Años luz de sabér realmente qué quiero, cómo lo quiero y a años luz de llegar a ese punto.
No está mal, porque el camino lo tengo. Creo.
Años luz de tener certezas absolutas.
Años luz de entender por qué quiero llorar.
Años luz de entender por qué no entiendo si hasta hace un par de días entendía.
Años luz de bancarme cosas que me hacían mal. Años luz emocionales, pocos meses reales. Es como la equivalencia entre nuestros años y los años de los perros, o de las mariposas.
Años luz de sentir cosas que me necrotizaban pedacitos de alma y de cerebro.
Años luz de gente con la que no quiero cruzarme nunca más, pero que a la vez espero cruzarme en 20 años, espero poder abrazar a esa gente y decir "che, tanto tiempo, ¿qué es de tu vida?".
Años luz de esconderme de lo que no estaba tan bueno sólo por el miedo a que fuera peor.
Hubo un momento donde, desde lo más profundo, creía que antes había sido más feliz. Todo tiempo pasado fue mejor.
NO. MENTIRA. Me da placer decir y creer, tan profundamente como antes, que lo que pasó es lo que fue y nada más. Estuvo buenísimo, fue una mierda, me sirvió para entender, para aprender, para relajar (un poco). Lo realmente bueno es lo que se viene. O al menos pensar que lo realmente bueno es lo que se viene. Si no, ¿para qué? ¿para qué escribiría? ¿para qué dibujaría? ¿para qué estudiaría medicina? ¿para qué sería ayudante de cátedra? ¿para qué bailaría? ¿para qué querría viajar? ¿para qué trataría de solucionar los ratos de angustia con chocolates y novio? ¿para qué me hubiera enamorado? ¿para qué, si no pensara que lo que está por venir es siempre mejor? ¿para qué me compraría ropa de fiesta a pesar de que salgo con menos frecuencia que la del 180? Porque espero que cada día sea mejor que el anterior, porque espero que este año sea mejor que el anterior y que el que viene supere todavía más a este.
Uh, re densa. Me puse re densa mal. Es que estuve comiendo un dulce de higos increíble (sin azúcar, ideal para ataques de ansiedad), pero re denso. Como yo.
Creo que acabo de ver salir por la puerta de calle al primer bajón de domingo del año.
Y ahora que se fue, puedo seguir preparando mi clase.
Sean felices, caminen mucho, coman chocolate, usen perfume para la ropa y aritos de colores. Y calzoncillos y bombachas divertidas.
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16.3.14
1.5.13
Pasa que es feriado y los feriados son como los domingos y yo amo los domingos. La gente los odia y yo los amo porque son como paréntesis. La gente los odia porque al día siguiente es lunes y porque los lunes empieza la rutina y la gente odia las rutinas. Yo amo la rutina. La mía, al menos.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
26.10.12
Estoy sobrepasada porque hoy rendí un parcial súper agotador, el último que me faltaba para regularizar bioquímica, y después fui a desayunar con las chicas y después fui a recorrer negocios onda Todo Moda por Santa Fe y después me fui al laburo. Y estoy cansada, y estresada. Y soy un caos, un desastre absoluto, tengo granitos por todos lados. No es que me quiera quejar, me repito permanentemente el montón de cosas que están más que bien, que son realmente un montón. Pero sucedió que hoy me enteré de algo que, lógicamente, no me afectó de la manera que creía que me iba a afectar cuando pensaba en enterarme. Y está buenísimo, pero me afectó de una manera que jamás imaginé que me iba a afectar.
Voy a ser goma, melosa, asquerosa, cliché, quemada, trillada, obvia. Sola. Me siento sola. De repente caí en la cuenta de lo sola que me siento. Pero ¿viste cuando sola sola? Bueno, así. No es que sienta que necesito un tipo al lado para estar bien, pero de pronto me doy cuenta de que tengo un agujero inmenso en la parte del cuerpo donde alguien me extraña, donde alguien quiere estar conmigo, donde alguien tiene ganas de hacer un recreo en su rutina para verme, donde alguien tiene ganas de hacerme reír. Un agujero inmenso donde quiero irme a dormir para pensar en alguien, donde pienso qué ponerme para salir con alguien, donde pienso qué le gustará que le cocine, donde pienso qué ir a ver al cine, donde pienso en el olor de alguien y en cómo me gusta que ese olor me abrace. No tengo olores, no tengo cines ni cocinas ni ropas, no tengo recreos en rutinas. Tengo agujeros en el cuerpo y una piedra donde debería estar eso que hace que uno sienta cosas. No siento nada, por nadie. Y siento que no me voy a enamorar nunca. Vacía. Sola. Vacía de amor. Me había olvidado de lo feo que es no querer a nadie, ni siquiera tener alguien que no me quiera para querer. El desabrazamiento absoluto.
Igual estoy bien, guarda. Estoy flaca a pesar de que como como una hija de puta, tengo mi laburo, mis materias aprobadas, mis amigas re lindas, mis planes de vacaciones, mi perra, mi ropa nueva. Estoy bien.
Pero.
Pero. La concha de la lora.
Voy a ser goma, melosa, asquerosa, cliché, quemada, trillada, obvia. Sola. Me siento sola. De repente caí en la cuenta de lo sola que me siento. Pero ¿viste cuando sola sola? Bueno, así. No es que sienta que necesito un tipo al lado para estar bien, pero de pronto me doy cuenta de que tengo un agujero inmenso en la parte del cuerpo donde alguien me extraña, donde alguien quiere estar conmigo, donde alguien tiene ganas de hacer un recreo en su rutina para verme, donde alguien tiene ganas de hacerme reír. Un agujero inmenso donde quiero irme a dormir para pensar en alguien, donde pienso qué ponerme para salir con alguien, donde pienso qué le gustará que le cocine, donde pienso qué ir a ver al cine, donde pienso en el olor de alguien y en cómo me gusta que ese olor me abrace. No tengo olores, no tengo cines ni cocinas ni ropas, no tengo recreos en rutinas. Tengo agujeros en el cuerpo y una piedra donde debería estar eso que hace que uno sienta cosas. No siento nada, por nadie. Y siento que no me voy a enamorar nunca. Vacía. Sola. Vacía de amor. Me había olvidado de lo feo que es no querer a nadie, ni siquiera tener alguien que no me quiera para querer. El desabrazamiento absoluto.
Igual estoy bien, guarda. Estoy flaca a pesar de que como como una hija de puta, tengo mi laburo, mis materias aprobadas, mis amigas re lindas, mis planes de vacaciones, mi perra, mi ropa nueva. Estoy bien.
Pero.
Pero. La concha de la lora.
8.10.12
de repente
De repente te das cuenta de que sos la protagonista de esa imagen patética que tenías en la cabeza. Not good.
De repente te encontrás hablando con tu mejor amiga abajo de un juego para chicos de un parque gigante del edificio en el que vive un amigo suyo.
De repente estás aceptando mates de un flaco que se parece mucho al chico con el que saliste cuando entraste a la secundaria y eso te lleva a pensar en el chico con el que saliste el último año de secundaria, lo cual carece absolutamente de puntos conectables, más allá del hecho de que estás recordando a dos pibes con los que saliste.
De repente estás diciendo muchas veces "yo sé que no te importa, pero..." a mucha gente. Le contás a gente que no te conoce cosas que no le importan y que, quizás, tampoco te importen mucho a vos.
De repente tenés un nivel de ansiedad que no baja ni con dos prinox y empezás a comer compulsivamente barritas de sésamo de esas que venden en las dietéticas y que vienen cortadas en cubitos.
De repente soñás cosas que no tienen sentido y querés que sean reales porque las cosas que sí tienen sentido perdieron sentido de tanto sentido que tenían.
De repente llorás.
De repente te quedás dormida.
De repente no entendés qué es lo que no entendés si es todo tan obvio.
De repente no entendés por qué estás siendo tan abstracta.
De repente te das cuenta de que este caos, que tal vez ni siquiera es un caos, pero lo es, es un mejor lugar que el de hace un año. A muchos niveles.
De repente te das cuenta de que está hirviendo el agua para el té de canela y que esos apuntes no pueden seguir esperando.
De repente te encontrás hablando con tu mejor amiga abajo de un juego para chicos de un parque gigante del edificio en el que vive un amigo suyo.
De repente estás aceptando mates de un flaco que se parece mucho al chico con el que saliste cuando entraste a la secundaria y eso te lleva a pensar en el chico con el que saliste el último año de secundaria, lo cual carece absolutamente de puntos conectables, más allá del hecho de que estás recordando a dos pibes con los que saliste.
De repente estás diciendo muchas veces "yo sé que no te importa, pero..." a mucha gente. Le contás a gente que no te conoce cosas que no le importan y que, quizás, tampoco te importen mucho a vos.
De repente tenés un nivel de ansiedad que no baja ni con dos prinox y empezás a comer compulsivamente barritas de sésamo de esas que venden en las dietéticas y que vienen cortadas en cubitos.
De repente soñás cosas que no tienen sentido y querés que sean reales porque las cosas que sí tienen sentido perdieron sentido de tanto sentido que tenían.
De repente llorás.
De repente te quedás dormida.
De repente no entendés qué es lo que no entendés si es todo tan obvio.
De repente no entendés por qué estás siendo tan abstracta.
De repente te das cuenta de que este caos, que tal vez ni siquiera es un caos, pero lo es, es un mejor lugar que el de hace un año. A muchos niveles.
De repente te das cuenta de que está hirviendo el agua para el té de canela y que esos apuntes no pueden seguir esperando.
20.5.12
quilombo porque sí
Porque sí, porque es así, cada tanto hay que enquilombarse, si no falta algo.
Igual ojo, no siempre es quilombo aproósito. No sé, en los últimos días veo cómo la gente a mi alrededor hace cosas que no pueden terminar bien bajo ningún punto de vista, y después lo cuentan y cuentan el bajón que eso implica. Es como si estuvieran buscando una excusa para volver a estar mal, o a no estar bien. No digo que yo no lo haga a veces, pero verlo de afuera tiene otro gustito. Siento que estoy viendo a la gente tirar sogas para todos lados, para ver si con alguna enganchan alguna cosa piola, alguna historia que valga la pena, y no porque en general tengan vidas que no valen la pena, sino porque de repente no sé...
A mí me pasa que de pronto tengo miedo de que así, estando cómoda y relativamente estable, se me pasen cosas, tengo cuiqui de estar salteándome algo, de dar algo por sentado. Ni siquiera sé cómo explicarlo.
Y de repente algo que nada que ver, me siento de lo más vulnerable. Justamente, como si todo esto que armé en este último medio año hubiera sido una pantalla. Pero no, no una pantalla. Es como "mirá lo fuerte que soy ahora, soy tan fuerte que si me tocás te quemás, te pinchás, que ni se te ocurra lastimarme, que ni se te ocurra acercarte", porque así parece que soy re fuerte, que si me tocás te lastimo, que si te acercás perdés vos. Y de repente me siento más a la deriva que nunca, más rompible que nunca, porque en realidad si me tocás no te lastimo, no te quemás, si me tocás y algo sale mal, la única que se rompe de nuevo soy yo.
Así me siento un poco. No del todo. Me siento mal sobre la base de que me siento bien. Estoy mal bien, y eso está bien, porque está bien estar mal de a ratos, de a días. Una semana ponele. Porque hay un montón de cosas que están bien, bien de verdad, finalmente bien. Y hay cosas que no se puede esperar que estén del todo bien, son las cosas que cambian con las horas, con los días, con el clima, son las cosas que hacen que de pronto esté metida en un quilombo mental que jamás me hubiera imaginado y que me da miedo, como todo pero como nada. No está teniendo sentido nada de lo que escribo, bah, para mí algo de sentido tiene (no mucho), pero soy consciente de lo inconexo que debe parecer todo. Intenté ordenar las cosas, hacer todo un poco menos abstracto, pero no me sale, estoy así, medio volada, esperando un cable a tierra, muerta de miedo por si el cable me tira más electricidad de la que puedo soportar, o por si tira menos, o por si no sé. Me tengo miedo a mí un poco creo.
¿No te pasa, a veces, que sentís que no te conocés?
Bueno, un poco de eso me está jodiendo la cabeza ahora. Y otro poco me está picando el corazón.
(Dije corazón).
Ay.
Igual ojo, no siempre es quilombo aproósito. No sé, en los últimos días veo cómo la gente a mi alrededor hace cosas que no pueden terminar bien bajo ningún punto de vista, y después lo cuentan y cuentan el bajón que eso implica. Es como si estuvieran buscando una excusa para volver a estar mal, o a no estar bien. No digo que yo no lo haga a veces, pero verlo de afuera tiene otro gustito. Siento que estoy viendo a la gente tirar sogas para todos lados, para ver si con alguna enganchan alguna cosa piola, alguna historia que valga la pena, y no porque en general tengan vidas que no valen la pena, sino porque de repente no sé...
A mí me pasa que de pronto tengo miedo de que así, estando cómoda y relativamente estable, se me pasen cosas, tengo cuiqui de estar salteándome algo, de dar algo por sentado. Ni siquiera sé cómo explicarlo.
Y de repente algo que nada que ver, me siento de lo más vulnerable. Justamente, como si todo esto que armé en este último medio año hubiera sido una pantalla. Pero no, no una pantalla. Es como "mirá lo fuerte que soy ahora, soy tan fuerte que si me tocás te quemás, te pinchás, que ni se te ocurra lastimarme, que ni se te ocurra acercarte", porque así parece que soy re fuerte, que si me tocás te lastimo, que si te acercás perdés vos. Y de repente me siento más a la deriva que nunca, más rompible que nunca, porque en realidad si me tocás no te lastimo, no te quemás, si me tocás y algo sale mal, la única que se rompe de nuevo soy yo.
Así me siento un poco. No del todo. Me siento mal sobre la base de que me siento bien. Estoy mal bien, y eso está bien, porque está bien estar mal de a ratos, de a días. Una semana ponele. Porque hay un montón de cosas que están bien, bien de verdad, finalmente bien. Y hay cosas que no se puede esperar que estén del todo bien, son las cosas que cambian con las horas, con los días, con el clima, son las cosas que hacen que de pronto esté metida en un quilombo mental que jamás me hubiera imaginado y que me da miedo, como todo pero como nada. No está teniendo sentido nada de lo que escribo, bah, para mí algo de sentido tiene (no mucho), pero soy consciente de lo inconexo que debe parecer todo. Intenté ordenar las cosas, hacer todo un poco menos abstracto, pero no me sale, estoy así, medio volada, esperando un cable a tierra, muerta de miedo por si el cable me tira más electricidad de la que puedo soportar, o por si tira menos, o por si no sé. Me tengo miedo a mí un poco creo.
¿No te pasa, a veces, que sentís que no te conocés?
Bueno, un poco de eso me está jodiendo la cabeza ahora. Y otro poco me está picando el corazón.
(Dije corazón).
Ay.
24.5.11
la nerd que siempre quisiste ser
Hoy noté cómo se incrementó el número de entradas de este coso desde que empecé la facultá. Es raro, porque antes de empezar creía que iba a ser al revés. Creía -y quería- que no iba a tener tiempo para nada, que iba a ser una re busy girl, que iba a tener que andar de acá para allá, que me iba a tener que acomodar los horarios del laburín haciendo equilibrio, que iba a tener un novio que me reprochara verme sólo una vez por semana, amigas a las que iba a tener que hacer malabares para ver y que iba a estar felizmente inmersa en la vida re ajetreada de estudiante universitaria con mil proyectos chiquititos para pulir todos los días. Pero no.
Curso tres veces por semana clases que me queman la cabeza (ojo, me encantan) y el resto del tiempo estoy encerrada en mi casa, estudiando (y cada vez que quiero una excusa, vengo y escribo alguna pelotudez acá, por eso tantas pelotudeces últimamente). El laburín lo tuve que dejar. Una hora y media semanal de jazz no me alcanza para relajar ni un quinto de lo que me gustaría, pero no tengo tiempo para más. Lo del novio te lo debo. A mis amigas no las veo nunca. Gracias que hablo por teléfono y mando mensajes antes de dormirme o durante teóricos aburridos. Lo de acá para allá podría ser, si consideramos acá mi casa y allá la facultad, porque no voy a ningún otro lado (salvo a los chinos a comprar manzanas). Ojo, no digo que el estrés y el malhumor permanente no tengan cierto encanto. Después de todo, me gusta estudiar las cosas que tengo que estudiar, me gusta quejarme de que tengo olor a formol hasta en el corpiño, me gusta usar guardapolvo y guantes y decir cosas como este debe ser el peróneo corto porque se está insertando en el 5to metatarsiano, me gusta poder quejarme de lo cansada que estoy y que no me digan nada porque no tengo ganas de lavar los platos, me gusta que me cocinen rico los fines de semana porque pobre, está estudiando todo el día, me gusta decir acabo de llegar de la facu.
Lo que no me gusta es estar tan monótona. No tengo de qué hablar ya. Adentro tengo una mini pimer. En realidad no es que no tengo de qué hablar, es que necesito hablar siempre de lo mismo. Giro siempre en torno a las mismas dos cosas. Todo el tiempo. Me da vergüenza incluso llamar a mi mejor amiga. Pienso que si yo fuera ella, estaría un poco cansada de mí y de mis llamados y de mis mensajes de texto.
No sé, supongo que esto pasa cuando tenés, inconscientemente, expectativas demasiado altas y te chocás con la posta, de pronto. Tenés una torrecita de yenga re linda y prolijita y venís re bien, hasta que sacás esa maderita y se te va todo a la mismísima mierda. Son cosas que pasan. Ya sé que no es terrible. Ya sé que a todos (o a muchos) les pasa, ya sé todo eso. Ya sé que va a pasar tarde o temprano (más tarde que temprano, conociéndome). Pero necesito que alguien me diga que sí, que es una mierda, que qué bajón, que no es absurdo y de chiquilina que me agarren ataques de llanto en el medio del colectivo. Que no es absurdo ni ridículo y que voy a poder hacer que esté todo bien, aunque mi jansport violeta, últimamente, esté más pesada que nunca, aunque los nudos en la espalda tengan vida propia, aunque antes de dormirme piense en el recorrido de qué nervio me van a preguntar en el examen, aunque haya engordado terriblemente, aunque las ojeras me hayan llegado a la mitad del cachete.
Curso tres veces por semana clases que me queman la cabeza (ojo, me encantan) y el resto del tiempo estoy encerrada en mi casa, estudiando (y cada vez que quiero una excusa, vengo y escribo alguna pelotudez acá, por eso tantas pelotudeces últimamente). El laburín lo tuve que dejar. Una hora y media semanal de jazz no me alcanza para relajar ni un quinto de lo que me gustaría, pero no tengo tiempo para más. Lo del novio te lo debo. A mis amigas no las veo nunca. Gracias que hablo por teléfono y mando mensajes antes de dormirme o durante teóricos aburridos. Lo de acá para allá podría ser, si consideramos acá mi casa y allá la facultad, porque no voy a ningún otro lado (salvo a los chinos a comprar manzanas). Ojo, no digo que el estrés y el malhumor permanente no tengan cierto encanto. Después de todo, me gusta estudiar las cosas que tengo que estudiar, me gusta quejarme de que tengo olor a formol hasta en el corpiño, me gusta usar guardapolvo y guantes y decir cosas como este debe ser el peróneo corto porque se está insertando en el 5to metatarsiano, me gusta poder quejarme de lo cansada que estoy y que no me digan nada porque no tengo ganas de lavar los platos, me gusta que me cocinen rico los fines de semana porque pobre, está estudiando todo el día, me gusta decir acabo de llegar de la facu.
Lo que no me gusta es estar tan monótona. No tengo de qué hablar ya. Adentro tengo una mini pimer. En realidad no es que no tengo de qué hablar, es que necesito hablar siempre de lo mismo. Giro siempre en torno a las mismas dos cosas. Todo el tiempo. Me da vergüenza incluso llamar a mi mejor amiga. Pienso que si yo fuera ella, estaría un poco cansada de mí y de mis llamados y de mis mensajes de texto.
No sé, supongo que esto pasa cuando tenés, inconscientemente, expectativas demasiado altas y te chocás con la posta, de pronto. Tenés una torrecita de yenga re linda y prolijita y venís re bien, hasta que sacás esa maderita y se te va todo a la mismísima mierda. Son cosas que pasan. Ya sé que no es terrible. Ya sé que a todos (o a muchos) les pasa, ya sé todo eso. Ya sé que va a pasar tarde o temprano (más tarde que temprano, conociéndome). Pero necesito que alguien me diga que sí, que es una mierda, que qué bajón, que no es absurdo y de chiquilina que me agarren ataques de llanto en el medio del colectivo. Que no es absurdo ni ridículo y que voy a poder hacer que esté todo bien, aunque mi jansport violeta, últimamente, esté más pesada que nunca, aunque los nudos en la espalda tengan vida propia, aunque antes de dormirme piense en el recorrido de qué nervio me van a preguntar en el examen, aunque haya engordado terriblemente, aunque las ojeras me hayan llegado a la mitad del cachete.
2.1.10
me tienen harta...
... los mosquitos y la incertidumbre.
¿Tan difícil es que si me pongo Off no se acerquen a picarme ni a zumbarme?
¿Tan difícil es, sin no tenés más ganas de verme, decírme "flaca, no quiero verte más"?
Digo, ¿no? O sea, está clarísimo que no me voy a poner a saltar en una pata, pero era algo que estaba contemplado debajo del título sin-compromisos. Es lógico que pase pero igual de lógico es que yo no quiera estar esperando sin saber qué carajo estoy esperando.
Digo, ¿no?
(pero tengo un cubrecama nuevo, rayado de todos colores que es hermoso y me encanta... y pienso en cómo me hubiera gustado estrenarlo con vos y no con los mosquitos, shit!)
¿Tan difícil es que si me pongo Off no se acerquen a picarme ni a zumbarme?
¿Tan difícil es, sin no tenés más ganas de verme, decírme "flaca, no quiero verte más"?
Digo, ¿no? O sea, está clarísimo que no me voy a poner a saltar en una pata, pero era algo que estaba contemplado debajo del título sin-compromisos. Es lógico que pase pero igual de lógico es que yo no quiera estar esperando sin saber qué carajo estoy esperando.
Digo, ¿no?
(pero tengo un cubrecama nuevo, rayado de todos colores que es hermoso y me encanta... y pienso en cómo me hubiera gustado estrenarlo con vos y no con los mosquitos, shit!)
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