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24.12.09

the end

Bla, bla, bla. Ya sé que cada cosa que termina es el principio de otra cosa y bla, bla, bla. No me importa. Odio los finales, odio que las cosas terminen y odio estar ahí en el momento en que terminan. Odio haber terminado la secundaria y mi último día fue genial y a la vez uno de los más angustiantes de mi vida. Odio que hayan terminaod las clases de jazz, aunque el teatro haya estado buenísimo y aunque empiecen de nuevo en enero. Pero por sobre todas las cosas odio que se termine este año. Odio todos los fines de año, pero este particularmente. Hace exactamente dos años estaba preparando mis valijas para irme a Londres al día siguiente, y ahora no tiene nada que ver, pero me desagrada que haya llegado ese momento del año en el que me da piel de gallina acordarme. Odio que vaya a terminarse este año tan increible y tan lleno de cosas, odio saber que voy a estar ahí en el último segundo del 2009 y que voy a ver los fuegos artificiales que reciben al nuevito. Me gustaría irme a dormir ahora y despertarme el primero de enero, tranquila, con las sobras llenando mi heladera y ningún festejo de por medio. No quiero tener que estar en la casa de mis tíos mientras mi primo está en un avión. No quiero mirar sola los putos fuegos. No quiero estar ahí con una persona a la que quiero mucho mucho mucho mucho (abuela) pero a la que le deseo un final veloz (odio que las cosas se alarguen más de lo necesario, sobre todo la vida, la vida de otros, cuando se hace chiclosa, cargosa e invivible y sólo genera angustia y mierda alrededor). Y también odio sentirme así, me da vergüenza querer que deje de vivir (no puedo escribir la palabra, ¿tan pelotuda iba a ser?).
Y odio que mi cuarto sea una caldera burbujeante, no puede hacer tanto calor. Y puto el ventilador que tiene muchas pelusas y que no pienso encender. Odio tener que dormir con la puerta abierta para no morir ahogada.

(¡qué post horrble!)

Feliz navidad.

19.10.09

la cosa es así (II)

Me resultaba sumamente fácil y natural hablar con él. Hablabamos de cualquier gilada. Yo empecé a sentirme mejor conmigo misma, no sé por qué.
Un día nos encontramos. Él iba a comprarse ropa en un lugar cerca de mi casa y me preguntó si no quería acompañarlo. Fui. Increíblemente, fui. Esa vez no pasó nada, pero la satisfacción que sentí por haberme animado y haber podido meterme la vergüenza y el miedo en el bolsillo, fue indescriptible.
Seguimos hablando y me volvió a invitar a salir, tirando por el piso todas mis teorías superdesarrolladas que suponían que le había parecido horrible o una tarada o una pendeja o poco interesante o vacía o vulgar o aburrida o todo a la vez.
Esa segunda vez me comió la boca y desde ahí (mediados/fines de julio, aprox) hablamos casi todos los días. Las veces siguientes me invitó a desayunar, y hay pocas cosas que me gusten más que una invitación a desayunar.
Después empezamos a vernos casi todos los fines de semana y cuando yo no iba al colegio o él no iba a la facultad, también nos veíamos algunas tardes.
La cuestión es que ahora estoy así, en un´algo que no sé qué es, que es total y completamente free, sin ningún tipo de ataduras ni nada por el estilo. Nadie habla de sentimientos, es una mera colección de ratos geniales, de comodidad, de diversión, de piel. Mi experiencia se reduce a 0, así que no tengo idea si está bien o si está mal o si en realidad existe algo que esté bien o mal. No sé. Así está la cosa y, por ahora, me encanta.

la cosa es así (I)

Son las 10 de la mañana y debería salir a hacer algunos trámites antes de ir al colegio, pero todavía no tengo ganas, y no sé si será porque durante una semana no pude escribir nada en ningún lado, pero tengo los dedos desesperados por tipear. El resultado es que ahora decidí sentarme acá, mientras me tomo el café que me activa para el resto del día y escribir muy rápido para no arrepentirme (y espero que me salga cortito), sin mirar y sin respirar lo que sea que es esto que pasa o que no pasa o no sé con este sujeto de sexo masculino al cual opté por llamar J.
No lo escribí antes porque me daba mucha mucha pero mucha vergüenza decir cómo lo conocí. Lo conocí por chat. Qué horror. Incluso me da vergüenza decirlo, escribirlo, pensarlo y saberlo. No sé por qué. Supongo que asocio el chat con gente desesperada, vieja y horrible que perdió el trencito de la felicidad y se refugia en salas virtuales disfrazada de alguien más.
Lo mío fue diferente. Entré al chat una noche en la que sencillamente sentí la necesidad de hablar con alguien que no me conociera, que no supiera nada de mí, que no tuviera prejuicios, que no se diera cuenta de mis dudas ni de mis miedos ni de nada. La cuestión fue que entre todos esos nombres ridículos que aparecieron, apareció uno normal y empezamos a hablar, y hablamos y hablamos y hablamos. Lo agregué al msn y seguimos hablando y hablando y hablando.