Podría haberte buscado en infinidad de lugares, los más evidentes.
Te podría haber buscado entre los pasillos del Ateneo, en los silloncitos de un Starbucks, en la cola del cine de una película de Woody Allen, en las escaleras de la facultad, en la sala de espera de la Swisso e, incluso, podría haberte buscado entre mis canciones preferidas, esas que sé que me gustan porque la letra, porque la música, porque son como yo. Podría haberte buscado en todos los lugares donde estaba cómoda, segura, estable, sostenida por columnas de control, mapas bien delimitados, mesas de tres patas que no se caen nunca. Te podría haber encontrado viéndote desde el visor de una armadura medieval, sólo con los ojos, te podría haber envuelto en cinta aisladora y puesto sobre mi mesa de tres patas, y puede que hubieras quedado bien.
Y, sin embargo, te encontré arriba de un globo aerostático, sin buscarte, sin esperarte, sin siquiera imaginarte. Lejos de alfombras, de pasillos, de silloncitos, de apuntes, de los clásicos. Te encontré en un lugar donde no había más seguro que los globos de colores, donde los mapas no tenían sentido y se desdibujaban de a poquito, donde las mesas de tres patas de pronto empezaron a ser antiestéticas. No llegué a ponerme la armadura, me envolví en palabras de acero inoxidable que se oxidaron en el segundo en el que empezaste a hacer chistes.
Si alguien me hubiera avisado que me iba a chocar con vos, hubiera guardado todo en una valija y me hubiera escondido abajo de la cama, pero nadie me avisó.
Por suerte, nadie me avisó.
Como nadie me avisó, me encontraste desarmada de estrategias, rodeada de un blabla que era 99% cuentito y 1% verdad.
Como nadie me avisó, no tuve tiempo de volver a mi área de confort, a las canciones que conocía de la manera que las conocía, a los rincones de mi cuerpo que seguían siendo rincones y que seguían siendo sólo míos, a las mismas comidas, el mismo café, el mismo escritorio.
Nadie me dijo nada y de pronto las cosas más simples se tiñeron de colores que nadie conoce. Caminar, despertarme, bajarme de un bondi, saltear cebolla en aceite de oliva, bailar, correr.
Nadie me dijo nada y descubrí adentro mío cosas que no sabía que estaban, cosas que no sabía que podían estar.
Nadie me dijo nada y, cuando me quise dar cuenta, habías encontrado la manera de infiltrarte en todos esos lugares que estaban estérlies de mundo exterior, de miradas ajenas.
Te encontré sin buscarte en el mejor momento para encontrarte.
6 meses después, me alegro de que no te hayas ido mientras estaba en el baño.
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1.9.13
9.8.13
Encontré una magia que no buscaba. Es una magia rara, como magia-déjà-vu.
Porque una vez vino a dar una vuelta y me dejó mil cosas lindas, pero demasiados pedazos machucados.
Y entonces, sin darme cuenta, la magia salió desde abajo de los moretones, que dejaron de ser moretones sin que lo notara.
Es una magia rara porque se autoamplifica adentro, como cuando la cascada del sistema del complemento se activa por la vía clásica y, además, por la vía alterna. Así de autoamplificadora es la magia.
Viene de afuera, se anuda un poco en el pelo, en las puntas que dejaron de estar arruinadas hace muchísimo, baja por la nuca, por el cuello, cerca del lóbulo de la oreja, hace salticado por la espalda, rodea el lunar del hombro derecho, sigue por el pecho, las costillas, el ombligo, dibuja el borde del encaje, sigue por las piernas, hace un parate en las rodillas, las afloja, sigue bajando, se enrosca en los tobillos.
El tema es que cuando me quise dar cuenta, estaba escuchando Norah Jones, la luz no brillaba demasiado y me salía purpurina por la yema de los dedos. Para afuera, disparada. Plateada, verde, violeta, colorada, naranja, azul.
Es magia porque, por primera vez después de muchos granitos, contracturas y kilos innecesario, encontré el equilibrio entre estar relajada, hacer las cosas bien y no sentirme culpable.
Es magia porque la mochila no pesa tanto y, cuando pesa, de pronto no parece tan difícil ponerle rueditas para que pese menos.
Es magia porque me brotaron de las pestañas mapas que no conocía, puntos de partida que ni me imaginaba, historias de las que no me quería acordar porque me daban miedo y que ahora parecen piojitos.
Es magia porque sí. Porque no importa por qué, no importa cómo, no importa cuándo. Es magia por el simple hecho de ser magia. Porque el helado, el café, las mañanas, las botas, la ropa, las coreografías, las canciones, el perfume, miedos nuevos (mejores, menos infantiles, más coherentes).
Porque una vez vino a dar una vuelta y me dejó mil cosas lindas, pero demasiados pedazos machucados.
Y entonces, sin darme cuenta, la magia salió desde abajo de los moretones, que dejaron de ser moretones sin que lo notara.
Es una magia rara porque se autoamplifica adentro, como cuando la cascada del sistema del complemento se activa por la vía clásica y, además, por la vía alterna. Así de autoamplificadora es la magia.
Viene de afuera, se anuda un poco en el pelo, en las puntas que dejaron de estar arruinadas hace muchísimo, baja por la nuca, por el cuello, cerca del lóbulo de la oreja, hace salticado por la espalda, rodea el lunar del hombro derecho, sigue por el pecho, las costillas, el ombligo, dibuja el borde del encaje, sigue por las piernas, hace un parate en las rodillas, las afloja, sigue bajando, se enrosca en los tobillos.
El tema es que cuando me quise dar cuenta, estaba escuchando Norah Jones, la luz no brillaba demasiado y me salía purpurina por la yema de los dedos. Para afuera, disparada. Plateada, verde, violeta, colorada, naranja, azul.
Es magia porque, por primera vez después de muchos granitos, contracturas y kilos innecesario, encontré el equilibrio entre estar relajada, hacer las cosas bien y no sentirme culpable.
Es magia porque la mochila no pesa tanto y, cuando pesa, de pronto no parece tan difícil ponerle rueditas para que pese menos.
Es magia porque me brotaron de las pestañas mapas que no conocía, puntos de partida que ni me imaginaba, historias de las que no me quería acordar porque me daban miedo y que ahora parecen piojitos.
Es magia porque sí. Porque no importa por qué, no importa cómo, no importa cuándo. Es magia por el simple hecho de ser magia. Porque el helado, el café, las mañanas, las botas, la ropa, las coreografías, las canciones, el perfume, miedos nuevos (mejores, menos infantiles, más coherentes).
23.6.13
Abrazame que te abrazo.
Boludeame y te doy un beso.
Comprame un frasco de café para tu alacena.
Dame la mano en la calle.
Esperame cuando salgo de jazz.
Felicitame cuando me saco un 9.
Garabateame la panza con tus manos.
Hasta mañana.
Imaginate el año que viene. Imaginate.
Jugá con mi pelo y con mis dedos.
"Kogan, te extraño", decime, porque me decís mi apellido para hacerlo más intenso.
Llamame mientras bajoneás un Big Mac a las 6 de la mañana, porque yo estoy estudiando.
Mostrame tus diseños, la cancha, la camiseta, mirame la sonrisa.
Ni se te ocurra dudar.
Ñañañaña.
Olvidate de la hora.
Planeá un fin de semana lleno de fiaca.
Quedate.
Rompeme la armadura.
Sentate y escuchame leer.
Tranquilizame.
Un minuto y nos llenamos de magia.
Vení a buscarme, vamos a comer asado.
W.
X.
Ya estamos enredados.
Zarpamos y ni nos vimos, porque nos estamos viendo.
Boludeame y te doy un beso.
Comprame un frasco de café para tu alacena.
Dame la mano en la calle.
Esperame cuando salgo de jazz.
Felicitame cuando me saco un 9.
Garabateame la panza con tus manos.
Hasta mañana.
Imaginate el año que viene. Imaginate.
Jugá con mi pelo y con mis dedos.
"Kogan, te extraño", decime, porque me decís mi apellido para hacerlo más intenso.
Llamame mientras bajoneás un Big Mac a las 6 de la mañana, porque yo estoy estudiando.
Mostrame tus diseños, la cancha, la camiseta, mirame la sonrisa.
Ni se te ocurra dudar.
Ñañañaña.
Olvidate de la hora.
Planeá un fin de semana lleno de fiaca.
Quedate.
Rompeme la armadura.
Sentate y escuchame leer.
Tranquilizame.
Un minuto y nos llenamos de magia.
Vení a buscarme, vamos a comer asado.
W.
X.
Ya estamos enredados.
Zarpamos y ni nos vimos, porque nos estamos viendo.
18.6.13
Te estás dando cuenta de que sos una tarada, ¿no?
Ajá, sí, efectivamente.
Te diste cuenta de que hay cosas que no sabés qué son, porque no son esas cosas que conocías, aunque vos pensaras, como buena papafrita que sos, que iban a ser siempre iguales. Ni siquiera tienen el mismo nombre, no tenés cómo describirlas más allá de algunos datos concretos. Por ejemplo, el hecho de que no sólo encontraste el contorno del perfil de tu cara en el cuello de alguien, sino que ahora, además, ves que tu cuello también encaja con una perfección cuasi geométrica con el perfil de la cara de alguien. O el hecho de que la sola presencia te haga sentir que va a estar todo bien, o por lo menos menos enredado o un poquito más fácil. O el hecho de que se note de afuera. El hecho de que sea normal. El hecho de que mi perra se hace pis de la alegria. El hecho de que, guau, la pucha, ¿en serio? finalmente, tengo un nombre, uno de estos que yo quería.
Ajá, sí, efectivamente.
Te diste cuenta de que hay cosas que no sabés qué son, porque no son esas cosas que conocías, aunque vos pensaras, como buena papafrita que sos, que iban a ser siempre iguales. Ni siquiera tienen el mismo nombre, no tenés cómo describirlas más allá de algunos datos concretos. Por ejemplo, el hecho de que no sólo encontraste el contorno del perfil de tu cara en el cuello de alguien, sino que ahora, además, ves que tu cuello también encaja con una perfección cuasi geométrica con el perfil de la cara de alguien. O el hecho de que la sola presencia te haga sentir que va a estar todo bien, o por lo menos menos enredado o un poquito más fácil. O el hecho de que se note de afuera. El hecho de que sea normal. El hecho de que mi perra se hace pis de la alegria. El hecho de que, guau, la pucha, ¿en serio? finalmente, tengo un nombre, uno de estos que yo quería.
17.5.13
congelame la imagen
20:30. La cabeza no te da más, decidiste dejar de estudiar. No tenés hambre suficiente como para ir a buscar comidita, no tenés ganas de moverte.
Te ponés las medias gruesitas, buzo y campera, pantalón de piyama.
Suena John Mayer. Agarrás ese best seller que te tiene atrapadísima.
Te servías un vaso de Clight de pera. Pensás en ese te quiero que dejaste flotando la noche anterior.
Pensás en los cambios que van por la vida haciéndote acordar que se vienen.
Pero es buenísimo, porque no tenés que hacer nada, porque el día terminó pero falta muchísimo para que empiece el día siguiente.
Te ponés las medias gruesitas, buzo y campera, pantalón de piyama.
Suena John Mayer. Agarrás ese best seller que te tiene atrapadísima.
Te servías un vaso de Clight de pera. Pensás en ese te quiero que dejaste flotando la noche anterior.
Pensás en los cambios que van por la vida haciéndote acordar que se vienen.
Pero es buenísimo, porque no tenés que hacer nada, porque el día terminó pero falta muchísimo para que empiece el día siguiente.
1.5.13
Pasa que es feriado y los feriados son como los domingos y yo amo los domingos. La gente los odia y yo los amo porque son como paréntesis. La gente los odia porque al día siguiente es lunes y porque los lunes empieza la rutina y la gente odia las rutinas. Yo amo la rutina. La mía, al menos.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
Pasa también que estamos en época de cambios, oh sí (igual, ¿cuándo no?). Pasa que tengo la cabeza llena de colores, porque todo lo que pienso se divide en un color diferente según el tópico (hola sí, tengo un problema con la organización, las estructuras y los post it). En naranja pienso que este año no hubo saludos de cumpleaños incómodos, desubicados, ni de ida ni de vuelta, y tampoco los va a haber. En verde pienso que la distancia no hace nada malo si no tiene una base de cosas malas previas. Pienso que me cambiaron todos los paradigmas que tenía sobre la gente que me rodea, que las relaciones que valen la pena se sostienen aunque sea poniéndose al día por teléfono, aunque sea compartiendo un desayuno de a tres en el medio de las rutinas en el bar que hace 7 años se convirtió en "el bar de siempre", o una picada vegetariana un domingo a la noche. Pienso que los planteos perdieron sentido hace mucho. En azul pienso que ya no me molesta acordarme seguido de vos, porque estoy convencida de que sos un recuerdo que está buenísimo como recuerdo. Pienso que no hay cartas ni saludos, ni despedidas ni duelos ni llegadas inesperadas ni culpas ni nada de nada, porque así es como realmente tiene que ser. En rojo pienso que dejar algo no necesariamente implica no ser lo suficientemente buena, sobre todo si ese algo no es definitorio sobre eso en lo que me importa ser buena. Pienso que soy lo bastante estructurada como para darme el lujo de romper, de vez en cuando, con los ángulos rectos y las líneas paralelas. En violeta pienso en que, absolutamente fuera de mi control, se me pone la piel de gallina cuando me llegan mensajes que jamás pensé que iban a tener ese efecto. Pienso que alguien se encargó de despedazar una buena parte de mis prejuicios, barrerlos con una escobita y tirarlos al mar. Pienso que el hecho de estar saliendo con un pibe más chico se compensa con el hecho de que tenga una espalda grande que hace que sus abrazos sean una cápsula del tiempo y una voz tan vital que hace que hablar por teléfono no sea incómodo. Pienso que tengo ganas de soltarme el pelo para alguien, de ponerme perfume, de reírme, de caminar por la calle de la mano, de cocinar, de leerle párrafos del libro de parasitología y que no entienda nada, de ver un partido. Pienso en lo genial que es que alguien quiera ser parte de mi vida, que quiera ir a buscarme a la facu para ir a almorzar o a jazz para que no vuelva sola por un pasaje turbio, que les hable de mí a sus amigos y a su abuela, que adore a mi perra (y que mi perra lo adore a él). Pienso en lo genial que es que se preocupe por que yo no me contracture cuando quedo arriba y que me cambie, que tenga fuerza para alzarme y que me diga no pesás nada, flaquita, que se haya acostumbrado a mis ojeras permanentes, a mis horarios psicóticos, a los no puedo, tengo que estudiar, que me regale Butter Toffies. En amarillo pienso que hay demasiadas cosas para solucionar, que no puedo sola (pero que no está mal no poder sola con todo) y que, por suerte, esta vez, no estoy sola. Pienso que no poder perder la rigidez cuando bailo no es casual, pienso que las comparaciones no sirven y no las puedo evitar, pienso que no veo la hora de volver a terapia.
Siento que, seguramente, hice algo bien.
14.4.13
Llegué a la conclusión de que replantearse cosas gasta mucha energía, más energía que planteárselas. Es así: plantearte cosas es como ir a un lugar. Ahora, replantearte implica volver desde donde estás, pero mirando para todos lados, súper atenta, para no perderte ningún detallecito. Una vez que llegaste al punto de partida (ahí estás gastando energía para no deprimirte porque, oh por dios, estás de nuevo en el punto de partida), tenés que volver a mirar el mapita que usaste para ir la primera vez y mecharlo con los datos que fuiste recolectando cuando volviste. Hacés un collage. Ahí gastás un montón de energía también. El collage es un mapa nuevo, lo tenés que volver a mirar, entenderlo, decidir si este collage va a ser realmente mejor que el mapa original. Seguís gastando. Ahora ya salís de nuevo, pero ojo, no salís así como así, porque ahora que estás volviendo a salir, tenés que prestar el triple (o el cuádruple) de atención para ver que realmente haber vuelto y armado otro collage valió la pena y entonces ahora estás yendo pero por un camino distinto. Una paja todo. Sería mejor tirarse a dormir (porque hace dos semanas que no duermo más de 5 horas seguidas, clap). O comer mucho helado y ahogar la mente en calorías, azúcar y dulce de leche granizado.
30.3.13
La increíble genial sensación de poder volver a decir estoy saliendo con alguien.
Decidir si me dejo llevar o si me mantengo firme un tiempo más.
Qué le cuento y qué no.
¿Es muy rápido?
Volver a casa sonriendo.
Estar relajada.
Contarles a mis amigos cosas nuevas.
Reírme. Mucho.
Hacer comparaciones y que empiece a ganar el equipo nuevo.
Soy tan minita que no lo puedo contener. Hago tratos conmigo misma que claramente se me van al carajo porque soy una debilucha que se le regala a cualquiera que la invite con medio kilo de helado de dulce de leche tentación (ese que tiene dulce de leche de verdad) y que hace que algunas canciones parezcan como reinventadas. Soy tan minita que con sentir que no tengo que hacer nada para gustarle, estoy hecha, Porque no tengo que hacer nada. Soy muy minita, caprichosa, insegura, mandona, camionera, vergonzosa, lentita y adicta a las películas de animación. Y le gusto así.
Decidir si me dejo llevar o si me mantengo firme un tiempo más.
Qué le cuento y qué no.
¿Es muy rápido?
Volver a casa sonriendo.
Estar relajada.
Contarles a mis amigos cosas nuevas.
Reírme. Mucho.
Hacer comparaciones y que empiece a ganar el equipo nuevo.
Soy tan minita que no lo puedo contener. Hago tratos conmigo misma que claramente se me van al carajo porque soy una debilucha que se le regala a cualquiera que la invite con medio kilo de helado de dulce de leche tentación (ese que tiene dulce de leche de verdad) y que hace que algunas canciones parezcan como reinventadas. Soy tan minita que con sentir que no tengo que hacer nada para gustarle, estoy hecha, Porque no tengo que hacer nada. Soy muy minita, caprichosa, insegura, mandona, camionera, vergonzosa, lentita y adicta a las películas de animación. Y le gusto así.
20.3.13
Hace sueño y un poco de frío, está bastante bueno eso.
Tengo que terminar de leer patología metabólica, lo sé, el tema es que los acontecimientos de la última semana me pusieron bipolar, más de lo que estaba antes, ponele. O sea, si lo pensamos objetivamente es todo normal, pero para una gila como yo, que no está acostumbrada a que haya muchos cambios seguidos, esto es como una montaña rusa 14 veces seguidas, con acontecimientos standard mezclados en una multiprocesadora de esas enormes. Montaña rusa Y multiprocesadora: es too much. Es como mis zapatitos de jazz nuevos y hermosos que hacen que yo gire re linda, como un trompo en una montaña rusa, y eso no tenía nada que ver con nada, pero desde que me los compré saco el tema en todas las conversaciones porque estoy re contenta por haberme comprado zapatitos tan lindos.
Tengo que terminar de leer patología metabólica, lo sé, el tema es que los acontecimientos de la última semana me pusieron bipolar, más de lo que estaba antes, ponele. O sea, si lo pensamos objetivamente es todo normal, pero para una gila como yo, que no está acostumbrada a que haya muchos cambios seguidos, esto es como una montaña rusa 14 veces seguidas, con acontecimientos standard mezclados en una multiprocesadora de esas enormes. Montaña rusa Y multiprocesadora: es too much. Es como mis zapatitos de jazz nuevos y hermosos que hacen que yo gire re linda, como un trompo en una montaña rusa, y eso no tenía nada que ver con nada, pero desde que me los compré saco el tema en todas las conversaciones porque estoy re contenta por haberme comprado zapatitos tan lindos.
16.3.13
so yesterday
No tener ganas de salir.
Estar gorda.
Estudiar estresada.
Estresarme con estrés del feo.
Pensar de más.
Perder la cabeza a cambio de un gesto.
Pensar a muy largo plazo.
Seguir leyendo un libro que no me gusta.
Seguir guardando cosas muy viejas.
No usar aritos "demasiado escandalosos".
Todo eso es soooooooo yesterday.
Estar gorda.
Estudiar estresada.
Estresarme con estrés del feo.
Pensar de más.
Perder la cabeza a cambio de un gesto.
Pensar a muy largo plazo.
Seguir leyendo un libro que no me gusta.
Seguir guardando cosas muy viejas.
No usar aritos "demasiado escandalosos".
Todo eso es soooooooo yesterday.
30.1.13
Tengo angustia oral porque ahora soy una desempleada.
Hoy fue mi último día. No lo voy a extrañar, pero lo voy a extrañar.
Los voy a extrañar a ellos, a las rutinas, a los chistes. Hay otras miles de cosas que no.
Muchísimas cosas, la mayoría, que no voy a extrañar.
Pero tengo angustia oral porque se terminó, después de un año y trillones de cosas.
Estoy más que feliz pero más que asustada. LA que se viene, LA. Pero o sea, LA. Tremendo.
Genial, pero tremendo. Y tengo angustia oral. Y me voy a cenar afuera y seguro me bajo la panera. Ahora que estoy flaca y todo me queda (grande) lindo y la gente elogia mi delgadez como nunca en la vida.
Y estoy flaca y me voy a las montañas y después a la playa. Voy a estar flaca y bronceada. Pero sin plata.
Pero flaca y bronceada y feliz. Mi año va a ser increíble.
Tengo angustia oral. Quiero comer. Igual hoy no voy a engordar.
Hoy fue mi último día. No lo voy a extrañar, pero lo voy a extrañar.
Los voy a extrañar a ellos, a las rutinas, a los chistes. Hay otras miles de cosas que no.
Muchísimas cosas, la mayoría, que no voy a extrañar.
Pero tengo angustia oral porque se terminó, después de un año y trillones de cosas.
Estoy más que feliz pero más que asustada. LA que se viene, LA. Pero o sea, LA. Tremendo.
Genial, pero tremendo. Y tengo angustia oral. Y me voy a cenar afuera y seguro me bajo la panera. Ahora que estoy flaca y todo me queda (grande) lindo y la gente elogia mi delgadez como nunca en la vida.
Y estoy flaca y me voy a las montañas y después a la playa. Voy a estar flaca y bronceada. Pero sin plata.
Pero flaca y bronceada y feliz. Mi año va a ser increíble.
Tengo angustia oral. Quiero comer. Igual hoy no voy a engordar.
19.1.13
Había toda una montaña re grande de monotonía, frustración y negatividad mezclada con lo otro que era bueno y medio que lo opacaba. Pero ¿qué pasó? Me intoxiqué. Gastroenterocolitis. Una cosa divina. Todo lo malo se fue. Posta, todo. Incluso dos kilitos y medio que me dejaron diosa mal. Quedé flaca y limpita. Relajada. Expectante. Con ganas. Hoy tenía ganas de que me invitaran a tomar algo, pero en vez de eso vino una amiga y me llevó a comer un tostado de jamón y queso con un té y a dar vueltas por la plaza y a planear nuestras vacaciones a destiempo y nuestro año colmado de clases alucinantes. Y de pronto dejé de necesitar cosas que pensé que necesitaba pero que, evidentemente, no necesito. Y hay películas hermosas y muchos capítulos de series y mis clases de localizado y mi ropa de playa y la película de Darín y Calu el lunes. Y un celular nuevo que llega en poquito tiempo. Y no sé. Más té. La intoxicación me hizo más amiga del té. El té me da paz. El hecho de tomar té me da más paz que el hecho de tomar café.
Sonrisas. Como las galletitas, pero mejor.
Sonrisas. Como las galletitas, pero mejor.
8.10.12
de repente
De repente te das cuenta de que sos la protagonista de esa imagen patética que tenías en la cabeza. Not good.
De repente te encontrás hablando con tu mejor amiga abajo de un juego para chicos de un parque gigante del edificio en el que vive un amigo suyo.
De repente estás aceptando mates de un flaco que se parece mucho al chico con el que saliste cuando entraste a la secundaria y eso te lleva a pensar en el chico con el que saliste el último año de secundaria, lo cual carece absolutamente de puntos conectables, más allá del hecho de que estás recordando a dos pibes con los que saliste.
De repente estás diciendo muchas veces "yo sé que no te importa, pero..." a mucha gente. Le contás a gente que no te conoce cosas que no le importan y que, quizás, tampoco te importen mucho a vos.
De repente tenés un nivel de ansiedad que no baja ni con dos prinox y empezás a comer compulsivamente barritas de sésamo de esas que venden en las dietéticas y que vienen cortadas en cubitos.
De repente soñás cosas que no tienen sentido y querés que sean reales porque las cosas que sí tienen sentido perdieron sentido de tanto sentido que tenían.
De repente llorás.
De repente te quedás dormida.
De repente no entendés qué es lo que no entendés si es todo tan obvio.
De repente no entendés por qué estás siendo tan abstracta.
De repente te das cuenta de que este caos, que tal vez ni siquiera es un caos, pero lo es, es un mejor lugar que el de hace un año. A muchos niveles.
De repente te das cuenta de que está hirviendo el agua para el té de canela y que esos apuntes no pueden seguir esperando.
De repente te encontrás hablando con tu mejor amiga abajo de un juego para chicos de un parque gigante del edificio en el que vive un amigo suyo.
De repente estás aceptando mates de un flaco que se parece mucho al chico con el que saliste cuando entraste a la secundaria y eso te lleva a pensar en el chico con el que saliste el último año de secundaria, lo cual carece absolutamente de puntos conectables, más allá del hecho de que estás recordando a dos pibes con los que saliste.
De repente estás diciendo muchas veces "yo sé que no te importa, pero..." a mucha gente. Le contás a gente que no te conoce cosas que no le importan y que, quizás, tampoco te importen mucho a vos.
De repente tenés un nivel de ansiedad que no baja ni con dos prinox y empezás a comer compulsivamente barritas de sésamo de esas que venden en las dietéticas y que vienen cortadas en cubitos.
De repente soñás cosas que no tienen sentido y querés que sean reales porque las cosas que sí tienen sentido perdieron sentido de tanto sentido que tenían.
De repente llorás.
De repente te quedás dormida.
De repente no entendés qué es lo que no entendés si es todo tan obvio.
De repente no entendés por qué estás siendo tan abstracta.
De repente te das cuenta de que este caos, que tal vez ni siquiera es un caos, pero lo es, es un mejor lugar que el de hace un año. A muchos niveles.
De repente te das cuenta de que está hirviendo el agua para el té de canela y que esos apuntes no pueden seguir esperando.
23.9.12
garabato
Tengo la cabeza hecha un garabato y, a pesar de eso, no puedo escribir. Me sale todo desordenado. Oraciones unimembres, ideas inconexas. Ya fue.
Una amiga me contó que haciendo preguntas en un grupo de fb de la facu un pibe la agregó y empezaron a hablar y pegaron la mejor y la invitó a salir. A mí nunca me va a pasar eso. Y yo quiero que me pase, quiero magia.
Tengo un miedo. Es un miedo puntual que me aterra y yo sé que está, pero como no se lo dije a nadie ni lo escribí en ningún lado ni lo dije en voz alta mirándome en el espejo, es como si no estuviera del todo, pero está ahí, me dice holi todas las mañanas y me persigue todo el día. Y no me animo a decirlo porque va a ser demasiado real, más real que la realidad que puedo manejar ahora.
Igual el hecho de que esté la entrada de Norah Jones mirándome en la parte de atrás de mi agenda hace del mundo un lugar mejor. Y el postrecito Ser de lemon pie también.
Y me regalaron una perrita, es una bola de pelos que rebota por todos lados y que me hace sentir cosas que no sabía que podía sentir porque cuando era chiquita los perros me daban mucho pánico y hasta hace poco no me gustaban y cuando empecé a querer uno era porque quería que terminaran de gustarme. Ella se llama Olivia y la amo. Y se duerme arriba de mi pie y tiene su cama en una caja de zapatos enorme que es como un duplex para ella. Y una soguita de muchos colores. Y un par de medias. Y me chupetea las manos cuando termino de comer chocoarroz. Y se patina cuando corre.
Y amo mi facultad y estoy enamorada de mi carrera. Tan enamorada como asustada.
El ambo sensual. Los pasajes a Londres. Pelos de Olivia por toda la casa. Películas, series. El libro. La ropa nueva. El llanto por la calle. La envidia, la sana y la otra. Los kilitos. Las canciones. Los proyectos. Que francés. Que la ayudantía. Que jazz. Que el hospital. Que el verano. Que las vacaciones. Que esto y que lo otro.
Un hombro, una almohada, un peluche, una caricia, un café. Dos.
Una amiga me contó que haciendo preguntas en un grupo de fb de la facu un pibe la agregó y empezaron a hablar y pegaron la mejor y la invitó a salir. A mí nunca me va a pasar eso. Y yo quiero que me pase, quiero magia.
Tengo un miedo. Es un miedo puntual que me aterra y yo sé que está, pero como no se lo dije a nadie ni lo escribí en ningún lado ni lo dije en voz alta mirándome en el espejo, es como si no estuviera del todo, pero está ahí, me dice holi todas las mañanas y me persigue todo el día. Y no me animo a decirlo porque va a ser demasiado real, más real que la realidad que puedo manejar ahora.
Igual el hecho de que esté la entrada de Norah Jones mirándome en la parte de atrás de mi agenda hace del mundo un lugar mejor. Y el postrecito Ser de lemon pie también.
Y me regalaron una perrita, es una bola de pelos que rebota por todos lados y que me hace sentir cosas que no sabía que podía sentir porque cuando era chiquita los perros me daban mucho pánico y hasta hace poco no me gustaban y cuando empecé a querer uno era porque quería que terminaran de gustarme. Ella se llama Olivia y la amo. Y se duerme arriba de mi pie y tiene su cama en una caja de zapatos enorme que es como un duplex para ella. Y una soguita de muchos colores. Y un par de medias. Y me chupetea las manos cuando termino de comer chocoarroz. Y se patina cuando corre.
Y amo mi facultad y estoy enamorada de mi carrera. Tan enamorada como asustada.
El ambo sensual. Los pasajes a Londres. Pelos de Olivia por toda la casa. Películas, series. El libro. La ropa nueva. El llanto por la calle. La envidia, la sana y la otra. Los kilitos. Las canciones. Los proyectos. Que francés. Que la ayudantía. Que jazz. Que el hospital. Que el verano. Que las vacaciones. Que esto y que lo otro.
Un hombro, una almohada, un peluche, una caricia, un café. Dos.
28.8.12
agosto y chau
Chau y agosto porque agosto se termina junto con esta semana. Y no es que haya pasado particularmente rápido porque, al fin y al cabo, todas las cosas "pasaron rápido" cuando las mirás después de que pasaron, aunque no hayan pasado particularmente rápido, como agosto. Por alguna razón es raro que se pase agosto. Hace ya como 4 años que en agosto siempre pasan cosas concretas que resaltan con resaltador fucsia agosto. Este agosto no fue nada concreto, pero se ve que agosto se acostumbró a ser especial, no soporta no tener algo. Esta vez me tiró variedades de sensaciones que ya conocía y que en este mes se me metieron por el ombligo y me dieron vuelta enterita. Por ejemplo: libertad. No es que no me sintiera libre antes, sino que si me sentía libre o no no era algo que me planteara. Ahora de repente sí, y no es que me lo planteo, es que se me aparece. Se me apareció la primera vez yendo en bondi a la facu, en el reflejo de la ventanilla mientras escuchaba un tema de Norah Jones o de Alicia Keys o de alguna de esas bonitas.
La libertad incrustada en la rutina.
Purpurina.
Como comer helado de dulce de leche con dulce de leche de verdad y no engordar (mucho). O sea, hacer lo que te hace feliz y ver que te sale todo (relativamente) bien. O sea, elegir (casi) todo lo que te llena, cortarlo con una linda tijera, hacer un buen collage y que ese collage sea tu rutina. Que tu rutina sea tuya y que te haga feliz. Tener la libertad de elegir cómo estar bien y estar yendo a algún lado (donde puede que seas más feliz áun), todo a la vez. Y darte el lujo de llorar algunos días porque sí o por algo, y saber que igual al día siguiente el café y el delineador todo lo solucionan. Y si no el camino musicalizado hasta la facu. Y si no la facu, de ahí no pasa. Y eso también: que el bajón, cualquiera, no pase las puertas de la facu (ya no). Ver que, de a poco, vas haciendo tu pocito en el almohadón gigante que es la facu, después de tanto suponer que estabas colgada de una palmera. La libertad de encontrarte y potenciarte mientras dejás de amoldarte a las cosas para empezar a obligar a las cosas a amoldarse a vos. La libertad de poder hacer todo eso a carcajadas, sacándote fotos sobre tacos de lo más sensuales.
La libertad incrustada en la rutina.
Purpurina.
Como comer helado de dulce de leche con dulce de leche de verdad y no engordar (mucho). O sea, hacer lo que te hace feliz y ver que te sale todo (relativamente) bien. O sea, elegir (casi) todo lo que te llena, cortarlo con una linda tijera, hacer un buen collage y que ese collage sea tu rutina. Que tu rutina sea tuya y que te haga feliz. Tener la libertad de elegir cómo estar bien y estar yendo a algún lado (donde puede que seas más feliz áun), todo a la vez. Y darte el lujo de llorar algunos días porque sí o por algo, y saber que igual al día siguiente el café y el delineador todo lo solucionan. Y si no el camino musicalizado hasta la facu. Y si no la facu, de ahí no pasa. Y eso también: que el bajón, cualquiera, no pase las puertas de la facu (ya no). Ver que, de a poco, vas haciendo tu pocito en el almohadón gigante que es la facu, después de tanto suponer que estabas colgada de una palmera. La libertad de encontrarte y potenciarte mientras dejás de amoldarte a las cosas para empezar a obligar a las cosas a amoldarse a vos. La libertad de poder hacer todo eso a carcajadas, sacándote fotos sobre tacos de lo más sensuales.
21.6.12
tkb
Yo pensé que era una gran mentira de la gente demasiado positiva, pero no. O sí y de repente, sin darme cuenta, yo entré en la categoría de gente demasiado positivo. Cuestión que era una gran mentira eso de que si te mentalizás las cosas funcionan. Hasta que dejó de ser mentira, no sé muy bien cuándo. Si estoy determinada a tener un buen día, va a ser un buen día, ¿entendés? Y es. Ponele, ayer estuve estudiando todo el día y se me quemó la cabeza, pero a la noche me pinté las uñas con mi mejor amiga y comí un plato re grande de fideos con manteca y mucho queso, bailamos y cantamos laura no está, laura se fue, menea para mí y la colorada, pegamos en mi pared un vinilo divino que me compré en la feria de puro diseño y el chico que le gusta la invitó a encontrarse en el bondi hoy a la mañana para ir juntos a la facu. Hoy me enteré de que el pibe que me gusta es un pirata mal que, encima, está en una etapa de descoque poco sano. Imaginate. Y me enteré mientras él lo charlaba con otro chico, a las 9 de la mañana, después de saludarme a mí. Y después me lo confirmaron. Mi amiga del laburo se sentía muy mal y la mandamos a la guardia, con lo cual me quedé sola gran parte de la tarde, con mucho para hacer y las manos muy sucias. Y ¿sabés qué? Estuve así :) todo el día, incluso con el fantasma del parcial que tengo el 4 dándome vueltas y diciéndome ¡bu! todo el tiempo. Creo que es posible que sea una persona positiva, de pronto.
Y creo que también es posible que, de alguna manera, esté más flaca. Guau.
Y creo que también es posible que, de alguna manera, esté más flaca. Guau.
5.4.12
yo te cuento
Resulta que estoy re cansada y me re iría dormir ya porque logré pseudocancelar planes, pero ¿qué pasa? Tengo la pancita llena y no me puedo ir a dormir todavía, entonces ¿qué hago? Además de escuchar canciones muy bonitas, miro las cosas que escribí en abril del año pasado, y no puedo evitar hacer varias comparaciones
2 de abril 2011:
Tengo un montón de esto.
Hoy: por suerte, ya no queda nada de eso.
3 de abril 2011:
Y no sé cómo buscar en internet un lugar copado, chiquito y tranqui para festejar mi cumpleaños. Aplausos para mí, por favor
Hoy: vienen los chicos a casa. O salgo. No es un problema. Quiero que lleguen mis 20 y quiero disfrutarlos.
5 de abril 2011:
Cuando decidís que eso no es importante, que con una leída superficial alcanza, y pasás de la parte más aburrida de los apuntes a esa otra parte que morías por leer.
14 de abril 2011:
No puedo. No quiero. No sé.
18 de anril 2011:
Que cumplir años me da exactamente lo mismo.
19 de abril 2011: no comments, pobre de mí. Hoy: creeeeeo que soy otra mina.
20 de abril 2011:
Hoy, mientras me explicaban la diferencia entre tejido conectivo colágeno laxo y tejido conectivo colágeno denso, me di cuenta de que estaba en primer año de medicina. EN PRIMER AÑO DE MEDICINA, ¡¿TE DAS CUENTA?! Porque yo me di cuenta hoy.
Hoy: estoy en segundo año de medicina y, por primera vez en muchísimo tiempo, siento que éste, y no otro, es el lugar en donde tengo que estar.
29 de abril 2011:
Tengo tantas cosas para decirte y tanto miedo de que nunca las sepas.
Hoy: ya no hay tales cosas, ya no hay tales miedos, ya no hay segundas personas.
Nada, delirios, ponele, pero cuando se acerca mi cumpleaños, igual que cuando se acerca fin de año, pintan las reflexiones. Y además hace fiaca, hace vientito lindo, hacen canciones lindas, que sé yo, la vida chicos, la vida.
2 de abril 2011:
Tengo un montón de esto.
Cuando quieras, es todo tuyo.
Todo.
Cuando quieras. Hoy: por suerte, ya no queda nada de eso.
3 de abril 2011:
Y no sé cómo buscar en internet un lugar copado, chiquito y tranqui para festejar mi cumpleaños. Aplausos para mí, por favor
Hoy: vienen los chicos a casa. O salgo. No es un problema. Quiero que lleguen mis 20 y quiero disfrutarlos.
5 de abril 2011:
Cuando decidís que eso no es importante, que con una leída superficial alcanza, y pasás de la parte más aburrida de los apuntes a esa otra parte que morías por leer.
Entonces decís "ahora sí estamos hablando".
Te hacés otro café con leche, ponés música y entrás a resaltar.
Hoy: me encanta todo lo que estoy leyendo de las dos materias que estoy cursando.
9 de abril 2011:
Quiero decirte que te extraño.
Porfi.
Hoy: nop.
No puedo. No quiero. No sé.
Quiero dormir, despertarme y volver a dormirme. Y despertarme sin los ojos hinchados, sin nudos en la garganta, sin náuseas, con ganas, sobre tacos de Paruolo.
Hoy: quiero dormir del sueño que me dan todas estas cosas piolas, los ojos hinchados son por haberme levantado para ir a mi clase de localizado a pesar de haber salido la noche anterior, no hay tal cosa como nudos en la garganta o náuseas. Los tacos de Paruolo te los debo... pero Viamo también funciona.18 de anril 2011:
Que cumplir años me da exactamente lo mismo.
Sólo quiero los regalos. Y que se pase rápido.
Y que tu mensaje no me llegue 8 horas después.
Hoy: quiero regalos, claro, pero también quiero todo lo demás del cumpleaños. Y no tengo mensajes que me preocupen en particular.19 de abril 2011: no comments, pobre de mí. Hoy: creeeeeo que soy otra mina.
20 de abril 2011:
Hoy, mientras me explicaban la diferencia entre tejido conectivo colágeno laxo y tejido conectivo colágeno denso, me di cuenta de que estaba en primer año de medicina. EN PRIMER AÑO DE MEDICINA, ¡¿TE DAS CUENTA?! Porque yo me di cuenta hoy.
Hoy: estoy en segundo año de medicina y, por primera vez en muchísimo tiempo, siento que éste, y no otro, es el lugar en donde tengo que estar.
29 de abril 2011:
Tengo tantas cosas para decirte y tanto miedo de que nunca las sepas.
Hoy: ya no hay tales cosas, ya no hay tales miedos, ya no hay segundas personas.
Nada, delirios, ponele, pero cuando se acerca mi cumpleaños, igual que cuando se acerca fin de año, pintan las reflexiones. Y además hace fiaca, hace vientito lindo, hacen canciones lindas, que sé yo, la vida chicos, la vida.
24.12.11
redondeando
Cuando alguien habla más de la cuenta o se va por las ramas o entra a charlotear de algo que a nadie le interesa
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
12.12.11
es como que estoy poseída
Verdaderamente creo que el espíritu de Cris Morena se me metió por la nariz.
Posta.
No sé si no qué onda.
Salí al balcón aprovechando el vientito para despedir mi última noche de casa mía sola. Salí al balcón
como si fuera Scarlett Johanshon y tuviera derecho. Me refiero a que salí al balcón en remera, culotte y saquito (por el vientito el saquito).
Vientito. Viento. Ese frescor que no sentía hacía mucho. Salí y me estiré en el piso de mi balcón, que no es muy amplio, pero alcanza.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
Salí y no sé. Empecé a pensar.
¿Viste cuando pensás? Parecía que pensaba como cuando es fin de año y uno piensa en todo. No estamos tan lejos de fin de año igual, pero todavía no es momento de pensar en todo. O sí, no sé.
La cuestión es que yo estaba ahí, tirada, pensando en todo, teniendo un toque de frío, pero frío bien, ese frío que decís "qué lindo frío". Y estando así tirada mirando el cielo, que no está particularmente bonito, me puse a pensar en qué bonito todo.
En realidad no, no qué bonito, sino más bien "qué bien todo". No sé muy bien a que me refiero con "qué bien todo".
Estaba así tirada, pensando, y se me ocurrió preguntarme, si tuviera una máquina del tiempo, a dónde volvería, en qué lugar me gustaría aparecer o en qué momento querría quedarme. Me puse a pensar y se me ocurrieron muchísimos momentos realmente geniales, muchísimos lugares alucinantes a los que podría llegar querer aferrarme, pero ninguno me cerraba, ninguno, incluso los que me parecían más que obvios hasta hace no mucho.
Y ahí me di cuenta de que estaba definitivamente poseída por Cris Morena.
Llegué a la conclusión de que no volvería a ningún lado, me quedaría hoy, en mi balcón, con el vientito, con el cielo que ni fu ni fa. Me quedaría (guarda con esto) con lo que tengo ahora porque esto es lo que soy, lo que fui haciendo. Me quedaría con las baldositas de mi balcón esta noche, sabiendo que eso significa que me falta cerrar muchas cosas, que no estoy ni cerca de poder empezar tantas otras y que hay otro montón de cosas que ya no van a volver. Y (sigo, eh) me quedaría con todo esto no sé por qué. Porque es mío. Porque estoy rodeada, de repente, de dramas que valen la pena ser dramatizados. Eso. Eso. Son dramas bien encaminados, que no sé cómo irán a terminar, pero que me dan ganitas de hacerlos llegar a algún lado.
Después se me ocurrieron muchísimas estupideces, cosas que exceden a lo que una le atribuiría a estar poseída por Cris. Ahí decidí entrar.
Igual la sensación no se fue (y espero que se quede un tiempitín más, porque es realmente linda).
16.10.11
tengo
No sé qué tengo en realidad, pero se siente como si de pronto pudiera tener muchas cosas.
En principio, reemplacé un alfajor bon o bon triple por un chocoarroz (en un sentido estrictamente metafórico, porque creo que hay pocas cosas que me den más asco que el bon o bon y jamás podría comer algo que tuviera las palabras bon o bon y triple en el nombre). Así que ahora tengo chocoarroz (sigue siendo metafórico, yo como manzanas).
La histeria de llanto y estrés y mal humor alrededor de los parciales desapareció y les dio lugar a los granitos (muchos, muy jodidos, muy molestos), pero creo que los prefiero (aunque me está dando vergüenza salir con remera sin mangas).
Ayer estuve un buen rato de la noche haciéndole ojitos al flaco de la caja del bar donde fuimos a tomar algo (y él me devolvía algunos, tampoco tan banana me iba a volver como para hacerle ojitos al aire). Soy un cliché, qué divina.
Tengo una listita de cosas para hacer en el verano.
Tengo café en mi frasco de café expresso.
Básicamente (y finalmente), después de mucho tiempo (demasiado), tengo ganas.
Holi :)
En principio, reemplacé un alfajor bon o bon triple por un chocoarroz (en un sentido estrictamente metafórico, porque creo que hay pocas cosas que me den más asco que el bon o bon y jamás podría comer algo que tuviera las palabras bon o bon y triple en el nombre). Así que ahora tengo chocoarroz (sigue siendo metafórico, yo como manzanas).
La histeria de llanto y estrés y mal humor alrededor de los parciales desapareció y les dio lugar a los granitos (muchos, muy jodidos, muy molestos), pero creo que los prefiero (aunque me está dando vergüenza salir con remera sin mangas).
Ayer estuve un buen rato de la noche haciéndole ojitos al flaco de la caja del bar donde fuimos a tomar algo (y él me devolvía algunos, tampoco tan banana me iba a volver como para hacerle ojitos al aire). Soy un cliché, qué divina.
Tengo una listita de cosas para hacer en el verano.
Tengo café en mi frasco de café expresso.
Básicamente (y finalmente), después de mucho tiempo (demasiado), tengo ganas.
Holi :)
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