Tengo un montón de cosas sobre las que podría escribir, pero si me pongo a pensar mejor, no podría escribir nada sobre ninguna de todas esas cosas. Y eso está buenísimo porque, esta vez, no poder escribir significa que está todo tan pero tan pero tan tan claro que no hay vuelta que darle, es así, punto. Está todo tan increíblemente a la vista, es todo tan poco confuso que no vale la pena hacer otra cosa que no sea respirar esa claridad. Hacía bastante que los puntitos no estaban tan bien puestos sobre las íes. Palabras lindas o palabras feas, da igual, las íes con sus puntitos, asombrosamente limpio de dudas. No digo que las dudas sean malas, pero cada tanto es genial que desaparezcan.
Ayer fue navidad, me estrené un vestidito hermoso para cenar con mi mejor amiga comida cocinada por mí y subir a la terraza a hablar de idioteces hasta que llegaran los otros 3. Cuando empezó a llover, salimos al balcón muy despeinadas y, teniendo clarísimo lo ridículas que debíamos parecer vistas por los que estaban adentro, cerramos los ojos, nos soltamos el pelo y nos sonreímos mientras atrapábamos todo el viento y la lluvia con los brazos estirados. Eso. Estar ahí, teniendo frío de verano, entre el cielo muy rosa y la certeza de eso que va a estar pase lo que pase. Después entramos empapadas, comimos torta helada, tomamos gancia helado y jugamos a la podrida hasta que se hizo de día. Y hoy nos levantamos a la 1 y desayunamos durante 3 horas mirando Home alone y Las chicas superpoderosas.
Y como estoy tan así no puedo escribir.
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25.12.12
24.12.11
redondeando
Cuando alguien habla más de la cuenta o se va por las ramas o entra a charlotear de algo que a nadie le interesa
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
o cuando, por fin, después de mucho blabla alguien que venía hablando se acerca a la conclusión del
asunto, mi mejor amiga hace un gestito con la manos en el aire que quiere decir eso: redondeando.
Falta una semana para que termine el año pero
a) mi año terminó el lunes, cuando aprobé anatomía, y
b) con lo colgada que estoy últimamente, seguro no escribo nada antes de fin de año y me da cosita.
Entonces vengo ahora.
Hasta hace unas semanas pensaba que iba a tener flor de balance para hacer. Y de hecho sí, lo tengo, pero no voy a hacerlo. Al menos no acá, no ahora. Creo que necesito terminar de procesar el 2011 antes de balancearlo, sobre todos los últimos dos meses. Y, además de todo, mis viejos se fueron de viaje al norte y me trajeron de Jujuy un cuaderno divino, y él va a ser el único destinatario de mi apreciación del año.
Básicamente mi cabeza es un quilombo, y para que no se sienta sola, mi corazón la acompaña en el quilombo también. Igual está bien, es un desorden de cosas diferentes a las que estuvieron desordenadas durante el año, es un recambio de desórdenes, es un empezar el 2012 con cositas nuevas para acomodar (y, como siempre, la genial agenda de Maitena para arrancar, esta vez sin el miedo a las hojas en blanco).
Creo que la única conclusión, así, con gestito de manos de redondeando, es que no fue un mal año (como vengo diciendo desde mayo), no fue el peor año de mi vida (cosa que también vengo afirmando desde mayo) y no fue un año destructivo (cosa que vengo gritando entre insultos desde mayo). Fue, básicamente, un año intenso. Pero digo, INTENSO (y mirá cómo lo puse, con negrita, cursiva, mayúscula (ojo con eso) y letras de colores, o sea, va en serio). Y así como fue de intenso, así fue de ¿útil? ¿productivo? No sé, algo así.
Estoy un toque orgullosa de mí por haber llegado así de diosa a la última semana de diciembre.
Y cuando digo así de diosa me refiero al sentido más goma de la palabra diosa: desbordada de amor de amigos, habiendo despedido a todos esos kilitos forros que tenía instaladísimos, con el primer año de medicina archivado y firmadito en la libreta, con vistas a un laburo como la gente, con una muestra de jazz que salió alucinante y con unas ganas de seguir diosa que no te cuento.
2.1.11
colgada, quemada, tarada
Así volví. Y no sé.
Fue el mejor año nuevo en mucho tiempo, porque claramente una no puede esperar menos de un fin de año con dos amigas en la playa brindando con cuharitas de helado.
Y fueron vacaciones de lo más geniales. Y es todo genial. Y no sé.
Creo que a este blog le llegó la hora de descansar un tiempito.
O no, capaz mañana me arrepiento.
Pero no sé.
Feliz 2011 para mí. Y para mi agenda nueva de Maitena que me voy a llenar.
Chauchis.
30.12.09
¿tan típica ibas a ser?
Y bueno, qué le vamos a hacer.
La cosa es que hasta hace un ratito pensaba en poner acá mi montoncito-de-cosas-2009, pero cambié de idea. Mi montoncito está reposando cómodamente en los renglones de mi diario y ahí se va a quedar. Igual, sin especificar los porqués, digo que este fue un año de puta madre, intenso como pocos, repleto de cambios de todos los tamaños, colores y sabores, que lo disfruté enormemente y que lo hice mío y lo usé hasta desgastarlo. De todas las miles de cosas que (me) pasaron este año, solo dos fueron chotas, y ni siquiera del todo, por lo que el balance en mi diario quedó jodidamente positivo.
Chauchi, 2009. Te guardo en una latita de té de Londres.
Holi, 2010. Te recibo con un diario nuevo que forré con dos hojas de revista y quedó genial y con una agenda de Maitena que está buenísima. Con semejante recibimiento, más te conviene que seas copado. Se me ocurren varias cosas, pero no voy a pedirte nada en particular, sólo voy a relajarme y a sonreir y voy a hacer chinchín cuando corresponda. Voy a subir a la terraza y voy a quedarme hasta que se acaben los fuegos artificiales y voy a esperarte re bien predispuesta, sin más pretenciones que que no seas conchudito, que te pongas media pila y saques de tu valija muchas cosas buenas, geniales, nuevas, inesperadas, planeadas, soñadas, inventadas...
La cosa es que hasta hace un ratito pensaba en poner acá mi montoncito-de-cosas-2009, pero cambié de idea. Mi montoncito está reposando cómodamente en los renglones de mi diario y ahí se va a quedar. Igual, sin especificar los porqués, digo que este fue un año de puta madre, intenso como pocos, repleto de cambios de todos los tamaños, colores y sabores, que lo disfruté enormemente y que lo hice mío y lo usé hasta desgastarlo. De todas las miles de cosas que (me) pasaron este año, solo dos fueron chotas, y ni siquiera del todo, por lo que el balance en mi diario quedó jodidamente positivo.
Chauchi, 2009. Te guardo en una latita de té de Londres.
Holi, 2010. Te recibo con un diario nuevo que forré con dos hojas de revista y quedó genial y con una agenda de Maitena que está buenísima. Con semejante recibimiento, más te conviene que seas copado. Se me ocurren varias cosas, pero no voy a pedirte nada en particular, sólo voy a relajarme y a sonreir y voy a hacer chinchín cuando corresponda. Voy a subir a la terraza y voy a quedarme hasta que se acaben los fuegos artificiales y voy a esperarte re bien predispuesta, sin más pretenciones que que no seas conchudito, que te pongas media pila y saques de tu valija muchas cosas buenas, geniales, nuevas, inesperadas, planeadas, soñadas, inventadas...
25.12.09
No fue tan terrible. Incluso fue lindo. Al mediodía J me acompañó a vender libros usados y después fuimos a tomar café y después a un parque a un parque y jugamos a embocar piedritas en un tacho de basura. Después me acompañó a mi casa. Un rato más tarde llegó Mejor Amiga, así que la presencia de mi abuela no se me hizo tan insoportable.
La comida fue jodidamente rica pero casi la vomito porque tuve varios ataques de risa como hacía ya un tiempo no tenía. A la hora mágica fuimos con Mejor Amiga a la terraza a mirar los fuegos y nos quedamos hablando hasta alguna hora en que empezamos a congelarnos y decidimos bajar y continuar con la charla y mis ataques de risa en mi cuarto hasta un ratito antes de que amaneciera. Después creo que nos quedamos dormidas en el medio de un diálogo.
Cuanod me desperté hoy a la mañana, descubrí con alegría que mi viejo había llevado a mi abuela a su casa. Mejor Amiga se fue y yo disfruté de mi café, de la novela que empecé hace unos días y de la sorpresa de encontrarme con que mi panza no parecía haber registrado que ayer comí como una cerdita y no presentaba ninguna redondez excesiva.
Chinchín.
La comida fue jodidamente rica pero casi la vomito porque tuve varios ataques de risa como hacía ya un tiempo no tenía. A la hora mágica fuimos con Mejor Amiga a la terraza a mirar los fuegos y nos quedamos hablando hasta alguna hora en que empezamos a congelarnos y decidimos bajar y continuar con la charla y mis ataques de risa en mi cuarto hasta un ratito antes de que amaneciera. Después creo que nos quedamos dormidas en el medio de un diálogo.
Cuanod me desperté hoy a la mañana, descubrí con alegría que mi viejo había llevado a mi abuela a su casa. Mejor Amiga se fue y yo disfruté de mi café, de la novela que empecé hace unos días y de la sorpresa de encontrarme con que mi panza no parecía haber registrado que ayer comí como una cerdita y no presentaba ninguna redondez excesiva.
Chinchín.
24.12.09
the end
Bla, bla, bla. Ya sé que cada cosa que termina es el principio de otra cosa y bla, bla, bla. No me importa. Odio los finales, odio que las cosas terminen y odio estar ahí en el momento en que terminan. Odio haber terminado la secundaria y mi último día fue genial y a la vez uno de los más angustiantes de mi vida. Odio que hayan terminaod las clases de jazz, aunque el teatro haya estado buenísimo y aunque empiecen de nuevo en enero. Pero por sobre todas las cosas odio que se termine este año. Odio todos los fines de año, pero este particularmente. Hace exactamente dos años estaba preparando mis valijas para irme a Londres al día siguiente, y ahora no tiene nada que ver, pero me desagrada que haya llegado ese momento del año en el que me da piel de gallina acordarme. Odio que vaya a terminarse este año tan increible y tan lleno de cosas, odio saber que voy a estar ahí en el último segundo del 2009 y que voy a ver los fuegos artificiales que reciben al nuevito. Me gustaría irme a dormir ahora y despertarme el primero de enero, tranquila, con las sobras llenando mi heladera y ningún festejo de por medio. No quiero tener que estar en la casa de mis tíos mientras mi primo está en un avión. No quiero mirar sola los putos fuegos. No quiero estar ahí con una persona a la que quiero mucho mucho mucho mucho (abuela) pero a la que le deseo un final veloz (odio que las cosas se alarguen más de lo necesario, sobre todo la vida, la vida de otros, cuando se hace chiclosa, cargosa e invivible y sólo genera angustia y mierda alrededor). Y también odio sentirme así, me da vergüenza querer que deje de vivir (no puedo escribir la palabra, ¿tan pelotuda iba a ser?).
Y odio que mi cuarto sea una caldera burbujeante, no puede hacer tanto calor. Y puto el ventilador que tiene muchas pelusas y que no pienso encender. Odio tener que dormir con la puerta abierta para no morir ahogada.
(¡qué post horrble!)
Feliz navidad.
Y odio que mi cuarto sea una caldera burbujeante, no puede hacer tanto calor. Y puto el ventilador que tiene muchas pelusas y que no pienso encender. Odio tener que dormir con la puerta abierta para no morir ahogada.
(¡qué post horrble!)
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