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23.11.12

Es re loco que mi perra adore comer velas. Las ama. Las busca, las encuentra y se las devora. Y también le gustan las milanesas, así que su línea gastronómica no está demasiado definida.
Es re loco soñar con alguien con quien hace bastante no tenés contacto, pasarte buena parte del día preguntándote qué onda tu sueño y que al día siguiente ese alguien diga holi.
Es MUY loco que ya estemos en casi-diciembre. Lo que no es loco es que yo sigo siendo la misma pelotuda que se sigue sorprendiendo de que se termina el año, de que empieza otro año, de que es mitad de año o de que la semana tiene siete días. Soy como una vieja de barrio que habla del clima y del hambre en el mundo. Pero bueno, nada. Es re loco que esté por rendir dos finales y que si los apruebo terminé segundo año oficialmente y si no los apruebo es una mierda, pero ya va a haber terminado el año y voy a ir a ver a Norah, que es todo lo que me importa.
Es re loco que el único pibe con el que pensé que iba a poder chonguear un rato largo (Mr. Cortado en Jarrito), terminó siendo un stalker que me mandaba mensajes todos los días insistiendo con verme, hasta llegar a mensajes con contenido pseudo-sexual en extremo desagradables y que, no habiendo sido suficiente una contundente respuesta mía (con mayúscula y todo) con una explícita mandada al carajo, se hizo presente en mi laburo para ver qué había pasado y por qué había dejado de contestarle y, como si esto fuera poco, con el tupé para decirme "bajate la remera que se te ve el ombligo... no da *guiño guiño*".
Y siguiendo con la línea, es re loco que el pibe que me vuelve medio loca, que en realidad no, pero sí, me haya dirigido, con toda la furia, 20 palabras y dos fotocopias en toda la cursada, y que se haya ido de lo que se supone que fue la mejor fiesta del año a los 20 minutos porque "había demasiado puterío".
Es loquísimo que me esté devorando todo lo que me ponen adelante, onda aspiradora, mientras le echo la culpa al estrés, y que, aún así, la gente siga diciéndome lo flaca que estoy. Gracias chicos, es por comer tanto, dame más helado.

23.9.12

garabato

Tengo la cabeza hecha un garabato y, a pesar de eso, no puedo escribir. Me sale todo desordenado. Oraciones unimembres, ideas inconexas. Ya fue.
Una amiga me contó que haciendo preguntas en un grupo de fb de la facu un pibe la agregó y empezaron a hablar y pegaron la mejor y la invitó a salir. A mí nunca me va a pasar eso. Y yo quiero que me pase, quiero magia.
Tengo un miedo. Es un miedo puntual que me aterra y yo sé que está, pero como no se lo dije a nadie ni lo escribí en ningún lado ni lo dije en voz alta mirándome en el espejo, es como si no estuviera del todo, pero está ahí, me dice holi todas las mañanas y me persigue todo el día. Y no me animo a decirlo porque va a ser demasiado real, más real que la realidad que puedo manejar ahora.
Igual el hecho de que esté la entrada de Norah Jones mirándome en la parte de atrás de mi agenda hace del mundo un lugar mejor. Y el postrecito Ser de lemon pie también.
Y me regalaron una perrita, es una bola de pelos que rebota por todos lados y que me hace sentir cosas que no sabía que podía sentir porque cuando era chiquita los perros me daban mucho pánico y hasta hace poco no me gustaban y cuando empecé a querer uno era porque quería que terminaran de gustarme. Ella se llama Olivia y la amo. Y se duerme arriba de mi pie y tiene su cama en una caja de zapatos enorme que es como un duplex para ella. Y una soguita de muchos colores. Y un par de medias. Y me chupetea las manos cuando termino de comer chocoarroz. Y se patina cuando corre.
Y amo mi facultad y estoy enamorada de mi carrera. Tan enamorada como asustada.
El ambo sensual. Los pasajes a Londres. Pelos de Olivia por toda la casa. Películas, series. El libro. La ropa nueva. El llanto por la calle. La envidia, la sana y la otra. Los kilitos. Las canciones. Los proyectos. Que francés. Que la ayudantía. Que jazz. Que el hospital. Que el verano. Que las vacaciones. Que esto y que lo otro.
Un hombro, una almohada, un peluche, una caricia, un café. Dos.