Podría haberte buscado en infinidad de lugares, los más evidentes.
Te podría haber buscado entre los pasillos del Ateneo, en los silloncitos de un Starbucks, en la cola del cine de una película de Woody Allen, en las escaleras de la facultad, en la sala de espera de la Swisso e, incluso, podría haberte buscado entre mis canciones preferidas, esas que sé que me gustan porque la letra, porque la música, porque son como yo. Podría haberte buscado en todos los lugares donde estaba cómoda, segura, estable, sostenida por columnas de control, mapas bien delimitados, mesas de tres patas que no se caen nunca. Te podría haber encontrado viéndote desde el visor de una armadura medieval, sólo con los ojos, te podría haber envuelto en cinta aisladora y puesto sobre mi mesa de tres patas, y puede que hubieras quedado bien.
Y, sin embargo, te encontré arriba de un globo aerostático, sin buscarte, sin esperarte, sin siquiera imaginarte. Lejos de alfombras, de pasillos, de silloncitos, de apuntes, de los clásicos. Te encontré en un lugar donde no había más seguro que los globos de colores, donde los mapas no tenían sentido y se desdibujaban de a poquito, donde las mesas de tres patas de pronto empezaron a ser antiestéticas. No llegué a ponerme la armadura, me envolví en palabras de acero inoxidable que se oxidaron en el segundo en el que empezaste a hacer chistes.
Si alguien me hubiera avisado que me iba a chocar con vos, hubiera guardado todo en una valija y me hubiera escondido abajo de la cama, pero nadie me avisó.
Por suerte, nadie me avisó.
Como nadie me avisó, me encontraste desarmada de estrategias, rodeada de un blabla que era 99% cuentito y 1% verdad.
Como nadie me avisó, no tuve tiempo de volver a mi área de confort, a las canciones que conocía de la manera que las conocía, a los rincones de mi cuerpo que seguían siendo rincones y que seguían siendo sólo míos, a las mismas comidas, el mismo café, el mismo escritorio.
Nadie me dijo nada y de pronto las cosas más simples se tiñeron de colores que nadie conoce. Caminar, despertarme, bajarme de un bondi, saltear cebolla en aceite de oliva, bailar, correr.
Nadie me dijo nada y descubrí adentro mío cosas que no sabía que estaban, cosas que no sabía que podían estar.
Nadie me dijo nada y, cuando me quise dar cuenta, habías encontrado la manera de infiltrarte en todos esos lugares que estaban estérlies de mundo exterior, de miradas ajenas.
Te encontré sin buscarte en el mejor momento para encontrarte.
6 meses después, me alegro de que no te hayas ido mientras estaba en el baño.
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1.9.13
9.8.13
Encontré una magia que no buscaba. Es una magia rara, como magia-déjà-vu.
Porque una vez vino a dar una vuelta y me dejó mil cosas lindas, pero demasiados pedazos machucados.
Y entonces, sin darme cuenta, la magia salió desde abajo de los moretones, que dejaron de ser moretones sin que lo notara.
Es una magia rara porque se autoamplifica adentro, como cuando la cascada del sistema del complemento se activa por la vía clásica y, además, por la vía alterna. Así de autoamplificadora es la magia.
Viene de afuera, se anuda un poco en el pelo, en las puntas que dejaron de estar arruinadas hace muchísimo, baja por la nuca, por el cuello, cerca del lóbulo de la oreja, hace salticado por la espalda, rodea el lunar del hombro derecho, sigue por el pecho, las costillas, el ombligo, dibuja el borde del encaje, sigue por las piernas, hace un parate en las rodillas, las afloja, sigue bajando, se enrosca en los tobillos.
El tema es que cuando me quise dar cuenta, estaba escuchando Norah Jones, la luz no brillaba demasiado y me salía purpurina por la yema de los dedos. Para afuera, disparada. Plateada, verde, violeta, colorada, naranja, azul.
Es magia porque, por primera vez después de muchos granitos, contracturas y kilos innecesario, encontré el equilibrio entre estar relajada, hacer las cosas bien y no sentirme culpable.
Es magia porque la mochila no pesa tanto y, cuando pesa, de pronto no parece tan difícil ponerle rueditas para que pese menos.
Es magia porque me brotaron de las pestañas mapas que no conocía, puntos de partida que ni me imaginaba, historias de las que no me quería acordar porque me daban miedo y que ahora parecen piojitos.
Es magia porque sí. Porque no importa por qué, no importa cómo, no importa cuándo. Es magia por el simple hecho de ser magia. Porque el helado, el café, las mañanas, las botas, la ropa, las coreografías, las canciones, el perfume, miedos nuevos (mejores, menos infantiles, más coherentes).
Porque una vez vino a dar una vuelta y me dejó mil cosas lindas, pero demasiados pedazos machucados.
Y entonces, sin darme cuenta, la magia salió desde abajo de los moretones, que dejaron de ser moretones sin que lo notara.
Es una magia rara porque se autoamplifica adentro, como cuando la cascada del sistema del complemento se activa por la vía clásica y, además, por la vía alterna. Así de autoamplificadora es la magia.
Viene de afuera, se anuda un poco en el pelo, en las puntas que dejaron de estar arruinadas hace muchísimo, baja por la nuca, por el cuello, cerca del lóbulo de la oreja, hace salticado por la espalda, rodea el lunar del hombro derecho, sigue por el pecho, las costillas, el ombligo, dibuja el borde del encaje, sigue por las piernas, hace un parate en las rodillas, las afloja, sigue bajando, se enrosca en los tobillos.
El tema es que cuando me quise dar cuenta, estaba escuchando Norah Jones, la luz no brillaba demasiado y me salía purpurina por la yema de los dedos. Para afuera, disparada. Plateada, verde, violeta, colorada, naranja, azul.
Es magia porque, por primera vez después de muchos granitos, contracturas y kilos innecesario, encontré el equilibrio entre estar relajada, hacer las cosas bien y no sentirme culpable.
Es magia porque la mochila no pesa tanto y, cuando pesa, de pronto no parece tan difícil ponerle rueditas para que pese menos.
Es magia porque me brotaron de las pestañas mapas que no conocía, puntos de partida que ni me imaginaba, historias de las que no me quería acordar porque me daban miedo y que ahora parecen piojitos.
Es magia porque sí. Porque no importa por qué, no importa cómo, no importa cuándo. Es magia por el simple hecho de ser magia. Porque el helado, el café, las mañanas, las botas, la ropa, las coreografías, las canciones, el perfume, miedos nuevos (mejores, menos infantiles, más coherentes).
23.6.13
Abrazame que te abrazo.
Boludeame y te doy un beso.
Comprame un frasco de café para tu alacena.
Dame la mano en la calle.
Esperame cuando salgo de jazz.
Felicitame cuando me saco un 9.
Garabateame la panza con tus manos.
Hasta mañana.
Imaginate el año que viene. Imaginate.
Jugá con mi pelo y con mis dedos.
"Kogan, te extraño", decime, porque me decís mi apellido para hacerlo más intenso.
Llamame mientras bajoneás un Big Mac a las 6 de la mañana, porque yo estoy estudiando.
Mostrame tus diseños, la cancha, la camiseta, mirame la sonrisa.
Ni se te ocurra dudar.
Ñañañaña.
Olvidate de la hora.
Planeá un fin de semana lleno de fiaca.
Quedate.
Rompeme la armadura.
Sentate y escuchame leer.
Tranquilizame.
Un minuto y nos llenamos de magia.
Vení a buscarme, vamos a comer asado.
W.
X.
Ya estamos enredados.
Zarpamos y ni nos vimos, porque nos estamos viendo.
Boludeame y te doy un beso.
Comprame un frasco de café para tu alacena.
Dame la mano en la calle.
Esperame cuando salgo de jazz.
Felicitame cuando me saco un 9.
Garabateame la panza con tus manos.
Hasta mañana.
Imaginate el año que viene. Imaginate.
Jugá con mi pelo y con mis dedos.
"Kogan, te extraño", decime, porque me decís mi apellido para hacerlo más intenso.
Llamame mientras bajoneás un Big Mac a las 6 de la mañana, porque yo estoy estudiando.
Mostrame tus diseños, la cancha, la camiseta, mirame la sonrisa.
Ni se te ocurra dudar.
Ñañañaña.
Olvidate de la hora.
Planeá un fin de semana lleno de fiaca.
Quedate.
Rompeme la armadura.
Sentate y escuchame leer.
Tranquilizame.
Un minuto y nos llenamos de magia.
Vení a buscarme, vamos a comer asado.
W.
X.
Ya estamos enredados.
Zarpamos y ni nos vimos, porque nos estamos viendo.
18.6.13
Te estás dando cuenta de que sos una tarada, ¿no?
Ajá, sí, efectivamente.
Te diste cuenta de que hay cosas que no sabés qué son, porque no son esas cosas que conocías, aunque vos pensaras, como buena papafrita que sos, que iban a ser siempre iguales. Ni siquiera tienen el mismo nombre, no tenés cómo describirlas más allá de algunos datos concretos. Por ejemplo, el hecho de que no sólo encontraste el contorno del perfil de tu cara en el cuello de alguien, sino que ahora, además, ves que tu cuello también encaja con una perfección cuasi geométrica con el perfil de la cara de alguien. O el hecho de que la sola presencia te haga sentir que va a estar todo bien, o por lo menos menos enredado o un poquito más fácil. O el hecho de que se note de afuera. El hecho de que sea normal. El hecho de que mi perra se hace pis de la alegria. El hecho de que, guau, la pucha, ¿en serio? finalmente, tengo un nombre, uno de estos que yo quería.
Ajá, sí, efectivamente.
Te diste cuenta de que hay cosas que no sabés qué son, porque no son esas cosas que conocías, aunque vos pensaras, como buena papafrita que sos, que iban a ser siempre iguales. Ni siquiera tienen el mismo nombre, no tenés cómo describirlas más allá de algunos datos concretos. Por ejemplo, el hecho de que no sólo encontraste el contorno del perfil de tu cara en el cuello de alguien, sino que ahora, además, ves que tu cuello también encaja con una perfección cuasi geométrica con el perfil de la cara de alguien. O el hecho de que la sola presencia te haga sentir que va a estar todo bien, o por lo menos menos enredado o un poquito más fácil. O el hecho de que se note de afuera. El hecho de que sea normal. El hecho de que mi perra se hace pis de la alegria. El hecho de que, guau, la pucha, ¿en serio? finalmente, tengo un nombre, uno de estos que yo quería.
11.5.13
Fui a una fiesta, habiendo empezado mi día 5:30, habiendo estudiado, habiendo ido al gimnasio y a jazz y estudiado más, sabiendo que iba a poder dormir sólo tres horas antes de tener que arrancar con maratón de Micro I + Cafia Plus. Comí comida china con mis amigas que, además, me hicieron una torta de limón y chocolate con granas fucsias y violetas y servilletas moradas con lunares blancos y 21 velitas en forma de G. Fui a una fiesta a la que fue el pibe, habiéndole pedido a un amigo que lo acompañe, para verme un rato, y por rato me refiero a 20 minutos. Se fumó la fiesta casi entera, casi sin ganas, sin conocer a nadie, mientras su amigo sin códigos se apretaba a una minita ebria, sin saludarme hasta que no lo vi yo, porque no quería molestarme mientras bailaba con mis amigas. Decime te quiero de nuevo, le pedí. Te quiero, me dijo. Yo también, le dije. Y me abrazó un montón, con esa manera de abrazar tan copada que tiene. Y entonces cuando se iba le pedí que viniera a saludar a mis amigas, y las saludó. Y me dio un besito y se fue.
Y tengo sueño porque leí muchas bacterias juntas.
Me voy a tomar otro té de canela y a dormir una siesta.
Y tengo sueño porque leí muchas bacterias juntas.
Me voy a tomar otro té de canela y a dormir una siesta.
1.5.13
Pasa que es feriado y los feriados son como los domingos y yo amo los domingos. La gente los odia y yo los amo porque son como paréntesis. La gente los odia porque al día siguiente es lunes y porque los lunes empieza la rutina y la gente odia las rutinas. Yo amo la rutina. La mía, al menos.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
30.3.13
La increíble genial sensación de poder volver a decir estoy saliendo con alguien.
Decidir si me dejo llevar o si me mantengo firme un tiempo más.
Qué le cuento y qué no.
¿Es muy rápido?
Volver a casa sonriendo.
Estar relajada.
Contarles a mis amigos cosas nuevas.
Reírme. Mucho.
Hacer comparaciones y que empiece a ganar el equipo nuevo.
Soy tan minita que no lo puedo contener. Hago tratos conmigo misma que claramente se me van al carajo porque soy una debilucha que se le regala a cualquiera que la invite con medio kilo de helado de dulce de leche tentación (ese que tiene dulce de leche de verdad) y que hace que algunas canciones parezcan como reinventadas. Soy tan minita que con sentir que no tengo que hacer nada para gustarle, estoy hecha, Porque no tengo que hacer nada. Soy muy minita, caprichosa, insegura, mandona, camionera, vergonzosa, lentita y adicta a las películas de animación. Y le gusto así.
Decidir si me dejo llevar o si me mantengo firme un tiempo más.
Qué le cuento y qué no.
¿Es muy rápido?
Volver a casa sonriendo.
Estar relajada.
Contarles a mis amigos cosas nuevas.
Reírme. Mucho.
Hacer comparaciones y que empiece a ganar el equipo nuevo.
Soy tan minita que no lo puedo contener. Hago tratos conmigo misma que claramente se me van al carajo porque soy una debilucha que se le regala a cualquiera que la invite con medio kilo de helado de dulce de leche tentación (ese que tiene dulce de leche de verdad) y que hace que algunas canciones parezcan como reinventadas. Soy tan minita que con sentir que no tengo que hacer nada para gustarle, estoy hecha, Porque no tengo que hacer nada. Soy muy minita, caprichosa, insegura, mandona, camionera, vergonzosa, lentita y adicta a las películas de animación. Y le gusto así.
25.12.12
Tengo un montón de cosas sobre las que podría escribir, pero si me pongo a pensar mejor, no podría escribir nada sobre ninguna de todas esas cosas. Y eso está buenísimo porque, esta vez, no poder escribir significa que está todo tan pero tan pero tan tan claro que no hay vuelta que darle, es así, punto. Está todo tan increíblemente a la vista, es todo tan poco confuso que no vale la pena hacer otra cosa que no sea respirar esa claridad. Hacía bastante que los puntitos no estaban tan bien puestos sobre las íes. Palabras lindas o palabras feas, da igual, las íes con sus puntitos, asombrosamente limpio de dudas. No digo que las dudas sean malas, pero cada tanto es genial que desaparezcan.
Ayer fue navidad, me estrené un vestidito hermoso para cenar con mi mejor amiga comida cocinada por mí y subir a la terraza a hablar de idioteces hasta que llegaran los otros 3. Cuando empezó a llover, salimos al balcón muy despeinadas y, teniendo clarísimo lo ridículas que debíamos parecer vistas por los que estaban adentro, cerramos los ojos, nos soltamos el pelo y nos sonreímos mientras atrapábamos todo el viento y la lluvia con los brazos estirados. Eso. Estar ahí, teniendo frío de verano, entre el cielo muy rosa y la certeza de eso que va a estar pase lo que pase. Después entramos empapadas, comimos torta helada, tomamos gancia helado y jugamos a la podrida hasta que se hizo de día. Y hoy nos levantamos a la 1 y desayunamos durante 3 horas mirando Home alone y Las chicas superpoderosas.
Y como estoy tan así no puedo escribir.
Ayer fue navidad, me estrené un vestidito hermoso para cenar con mi mejor amiga comida cocinada por mí y subir a la terraza a hablar de idioteces hasta que llegaran los otros 3. Cuando empezó a llover, salimos al balcón muy despeinadas y, teniendo clarísimo lo ridículas que debíamos parecer vistas por los que estaban adentro, cerramos los ojos, nos soltamos el pelo y nos sonreímos mientras atrapábamos todo el viento y la lluvia con los brazos estirados. Eso. Estar ahí, teniendo frío de verano, entre el cielo muy rosa y la certeza de eso que va a estar pase lo que pase. Después entramos empapadas, comimos torta helada, tomamos gancia helado y jugamos a la podrida hasta que se hizo de día. Y hoy nos levantamos a la 1 y desayunamos durante 3 horas mirando Home alone y Las chicas superpoderosas.
Y como estoy tan así no puedo escribir.
8.7.12
empalagosa al mango
Siendo hoy 8 de julio de 2012 y habiendo pasado 19 horas con 32 minutos y quién sabe cuántos segundos desde el comienzo de este día, vengo a decir que hace mucho que no me sentía tan bien porque sí.
Porque antes de entrar a bañarme me miré en el espejo en ropa interior, despeinada y con el delineador corrido y pensé flaca, qué linda que estás.
Porque hoy hice reír a mi mejor amiga en el medio de un círculo vicioso de bajón y chocolate de mala calidad y la obligué a salir a caminar y a comprar sopitas Knorr light de su gusto preferido.
Porque en vez de tener 4 opciones de salida y que se me cancelaran las 4 al hilo, tenía una que se canceló y surgió otra que se canceló y surgió otra que se canceló y surgió otra, que se confirmó.
Porque ayer me quedé con las chicas jugando a la podrida (o a las bazas, según quién lo explique) hasta las 5 de la mañana escuchando Shakira y tomando café con leche.
Porque el viernes empecé a leer el último libro que me compré de mi autor preferido y en cada oración recordé por qué es mi autor preferido.
Porque existe la posibilidad de que consiga entradas gratis para el cine jueves por medio para ir con mi amiga del laburo y porque el jueves vimos A Roma con amor y yo amo a Woody.
Porque todavía tengo ropa interior por estrenar.
Porque encontré en Pretty Little Liars mi nueva serie superficial.
Porque pinté un estante y quedó hermoso.
Porque me encanta el frío y mi ropa nueva de invierno y mis botas nuevas y levantarme al mediodía.
Porque desde hace muchos meses puedo seguir diciendo que, a pesar de todo, estoy bien por mí y para mí.
13.6.12
¡epa!
Me colgué un poquito, no mucho. Quiero escribir banda de cosas, pero me da fiaca el sólo hecho de pensar lo larguísimo que quedaría esto. Pero ya me acostumbré a que las cosas que me suceden queden acá, me va la de mirar entradas viejas, así que voy a escribir cosas para que sean viejas en un par de meses y así las puedo mirar y ver qué estaba sucediendo en mi vida.
Mr. Cortado en Jarrito se puso media pila y se la sacó: me invitó a salir y me dejó plantada. PERO guarda, la siguiente vez que me vio me dejó en el platito del café un papelito muy cursi que me recontra derritió porque, admitámoslo, Perdón! :( Otra oportunidaaaaad, porfa! ablanda a cualquiera. O sea, con la carita triste incluida. Y con linda letra. Ya fue. Así que bueno, salimos nomás. Sucedió que estuvo buenísimo y es un flaco del cual jamás podría enamorarme, ni siquiera podría gustarme intensamente, por lo que no queda otra que sea 0 drama y banda de pasarla bien. Y eso es bueno.
Estar viviendo sola es una fiesta. Rutina de domingo a la noche: cena con mejor amiga+graduados+manicura. O sea, dale.
Tengo una amiga de laburo. Es genial eso, me siento re madura porque tengo una amiga en el laburo (y más madura aún diciéndolo así...e' lo que hay). Es todo muy divertido y armamos listas de música que duran toda la tarde y bailamos. Y también atendemos a la gente y trabajamos, ojo. Pero siempre bailando.
Y ponele, nada que ver, pero ayer, cuando me fui a comprar galletitas, Mr. Cortado en Jarrito me acompañó y me dijo que me quería volver a ver. Y empecé a ver a mi ex-ex, lo cual es raro. Me parece que me volví medio perra. Igual creo que me lo merezco porque siempre fui una santita horrible. O sea, no horrible, pero se entiende el concepto. Y me quiero divertir y quiero pasarla bien y quiero no maquinar todo el tiempo y quiero no tener ganas de llorar y no sentir que se me va el corazón por la cañería cuando me enjuago el shampoo: quiero que me agarren de la cintura y me partan la boca. Y nada más. De última capaz un heladito, un Gancia, nada más. Puta madre, che.
En simultáneo yo estudio un montón, viste (no, en serio, estoy durmiendo poqui poqui poquito). Y no sabés todos los esmaltes, aritos y ropa que me estoy comprando. Una locura esto.
Y para colmo, mañana arranca Puro diseño. Mi sueldo de este mes va a desaparecer antes de nacer.
Mr. Cortado en Jarrito se puso media pila y se la sacó: me invitó a salir y me dejó plantada. PERO guarda, la siguiente vez que me vio me dejó en el platito del café un papelito muy cursi que me recontra derritió porque, admitámoslo, Perdón! :( Otra oportunidaaaaad, porfa! ablanda a cualquiera. O sea, con la carita triste incluida. Y con linda letra. Ya fue. Así que bueno, salimos nomás. Sucedió que estuvo buenísimo y es un flaco del cual jamás podría enamorarme, ni siquiera podría gustarme intensamente, por lo que no queda otra que sea 0 drama y banda de pasarla bien. Y eso es bueno.
Estar viviendo sola es una fiesta. Rutina de domingo a la noche: cena con mejor amiga+graduados+manicura. O sea, dale.
Tengo una amiga de laburo. Es genial eso, me siento re madura porque tengo una amiga en el laburo (y más madura aún diciéndolo así...e' lo que hay). Es todo muy divertido y armamos listas de música que duran toda la tarde y bailamos. Y también atendemos a la gente y trabajamos, ojo. Pero siempre bailando.
Y ponele, nada que ver, pero ayer, cuando me fui a comprar galletitas, Mr. Cortado en Jarrito me acompañó y me dijo que me quería volver a ver. Y empecé a ver a mi ex-ex, lo cual es raro. Me parece que me volví medio perra. Igual creo que me lo merezco porque siempre fui una santita horrible. O sea, no horrible, pero se entiende el concepto. Y me quiero divertir y quiero pasarla bien y quiero no maquinar todo el tiempo y quiero no tener ganas de llorar y no sentir que se me va el corazón por la cañería cuando me enjuago el shampoo: quiero que me agarren de la cintura y me partan la boca. Y nada más. De última capaz un heladito, un Gancia, nada más. Puta madre, che.
En simultáneo yo estudio un montón, viste (no, en serio, estoy durmiendo poqui poqui poquito). Y no sabés todos los esmaltes, aritos y ropa que me estoy comprando. Una locura esto.
Y para colmo, mañana arranca Puro diseño. Mi sueldo de este mes va a desaparecer antes de nacer.
11.5.12
se merece etiqueta
'cuchame una cosa, con esto te digo todo: el tipo me trajo un cortado y la espumita de arriba la hizo con forma de corazón.
Y además suena tan lindo cuando me dice "nos vemos, gabi".
Y además suena tan lindo cuando me dice "nos vemos, gabi".
4.3.12
los delirios de la piba 2.0
No encuentro la playlist adecuada. No logro que ninguna canción me encuentre.
Me saco las cutículas, me limo las uñas, me pinto con calcio, me doy otra mano, espero a que se seque el esmalte. Es domingo a la tarde y yo podría estar en un asado al que no fui porque era demasiado lejos y me dolía la panza.
No quiero pensar en lo que estoy pensando pero claramente estoy pensando en lo que no quiero pensar, porque a veces no puedo evitarlo y esta vez es una de esas veces. Por suerte mi semana está a full, con lo cual nada de seguir pensando en la semana. Bien. Pero no.
Hacía un bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen tiempo que no pensaba. Pero ahora estoy pensando.
Me viste en la calle -estoy segurísima de que me viste-, te diste vuelta, me viste, me viste y ni siquiera hiciste el gestito de hola con la mano, de lejos. No puedo evitar pensar un poco. Tampoco pude evitar la segunda persona. C'mon ¿tenemos 14 años y yo no me había enterado? Colgué banda con mi año de nacimiento, se ve.
En otras noticias, en unos 10 días empiezo la facu. Es un buen flash, sobre todo porque siempre que estoy por entrar en cosas importantes, pienso dónde estaba parada en el mismo segundo del año anterior. Si ahora lo pienso, me dan ganas de ir a ese lugar y decirme que me quede tranquila, que las cosas se van a poner muy copadas después, y que un año más adelante todo va a estar realmente bien. Y eso me molesta, creo, porque es como si me tuviera pena a mí misma. O sea, no ahora, sino a la "mí misma" de hace un año. Y no esta bueno tenerse pena, ni ahora ni hace un año ni mañana. Y quiero pensar que ya no voy a generarme situaciones que después hagan que me de pena a mí misma, o sea a la "mí misma" de antes pero después.
Para colmo, esas cosas que carecen de sentido: estaba buscando una cosa en mi agenda de Maitena de este año y miré la página que viene antes de la primera página del año y hay un coso que dice algo así como este año se termina el mundo, cosas que tengo que hacer antes de morir, y yo puse (creo que no del todo sobria) volver a enamorarme. O sea, en serio, dale, no ponés eso al principio de tu agenda, ¿sos tarada? La repsuesta es evidente, está clarísimo que sos tarada, pero ¿tan tarada? Cris Morena, ¿estás ahí?
Creo que me está haciendo falta un café, una novela, un conjunto nuevo de Caro Cuore, un corazón a estrenar.
Me saco las cutículas, me limo las uñas, me pinto con calcio, me doy otra mano, espero a que se seque el esmalte. Es domingo a la tarde y yo podría estar en un asado al que no fui porque era demasiado lejos y me dolía la panza.
No quiero pensar en lo que estoy pensando pero claramente estoy pensando en lo que no quiero pensar, porque a veces no puedo evitarlo y esta vez es una de esas veces. Por suerte mi semana está a full, con lo cual nada de seguir pensando en la semana. Bien. Pero no.
Hacía un bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeen tiempo que no pensaba. Pero ahora estoy pensando.
Me viste en la calle -estoy segurísima de que me viste-, te diste vuelta, me viste, me viste y ni siquiera hiciste el gestito de hola con la mano, de lejos. No puedo evitar pensar un poco. Tampoco pude evitar la segunda persona. C'mon ¿tenemos 14 años y yo no me había enterado? Colgué banda con mi año de nacimiento, se ve.
En otras noticias, en unos 10 días empiezo la facu. Es un buen flash, sobre todo porque siempre que estoy por entrar en cosas importantes, pienso dónde estaba parada en el mismo segundo del año anterior. Si ahora lo pienso, me dan ganas de ir a ese lugar y decirme que me quede tranquila, que las cosas se van a poner muy copadas después, y que un año más adelante todo va a estar realmente bien. Y eso me molesta, creo, porque es como si me tuviera pena a mí misma. O sea, no ahora, sino a la "mí misma" de hace un año. Y no esta bueno tenerse pena, ni ahora ni hace un año ni mañana. Y quiero pensar que ya no voy a generarme situaciones que después hagan que me de pena a mí misma, o sea a la "mí misma" de antes pero después.
Para colmo, esas cosas que carecen de sentido: estaba buscando una cosa en mi agenda de Maitena de este año y miré la página que viene antes de la primera página del año y hay un coso que dice algo así como este año se termina el mundo, cosas que tengo que hacer antes de morir, y yo puse (creo que no del todo sobria) volver a enamorarme. O sea, en serio, dale, no ponés eso al principio de tu agenda, ¿sos tarada? La repsuesta es evidente, está clarísimo que sos tarada, pero ¿tan tarada? Cris Morena, ¿estás ahí?
Creo que me está haciendo falta un café, una novela, un conjunto nuevo de Caro Cuore, un corazón a estrenar.
12.12.11
es como que estoy poseída
Verdaderamente creo que el espíritu de Cris Morena se me metió por la nariz.
Posta.
No sé si no qué onda.
Salí al balcón aprovechando el vientito para despedir mi última noche de casa mía sola. Salí al balcón
como si fuera Scarlett Johanshon y tuviera derecho. Me refiero a que salí al balcón en remera, culotte y saquito (por el vientito el saquito).
Vientito. Viento. Ese frescor que no sentía hacía mucho. Salí y me estiré en el piso de mi balcón, que no es muy amplio, pero alcanza.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
¿Viste cuando pensás? Parecía que pensaba como cuando es fin de año y uno piensa en todo. No estamos tan lejos de fin de año igual, pero todavía no es momento de pensar en todo. O sí, no sé.
La cuestión es que yo estaba ahí, tirada, pensando en todo, teniendo un toque de frío, pero frío bien, ese frío que decís "qué lindo frío". Y estando así tirada mirando el cielo, que no está particularmente bonito, me puse a pensar en qué bonito todo.
En realidad no, no qué bonito, sino más bien "qué bien todo". No sé muy bien a que me refiero con "qué bien todo".
Estaba así tirada, pensando, y se me ocurrió preguntarme, si tuviera una máquina del tiempo, a dónde volvería, en qué lugar me gustaría aparecer o en qué momento querría quedarme. Me puse a pensar y se me ocurrieron muchísimos momentos realmente geniales, muchísimos lugares alucinantes a los que podría llegar querer aferrarme, pero ninguno me cerraba, ninguno, incluso los que me parecían más que obvios hasta hace no mucho.
Y ahí me di cuenta de que estaba definitivamente poseída por Cris Morena.
Llegué a la conclusión de que no volvería a ningún lado, me quedaría hoy, en mi balcón, con el vientito, con el cielo que ni fu ni fa. Me quedaría (guarda con esto) con lo que tengo ahora porque esto es lo que soy, lo que fui haciendo. Me quedaría con las baldositas de mi balcón esta noche, sabiendo que eso significa que me falta cerrar muchas cosas, que no estoy ni cerca de poder empezar tantas otras y que hay otro montón de cosas que ya no van a volver. Y (sigo, eh) me quedaría con todo esto no sé por qué. Porque es mío. Porque estoy rodeada, de repente, de dramas que valen la pena ser dramatizados. Eso. Eso. Son dramas bien encaminados, que no sé cómo irán a terminar, pero que me dan ganitas de hacerlos llegar a algún lado.
Después se me ocurrieron muchísimas estupideces, cosas que exceden a lo que una le atribuiría a estar poseída por Cris. Ahí decidí entrar.
Igual la sensación no se fue (y espero que se quede un tiempitín más, porque es realmente linda).
2.4.11
5.12.10
se cayó la azucarera
Es así: hay cosas que, aunque ya sí, todavía como que no e invariablemente siguen dando piel de gallina.
Abrís los ojos y sabés que esa no es tu cama ni tu cuarto y que la luz no entra de esa manera en ninguno de tus lugares de siempre. Durante 2 segundos no entendés nada pero, a penitas pasados esos dos segundos, te abrazan, y es un abrazo que puede que no sea diferente de cualquier otro, pero lo sentís desde la nariz hasta la puntita de los pies, pasando por el ombligo.
¿Y qué si después de ese abrazo podés tomarte un café con leche y comer tostadas con manteca y dulce de leche sin pensar en ir a correr 10 kilómetros para quemar las calorías, si sentís que adentro de ese abrazo nada malo te puede pasar, si enroscada entre esos brazos escuchás cómo se hacen mierda esas paredes gigantes y pesadas que creías que iban a estar ahí, estorbándote, por mucho tiempo más, si te morís de miedo por que tus abrazos no generen la misma confianza ni la misma tranquilidad?
Bueno, cuando pasa todo eso, todo junto, cuando todo se te mezcla en una mañana de sol caminando hasta el subte o entre lágrimas que se mueren de vergüenza pero que salen igual, ahí entendés que ese abrazo no es como ningún otro, que te chupan un huevo los abrazos viejos y los que puedan estar por venir y que en ese abrazo es donde querés quedarte por un buen rato más.
9.1.10
qué cosa, che
¿Basta había dicho? Jáh, qué chistosa. Como si no hubiera sabido que cuando me preguntaras si no quiero ir a-donde-sea te iba a decir que sí y me iba a olvidar todo eso de pará, esto te hace mal, no seas gila, es enfermizo y que no me iba a importar haber tenido los ojos hinchadísimos toda una semana y que iba a quemar todas las películas que me había hecho en la cabeza.
Confío en que este revoltijo se me pase cuando me vaya todo febrero a un mundo de ríos y montañas y sierras y cielos negros estrelladísimos y caminitos que suben y bajan y doblan para cualquier lado y un "centro" que tiene cuatro cuadras y una heladería increible y un flaquito-que-ayuda-en-la-verdulería que me mira (y yo lo miro) y un cine-de-pueblo que me encanta.
¡Ah! No era que los reyes hubieran decidido no regalarme nada, no. Era que habían colgado.
CH by Carolina Herrera IS MINE! y es taaaaan rico☺
Confío en que este revoltijo se me pase cuando me vaya todo febrero a un mundo de ríos y montañas y sierras y cielos negros estrelladísimos y caminitos que suben y bajan y doblan para cualquier lado y un "centro" que tiene cuatro cuadras y una heladería increible y un flaquito-que-ayuda-en-la-verdulería que me mira (y yo lo miro) y un cine-de-pueblo que me encanta.
¡Ah! No era que los reyes hubieran decidido no regalarme nada, no. Era que habían colgado.
CH by Carolina Herrera IS MINE! y es taaaaan rico☺
3.1.10
ups
Mejor Amiga: ¿viste que sos paranoica? ¿viste que estaba todo bien?
Gabi: Más o menos. Cuando decía que me gustaba lo decía por decir. Hoy realmente caí en que me gusta.
MA: ¡Está perfecto!
G: Estaría perfecto si no tuviera que meterme en el orto esas intensísimas, putas, frenéticas y cursis cosquillas que siento en todo el maldito cuerpo cada vez que me agarra la cara y me da un beso.
Punto a parte.
La ropa interior linda te hace sentir linda. Abajo las bombachas de abuela, arriba los culottes con rayas blancas y negras.
Odio el calor.
Quiero empezar Jazz. Ya.
Gabi: Más o menos. Cuando decía que me gustaba lo decía por decir. Hoy realmente caí en que me gusta.
MA: ¡Está perfecto!
G: Estaría perfecto si no tuviera que meterme en el orto esas intensísimas, putas, frenéticas y cursis cosquillas que siento en todo el maldito cuerpo cada vez que me agarra la cara y me da un beso.
Punto a parte.
La ropa interior linda te hace sentir linda. Abajo las bombachas de abuela, arriba los culottes con rayas blancas y negras.
Odio el calor.
Quiero empezar Jazz. Ya.
19.12.09
callate, cursi! (II)
No me gusta planearte. Me gusta que seas una alteración de la rutina, un desvío en la linealidad de mi verano. El helado-de-dulce-de-leche-con-dulce-de-leche-de-verdad en el medio de la dieta. Cerrame los ojos. Haceme cosquillas. Comprame café. Rompeme los prejuicios de pendeja ingenua. Cantame una canción desafinando y cagate de risa. Preguntame estupideces. Quedate a dormir.
10.12.09
callate, cursi
Como dije, iba a escribir al respecto si tenía ganas. Ganas no tengo, pero tengo que hacer tiempo, que es como lo mismo.
Fue una noche medio rara porque no estaba en mi casa (ni en la suya). Dado que mis viejos estaban afuera, yo estuve viviendo hasta el martes a la tarde en la casa de una amiga de ellos que viene a cumplir la función de tía-soltera-que-se-la-banca. Y me dijo que no tenía problema en prestarme un rato la casa y que después volvía y se encerraba en su cuarto y desaparecía. Quedó comprobado que se la banca.
23:30. Timbre. Calcitas, remera absolutamente normal y cuidadosamente seleccionada, pelo salvaje. Holi. Hola. Sonrisas. Las preguntas de siempre, los diálogos de siempre. Blabla. ¿Querés café? Blabla. Y entonces, cuando yo estaba por proponer que nos quedáramos en el sillón o en el jardin o en la alfombra, charlando (ponele), compartiendo las boludeces de 15 días sin vernos, compartiendo no-palabras con Norah Jones de fondo, no se le ocurrió mejor idea que ver una película. Laputaqueteparió. Bueno, okey, veamos una película. Claramente mis ganas de ver una película no superaban mis ganas de que me pegaran una patada en la panza, pero me daba noséqué decirle que no.
Cuestión que terminamos eligiendo una película de animación, Mary and Max, que resultó ser muy muy linda (véanla). Durante la primera mitad la odié, sobre todo porque como me había dicho que no se iba a quedar mucho, creí que ni bien terminara se iba a ir y no iba a haber tiempo para nada más. No me podía concentrar en lo que pasaba. Estaba ahí, con él abrazandome, su boca tan cerca de la mía, ese olor tan suave y tan... nosé. Cada tanto me daba un beso en el pelo, en el cuello, me abrazaba más fuerte, me acariciaba la mano, el brazo.
Terminó la película.
¿Te quedás un ratito más?
Bueno, pero un ratito.
Y me regaló un manojo de besos. Y después, para mi sorpresa, empezó a hablar. Habló de boludeces y hablamos de boludeces. Hablamos mucho, abrazados, con el reflejo de la luz del patio.
Lo que siguió a la charla no viene al caso (dejar volar la imaginación).
Tengo grabadas sonrisas, particularmente una que se prolongó el tiempo que tardé en atarme el pelo. Era una sonrisa chiquita y dulce que no decía absolutamente nada, pero era tan qué-linda-sonrisa-que-tenés que para hacerme un rodete desprolijo tardé lo que tardan los estilistas de hollywood en hacer esos peinados arquitectónicos. Y tengo grabados sus dedos acariciándome la espalda o corriéndome los mechones de pelo de la cara y cuando me acuerdo me pasa algo que no sé bien cómo explicar, pero que se parece a que alguien estuviera dibujándome garabatos por todo el cuerpo o que me hubieran conectado una batidora eléctrica en el esófago. Algo así.
Y en mil momentos quise decirle que me sentía increíblemente cómoda, pero no se lo dije. Era obvio. O no, pero no se lo dije igual. Hubo mil silencios en los que podría haberlo susurrado, pero preferí quedarme sólo con el silencio, tenía miedo de pinchar la burbuja.
(Puaj, esta va a ser la última entrada de este estilo por mucho tiempo... espero. Me salen por los poros los adjetivos empalagoso, pegajoso, chicloso, meloso, y los odio y ni siquiera tengo novio o chongo o algo con nombre o algo. Así que seá-cá-bó).
Fue una noche medio rara porque no estaba en mi casa (ni en la suya). Dado que mis viejos estaban afuera, yo estuve viviendo hasta el martes a la tarde en la casa de una amiga de ellos que viene a cumplir la función de tía-soltera-que-se-la-banca. Y me dijo que no tenía problema en prestarme un rato la casa y que después volvía y se encerraba en su cuarto y desaparecía. Quedó comprobado que se la banca.
23:30. Timbre. Calcitas, remera absolutamente normal y cuidadosamente seleccionada, pelo salvaje. Holi. Hola. Sonrisas. Las preguntas de siempre, los diálogos de siempre. Blabla. ¿Querés café? Blabla. Y entonces, cuando yo estaba por proponer que nos quedáramos en el sillón o en el jardin o en la alfombra, charlando (ponele), compartiendo las boludeces de 15 días sin vernos, compartiendo no-palabras con Norah Jones de fondo, no se le ocurrió mejor idea que ver una película. Laputaqueteparió. Bueno, okey, veamos una película. Claramente mis ganas de ver una película no superaban mis ganas de que me pegaran una patada en la panza, pero me daba noséqué decirle que no.
Cuestión que terminamos eligiendo una película de animación, Mary and Max, que resultó ser muy muy linda (véanla). Durante la primera mitad la odié, sobre todo porque como me había dicho que no se iba a quedar mucho, creí que ni bien terminara se iba a ir y no iba a haber tiempo para nada más. No me podía concentrar en lo que pasaba. Estaba ahí, con él abrazandome, su boca tan cerca de la mía, ese olor tan suave y tan... nosé. Cada tanto me daba un beso en el pelo, en el cuello, me abrazaba más fuerte, me acariciaba la mano, el brazo.
Terminó la película.
¿Te quedás un ratito más?
Bueno, pero un ratito.
Y me regaló un manojo de besos. Y después, para mi sorpresa, empezó a hablar. Habló de boludeces y hablamos de boludeces. Hablamos mucho, abrazados, con el reflejo de la luz del patio.
Lo que siguió a la charla no viene al caso (dejar volar la imaginación).
Tengo grabadas sonrisas, particularmente una que se prolongó el tiempo que tardé en atarme el pelo. Era una sonrisa chiquita y dulce que no decía absolutamente nada, pero era tan qué-linda-sonrisa-que-tenés que para hacerme un rodete desprolijo tardé lo que tardan los estilistas de hollywood en hacer esos peinados arquitectónicos. Y tengo grabados sus dedos acariciándome la espalda o corriéndome los mechones de pelo de la cara y cuando me acuerdo me pasa algo que no sé bien cómo explicar, pero que se parece a que alguien estuviera dibujándome garabatos por todo el cuerpo o que me hubieran conectado una batidora eléctrica en el esófago. Algo así.
Y en mil momentos quise decirle que me sentía increíblemente cómoda, pero no se lo dije. Era obvio. O no, pero no se lo dije igual. Hubo mil silencios en los que podría haberlo susurrado, pero preferí quedarme sólo con el silencio, tenía miedo de pinchar la burbuja.
(Puaj, esta va a ser la última entrada de este estilo por mucho tiempo... espero. Me salen por los poros los adjetivos empalagoso, pegajoso, chicloso, meloso, y los odio y ni siquiera tengo novio o chongo o algo con nombre o algo. Así que seá-cá-bó).
9.12.09
Me di cuenta de dos cosas.
Primero, si no me controlo, me vuelvo horriblemente monotemática. Mal, muy mal.
Segundo, por más que piense y piense, por mucho que repase mentalmente frases posibles, oraciones no-ridículas para decir en determinado momento, cosas que muero por decir(le), cuando estoy con él todo se me va a la mismísima mierda. No me acuerdo, no me animo, no encuentro el momento, no quiero, muero de miedo, no quiero espantarlo o lo que sea.
Son conclusiones interesantes (ah, sí, claro) a las que llegué después de ayer (si mañana o alguno de estos días tengo ganas, escribiré al respecto).
Primero, si no me controlo, me vuelvo horriblemente monotemática. Mal, muy mal.
Segundo, por más que piense y piense, por mucho que repase mentalmente frases posibles, oraciones no-ridículas para decir en determinado momento, cosas que muero por decir(le), cuando estoy con él todo se me va a la mismísima mierda. No me acuerdo, no me animo, no encuentro el momento, no quiero, muero de miedo, no quiero espantarlo o lo que sea.
Son conclusiones interesantes (ah, sí, claro) a las que llegué después de ayer (si mañana o alguno de estos días tengo ganas, escribiré al respecto).
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