Volví. Volví nueva. Con la cabeza volada pero más firme que nunca.
Volví flaca, con las papilas gustativas llenas de sabores nuevos, con la valija que explota de cosas que encontré en liquidación, con la cámara llena de fotos para compartir con mi novio y con mis amigos y con mis viejos. Con regalos que generaron un montón de sonrisas.
Volví a un abrazo súper apretujante de mi vieja, volví a la felicidad de las clases de jazz. Volví a los besos de mi novio. Volví a las charlas con mi amigas.
Volví para ponerme el ambo, agarrar el estetoscopio y empezar llena de miedo, de magia, de ganas y de dudas la mejor parte de lo que quiero hacer. Volví para encarar con una sonrisa gigante y un perfume nuevo todo lo que no conozco. Volví para aprender, para conocer, para dar clases, para descubrir y para descubrirme.
Alucinante lo que pasó.
Alucinante lo que se viene.
Chín-chín!
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10.3.14
26.2.13
"Yo sé que en el fondo sos buena, me dice (...), y le creo porque es exactamente lo que necesito escuchar en este momento". Acabo de leer eso en Rumble, que es la única novela de Maitena Burundarena, que me encanta porque tiene muchas descripciones y detalles de emociones muy violentas y viscerales y la primera hoja es toda negra.
Las buenas vibras le están quedando chicas a esta atmósfera, porque todos los jeans me quedan grandes, me hice mechas fucsias que me tapé y ahora tengo claritos y un corte genial y, aunque hace una semana estaba tirada en la playa estrenando una malla nueva, tomando sol y mate, hoy es el tipo de día en el que se juntan cosas buenas como que me anoté en jazz, cambié los horarios de la facultad y tengo exactamente los que quiero, entré en la ayudantía y de acá a un par de meses alguien me va a mandar un mail con dudas sobre una materia confiando en mis conocimientos, me compré contact para forrar mis cuadernos nuevos con pedazos de Cosmopolitan y Oh Lalá y el peluquero me regaló un paquete de garrapiñadas. Eso sumado a que me estoy dejando chamullar por dos menores, que todavía me queda un flancito Ser en la heladera y que el 6 de abril viene Regina y yo soy vip.
Paz.
Las buenas vibras le están quedando chicas a esta atmósfera, porque todos los jeans me quedan grandes, me hice mechas fucsias que me tapé y ahora tengo claritos y un corte genial y, aunque hace una semana estaba tirada en la playa estrenando una malla nueva, tomando sol y mate, hoy es el tipo de día en el que se juntan cosas buenas como que me anoté en jazz, cambié los horarios de la facultad y tengo exactamente los que quiero, entré en la ayudantía y de acá a un par de meses alguien me va a mandar un mail con dudas sobre una materia confiando en mis conocimientos, me compré contact para forrar mis cuadernos nuevos con pedazos de Cosmopolitan y Oh Lalá y el peluquero me regaló un paquete de garrapiñadas. Eso sumado a que me estoy dejando chamullar por dos menores, que todavía me queda un flancito Ser en la heladera y que el 6 de abril viene Regina y yo soy vip.
Paz.
24.12.11
redondeando
Cuando alguien habla más de la cuenta o se va por las ramas o entra a charlotear de algo que a nadie le interesa
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
12.12.11
es como que estoy poseída
Verdaderamente creo que el espíritu de Cris Morena se me metió por la nariz.
Posta.
No sé si no qué onda.
Salí al balcón aprovechando el vientito para despedir mi última noche de casa mía sola. Salí al balcón
como si fuera Scarlett Johanshon y tuviera derecho. Me refiero a que salí al balcón en remera, culotte y saquito (por el vientito el saquito).
Vientito. Viento. Ese frescor que no sentía hacía mucho. Salí y me estiré en el piso de mi balcón, que no es muy amplio, pero alcanza.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
¿Viste cuando pensás? Parecía que pensaba como cuando es fin de año y uno piensa en todo. No estamos tan lejos de fin de año igual, pero todavía no es momento de pensar en todo. O sí, no sé.
La cuestión es que yo estaba ahí, tirada, pensando en todo, teniendo un toque de frío, pero frío bien, ese frío que decís "qué lindo frío". Y estando así tirada mirando el cielo, que no está particularmente bonito, me puse a pensar en qué bonito todo.
En realidad no, no qué bonito, sino más bien "qué bien todo". No sé muy bien a que me refiero con "qué bien todo".
Estaba así tirada, pensando, y se me ocurrió preguntarme, si tuviera una máquina del tiempo, a dónde volvería, en qué lugar me gustaría aparecer o en qué momento querría quedarme. Me puse a pensar y se me ocurrieron muchísimos momentos realmente geniales, muchísimos lugares alucinantes a los que podría llegar querer aferrarme, pero ninguno me cerraba, ninguno, incluso los que me parecían más que obvios hasta hace no mucho.
Y ahí me di cuenta de que estaba definitivamente poseída por Cris Morena.
Llegué a la conclusión de que no volvería a ningún lado, me quedaría hoy, en mi balcón, con el vientito, con el cielo que ni fu ni fa. Me quedaría (guarda con esto) con lo que tengo ahora porque esto es lo que soy, lo que fui haciendo. Me quedaría con las baldositas de mi balcón esta noche, sabiendo que eso significa que me falta cerrar muchas cosas, que no estoy ni cerca de poder empezar tantas otras y que hay otro montón de cosas que ya no van a volver. Y (sigo, eh) me quedaría con todo esto no sé por qué. Porque es mío. Porque estoy rodeada, de repente, de dramas que valen la pena ser dramatizados. Eso. Eso. Son dramas bien encaminados, que no sé cómo irán a terminar, pero que me dan ganitas de hacerlos llegar a algún lado.
Después se me ocurrieron muchísimas estupideces, cosas que exceden a lo que una le atribuiría a estar poseída por Cris. Ahí decidí entrar.
Igual la sensación no se fue (y espero que se quede un tiempitín más, porque es realmente linda).
30.3.11
jfgbjfgbjbjsz
Por primera vez, después de 6 años, pisé una peluquería para algo que no fuera depilarme ni hacerme las manos. Me corté el pelo. MI pelo, larguísimo, lacio, parejo. Sigue estando larguito, pero ya no está parejo y, por lo tanto, no está lacio.
Quería empezar la facultad con algo nuevo, algo que no tuviera siempre que arranco algo nuevo. Tengo los cuadernos, la cartuchera, el morral y la ropa de siempre. Tengo las expectativas y las suposiciones. Y, por supuesto, tengo el miedo de siempre y las lágrimas de siempre.
Bueno, ahora también tengo un pelo con movimiento y ondas re sexys y mis puntas ya no son las puntas florecidas de siempre.
Medicina, agarrate.
19.8.10
combo
expresso+Black XS+rimmel+cuaderno nuevo
debería funcionar como un gran pie derecho, ¿dale que sí?
24.3.10
gua-a-au
El lunes arranqué con todo. Por suerte me tocó un 6to con gente copada y una amiga y los dos profesores son muy genios. Los horarios son cuasi-perfectos y me tiraron varias noticias geniales que fueron una especie de broche de oro del primer día.
También arranqué con inglés y con francés. Lástima que es toda gente grande, pero bueno, igual son todos súper divertidos y las dos profesoras unas divinas.
Además, como soy una nerdi, me compré mil cosas nuevas. Morral nuevo, lapiceras, cuadernos a granel y una súper calculadora y la paso bomba estrenando todas las cosas nuevas.
QUÉ genial es estar estudiando lo que yo quiero, sin historia, sin geografía, sin economía.
Orgasmo intelectual, se llama.
También arranqué con inglés y con francés. Lástima que es toda gente grande, pero bueno, igual son todos súper divertidos y las dos profesoras unas divinas.
Además, como soy una nerdi, me compré mil cosas nuevas. Morral nuevo, lapiceras, cuadernos a granel y una súper calculadora y la paso bomba estrenando todas las cosas nuevas.
QUÉ genial es estar estudiando lo que yo quiero, sin historia, sin geografía, sin economía.
Orgasmo intelectual, se llama.
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