy a llegar con todo, que no llego ni a ganchos. Que me voy a colar en el hospital, que no me da la cara. Que voy a ver a Norah (no, eso está buenísimo de cualquier manera).
Así que bueno, creo que me tengo que hacer otro café porque estoy muy ansiosa y ya me comí un postrecito de lemon pie.

26.10.12

Estoy sobrepasada porque hoy rendí un parcial súper agotador, el último que me faltaba para regularizar bioquímica, y después fui a desayunar con las chicas y después fui a recorrer negocios onda Todo Moda por Santa Fe y después me fui al laburo. Y estoy cansada, y estresada. Y soy un caos, un desastre absoluto, tengo granitos por todos lados. No es que me quiera quejar, me repito permanentemente el montón de cosas que están más que bien, que son realmente un montón. Pero sucedió que hoy me enteré de algo que, lógicamente, no me afectó de la manera que creía que me iba a afectar cuando pensaba en enterarme. Y está buenísimo, pero me afectó de una manera que jamás imaginé que me iba a afectar.
Voy a ser goma, melosa, asquerosa, cliché, quemada, trillada, obvia. Sola. Me siento sola. De repente caí en la cuenta de lo sola que me siento. Pero ¿viste cuando sola sola? Bueno, así. No es que sienta que necesito un tipo al lado para estar bien, pero de pronto me doy cuenta de que tengo un agujero inmenso en la parte del cuerpo donde alguien me extraña, donde alguien quiere estar conmigo, donde alguien tiene ganas de hacer un recreo en su rutina para verme, donde alguien tiene ganas de hacerme reír. Un agujero inmenso donde quiero irme a dormir para pensar en alguien, donde pienso qué ponerme para salir con alguien, donde pienso qué le gustará que le cocine, donde pienso qué ir a ver al cine, donde pienso en el olor de alguien y en cómo me gusta que ese olor me abrace. No tengo olores, no tengo cines ni cocinas ni ropas, no tengo recreos en rutinas. Tengo agujeros en el cuerpo y una piedra donde debería estar eso que hace que uno sienta cosas. No siento nada, por nadie. Y siento que no me voy a enamorar nunca. Vacía. Sola. Vacía de amor. Me había olvidado de lo feo que es no querer a nadie, ni siquiera tener alguien que no me quiera para querer. El desabrazamiento absoluto.
Igual estoy bien, guarda. Estoy flaca a pesar de que como como una hija de puta, tengo mi laburo, mis materias aprobadas, mis amigas re lindas, mis planes de vacaciones,  mi perra, mi ropa nueva. Estoy bien.
Pero.
Pero. La concha de la lora.

15.10.12

soy un (EL) cliché

Sí, llueve un montón y yo estoy pensando en cómo me gustaría tener un pelotudito que me abrace y me de besos en el cuello mientras me quedo dormida. O no.
Y no me importa, soy un cliché horroroso pero se van todos a la reconcha de sus mamis.
Y nadie dice nada sobre lo pelotuda que me pone la lluvia más el sueño más que estamos en octubre más rendir en 10 días más que me aburrí de ser autosuficiente.
Denme más café.
Chau.

13.10.12

Te despertás, te vestís, te tomás un café. Vas al gimnasio y transpirás un montón. Volvés, te bañás. Estudiás un montón y pensás un montón de excusas para hablarle al pibe que te gusta pero tenés un montón de miedo y no le hablás nada. Salís, te comprás una remera, escuchás un montón de canciones en el bondi y te imaginás la vida de un montón de gente que camina por Once. Llegás a trabajar, no vendés un montón pero ordenás un montón de cosas y trabajás un montón. Volvés, comés, te cambiás, te ponés un montón de perfume, te vas. Sacás un montón de fotos con las chicas y escuchás un montón de temas retro mientras te hacen un montón de rulos. Después se van, llegan al lugar. Se ríen un montón, toman un montón de vasos de cerveza y comen un montón de porciones de torta de limón. Se ríen un montón más. Vuelven en el auto cantando un montón de canciones que pasan en Aspen, te dejan en tu casa.
 Dormís 3 horas y te levantás para estudiar. Tenés un montón de sueño. Pero estudiás igual, con un montón de café y un montón de ganas de tirarte y dormir 3 días seguidos.
Sabés que tenés un montón de ganas de decir algo, pero no lo hacés. Te hacés un montón de ensalada, comés, seguís estudiando un montón y, mientras la perra se persigue la cola un rato y se prepara para su siestita, seguís pensando en el montón de banalidades que escribiste sin llegar a tocar, siquiera, el montón de cosas que no son tan banales.   

8.10.12

de repente

De repente te das cuenta de que sos la protagonista de esa imagen patética que tenías en la cabeza. Not good.
De repente te encontrás hablando con tu mejor amiga abajo de un juego para chicos de un parque gigante del edificio en el que vive un amigo suyo.
De repente estás aceptando mates de un flaco que se parece mucho al chico con el que saliste cuando entraste a la secundaria y eso te lleva a pensar en el chico con el que saliste el último año de secundaria, lo cual carece absolutamente de puntos conectables, más allá del hecho de que estás recordando a dos pibes con los que saliste.
De repente estás diciendo muchas veces "yo sé que no te importa, pero..." a mucha gente. Le contás a gente que no te conoce cosas que no le importan y que, quizás, tampoco te importen mucho a vos.
De repente tenés un nivel de ansiedad que no baja ni con dos prinox y empezás a comer compulsivamente barritas de sésamo de esas que venden en las dietéticas y que vienen cortadas en cubitos.
De repente soñás cosas que no tienen sentido y querés que sean reales porque las cosas que sí tienen sentido perdieron sentido de tanto sentido que tenían.
De repente llorás.
De repente te quedás dormida.
De repente no entendés qué es lo que no entendés si es todo tan obvio.
De repente no entendés por qué estás siendo tan abstracta.
De repente te das cuenta de que este caos, que tal vez ni siquiera es un caos, pero lo es, es un mejor lugar que el de hace un año. A muchos niveles.
De repente te das cuenta de que está hirviendo el agua para el té de canela y que esos apuntes no pueden seguir esperando.

23.9.12

garabato

Tengo la cabeza hecha un garabato y, a pesar de eso, no puedo escribir. Me sale todo desordenado. Oraciones unimembres, ideas inconexas. Ya fue.
Una amiga me contó que haciendo preguntas en un grupo de fb de la facu un pibe la agregó y empezaron a hablar y pegaron la mejor y la invitó a salir. A mí nunca me va a pasar eso. Y yo quiero que me pase, quiero magia.
Tengo un miedo. Es un miedo puntual que me aterra y yo sé que está, pero como no se lo dije a nadie ni lo escribí en ningún lado ni lo dije en voz alta mirándome en el espejo, es como si no estuviera del todo, pero está ahí, me dice holi todas las mañanas y me persigue todo el día. Y no me animo a decirlo porque va a ser demasiado real, más real que la realidad que puedo manejar ahora.
Igual el hecho de que esté la entrada de Norah Jones mirándome en la parte de atrás de mi agenda hace del mundo un lugar mejor. Y el postrecito Ser de lemon pie también.
Y me regalaron una perrita, es una bola de pelos que rebota por todos lados y que me hace sentir cosas que no sabía que podía sentir porque cuando era chiquita los perros me daban mucho pánico y hasta hace poco no me gustaban y cuando empecé a querer uno era porque quería que terminaran de gustarme. Ella se llama Olivia y la amo. Y se duerme arriba de mi pie y tiene su cama en una caja de zapatos enorme que es como un duplex para ella. Y una soguita de muchos colores. Y un par de medias. Y me chupetea las manos cuando termino de comer chocoarroz. Y se patina cuando corre.
Y amo mi facultad y estoy enamorada de mi carrera. Tan enamorada como asustada.
El ambo sensual. Los pasajes a Londres. Pelos de Olivia por toda la casa. Películas, series. El libro. La ropa nueva. El llanto por la calle. La envidia, la sana y la otra. Los kilitos. Las canciones. Los proyectos. Que francés. Que la ayudantía. Que jazz. Que el hospital. Que el verano. Que las vacaciones. Que esto y que lo otro.
Un hombro, una almohada, un peluche, una caricia, un café. Dos.

9.9.12

de mañanas de domingo

Quiero que sea ahora por mucho tiempo. Que no avance el día, que no pasen los colectivos, que todos estén durmiendo, que queden cosas geniales para estudiar, que no haga tanto frío, que queden muchos cafés.
Quiero seguir teniendo ganas, seguir con el olor a recién lavado en el pelo, que la otra que vive en mi cabeza esté tan relajada y no histérica.
Quiero que siga pareciendo que todo está bien y que va a estar mejor porque así tiene que ser y no podría ser de otra manera.
Rise and shine.

2.9.12

psicosomática al mango

Hasta antes de rendir, el 9 de agosto, no me enfermé ni una vez en todo el año. La gente alrededor se re enfermaba, de repente había faltazos masivos a la facu, la gente entraba al negocio tosiendo, todos iban convalecientes por la vida y esparcían sus gérmenes sobre mí con sus estornudos y sus manos sucias, y yo, diosa, nunca me enfermé. Pero ¿sabés qué? Era que no me podía enfermar. A ver si me explico: en mi cuerpo no existía la opción. No era bueno, tenés fiebre, te quedás un par de días en casa. No. Me enfermaba y jodía a todos en el laburo y perdía una materia y media de otra. No me podía enfermar, a ver si se entiende el concepto un poquito.
Pero rendí. Rendí y salí. Rendí, salí y colgué. Me relajé. Y chau, perdí.
El viernes no podía caminar sola porque el mundo me daba vueltas. Me fui del laburo una hora después de llegar. Mi vieja me tuvo que desvestir y acompañarme al baño. La cabeza me retumbaba horriblemente. Síndrome vertiginoso por neuronitis vestibular. Váyanse todas mis neuronas a la reconcha de su madre.
Hoy, con el mundo dando un poco menos de vueltas y mi cabeza siendo un poco menos tambor, lo pensé un poquito, como para no perder la (fuckin') costumbre de sobreanalizar todo, ¿vio? Claro, tiene lógica. No es casual que de repente todo de vueltas y esté muy mareada cuando mi mente está toda revuelta, a mil por hora, piloteando un millón de preguntas que no tienen respuesta y tratando de pasar en limpio mlies de millones de intentos de planes que se mezclan y se chocan y se superponen y explotan. Todos juntos. Todo junto.
Soy consciente de que es una mala fase y nada más. Uno de esos momentos del año donde me es imposible no colapsar. El sueño y el agotamiento se le suman a todo lo que falta y deseo la muerte. Y después se pasa. Pero por ahora no se pasó. Por ahora siento que siento en el cuerpo lo que no puedo sentir con la cabeza, o algo así.
Estoy desde ayer a las 10 de la noche comiendo manzanas, tomando té de bergamotas y mirando películas inglesas intercaladas con capítulos de Once upon a time. Sin parar. Leprometí galletitas de canela y naranja a medio Buenos Aires. Bueno chicos, no va a poder ser. Tenía que estudiar un poco. Tampoco va a poder ser. En vez de leer fisiología renal del Guyton estoy leyendo una novela bastante mala de esta mujer Florencia Bonelli, porque fue lo primero que encontré sobre la mesa, despechada por haber terminado el último libro de Martín Kohan, el gran amor de mi vida (literaria).
Estoy tratando mal a mi mejor amigo, ignorando a mi mejor amiga y llorando mucho más de la cuenta. El ibupirac 800 no me sacó el dolor de cabeza. Quiero charlar de madrugada en mi balcón en verano. Quiero comer mucho helado y ser muy flaquita. Y que dejen de gustarme los pelotudos que tienen el cartel de pelotudo en la frente. Y un posgrado en pelotudez. Avanzada.
Voy a mirar más Once upon a time y a tomar más té. Y que mis penas se ahoguen.
He dicho.